martes, 6 de enero de 2015

RECUEILLEMENT DE SOCRATE Sur l'âme, source et principe d'existence/ Gilles Guigues




RECUEILLEMENT DE SOCRATE Sur l'âme, source et principe d'existence 

Gilles Guigues

Paris, Éditions L’Harmattan 
Collection « Ouverture philosophique » 

http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=45147 

http://www.librairieharmattan.com/listeliv.php?RECHERCHE=simple&LIVREANCIEN=2&MOTS=guigues%20gilles 


PHILOSOPHIE : ISBN : 978-2-343-04651-8 • 1 décembre 2014 • 208 pages 
Prix éditeur : 21 € 19,95 € 


Dans sa prison, condamné à mort, Socrate se coupe de toute préoccupation terrestre pour se concentrer sur la vie de l’esprit. Sans faiblir devant la venue de la mort ni se défaire de son exigence morale, il révèle, dans le dialogue avec ses fidèles, sa force d’âme. Une vie, il s’est préparé à l’issue fatale, s’appliquant à purifier l’idée de la mort par la pensée en elle-même, cherchant une forme de sérénité dans ce compagnonnage. Aussi la conçoit-il comme une nécessité inévitable qu’il faut aborder par la raison, sans la redouter ni même s’élever contre son injustice. Mais il est également porté par un élan spirituel qui repose sur la croyance dans l’éternité de l’âme, une belle espérance : mener une existence future auprès des dieux, ces maîtres sages et bons. Lorsqu’il livre ainsi son cœur, Socrate veut rassurer les siens, les consoler de sa disparition. Surtout, en révélant ce qui guide son esprit de la façon la plus digne qui soit, il solidifie ses principes. S’il se montre plein de piété, il reste ce maître à penser, soucieux avant tout de connaître la nature de la vertu pour mieux en parler et la donner en exemple jusqu’à la fin. 


Arriba: Año Nuevo 2015 en Londres, capital del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Dios como posibilidad buena: La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)



Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 aniversario

 Dios como posibilidad buena
 La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)

Carlos Pairetti
Universidad del Rosario


Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal



Este trabajo de investigación intenta ensayar ciertas respuestas a la crítica que Neldo Candelero efectúa al contenido esencial del pensamiento filosófico-religioso de dos autores posmodernos como lo son: Gianni Vattimo y Richard Rorty, respectivamente. Por razones de índole metodológica, circunscribiré mi análisis a aquellos conceptos pertenecientes al pensamiento de Vattimo sobre los que recae parte de la crítica de Candelero, como por ejemplo: la noción de Dios como cosa en-si, el problema de lo religioso, la cuestión vinculada a la aproximación entre historia de la salvación e historia de la interpretación, y, finalmente, la interpretación ético-política de la kénosis y de la caridad.

El desarrollo de la investigación constará de dos momentos, a saber: en primer lugar, bajo el título Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal, intentaré mostrar que, si bien para Vattimo, Dios no es algo reductible a formulaciones teológicas-dogmáticas de ascendencia metafísica como las construidas por la doctrina de la Iglesia católica, sin embargo, todavía es posible continuar hablando de Dios y de su trascendencia, pero en un sentido negativo, como aquello que se muestra de espaldas mientras que se sustrae. A partir de esta concepción de Dios como trascendencia horizontal, discutiré las objeciones de Candelero dirigidas al problema de la posibilidad de la experiencia mística, dado que, según el autor, con el Dios de Vattimo es posible tener una experiencia de lo religioso, pero no mística.  

En segundo lugar, en función del título La interpretación ético-política de la kénosis, avanzaré un paso adelante respecto del primer momento de la reflexión, subrayaré la incidencia incuestionable que tiene la Escritura en lo concerniente a la configuración de la cultura occidental, ante lo que cabe interrogarse: ¿por qué no podemos dejar de llamarnos cristianos? Tomando nota de esta influencia, abordaré la compleja relación que existe entre historia de la salvación e historia de la interpretación, mostrando que, deslindar una de otra, se torna una empresa verdaderamente problemática. Y, como consecuencia de lo anterior, en este contexto, procuraré esclarecer lo que señala Vattimo sobre la caridad entendida como límite de la interpretación, una vez que, hermenéuticamente hablando, se hace difícil ─por no decir imposible ─ establecer la diferencia entre cosas en-sí  y cosas para nosotros, o, lo que es igual, distinguir hechos de interpretaciones, en virtud del debilitamiento del cristianismo obrado en la kénosis.

Mi intención en esta primera parte de la investigación es enfrentarme a las principales afirmaciones de Neldo Candelero sobre la concepción de Dios, la esencia de lo religioso y lo místico, efectuadas a lo largo de su crítica a la concepción del cristianismo débil-hermenéutico propuesta por Gianni Vattimo. Para tal fin, intentaré elucidar en oposición a la postura de Candelero, el sentido y alcance de la defensa que hace Vattimo de la noción Dios como “Posibilidad buena”. Esta manera de concebir a Dios se engarza de modo directo con los resultados de la puesta en juego de la enunciación nietzscheana: “No existen hechos, sólo interpretaciones”, que, prima face, no pareciera dejar subsistir la realidad de Dios como algo ahí fuera ─para decirlo con una expresión acuñada por Rorty. No obstante, y como lo intentaré demostrar, se puede continuar hablando de Dios a condición de que éste sea despojado de los caracteres fuertes que le asigna la teología metafísica.



Candelero parte, apoyándose en Von Balthasar y otros, de una aseveración que es algo así como una conditio sine qua non para la concepción de todo fenómeno que se precie de religioso, a saber: es explícito y definitorio en la tradición cristiana que un Dios habló primero, que la divinidad en el cristianismo no es un constructo del hombre, que Dios habla, llama primero, elige y convoca, habla a Moisés, a María, a Saulo.[1]Luego, centrándose en las indicaciones de Vattimo acerca de Dios, señala que éste es en-palabra, es decir, conocido y cognoscible únicamente a través de la Biblia y, a este respecto, nuestro autor objeta, haciendo uso de la atinada observación de Tersteegen, que: “un Dios que concebimos no es dios”. Finalmente, destaca que el dios de Vattimo es toda una alteridad, pero en formato de obra, en-palabra, un dios para ser leído, pero no un dios parlante. Diríamos, siguiendo la línea de interpretación de Candelero, que con el dios de Vattimo se puede tener una experiencia de lo religioso ─sustentada, fundamentalmente, en la palabra humana, en la interpretación humana─, algo que dista mucho, claro está, de una experiencia mística al modo en que la tuvo Santa Teresa y otros tantos místicos.

En atención a las indicaciones críticas de Candelero, intentaré a modo de ensayo realizar ciertas aclaraciones acerca de la concepción que Vattimo tiene de Dios, de tal manera que ─hablando metafóricamente─ se evite arrojar el agua de la bañera con el niño dentro. Con arreglo a lo apuntado es oportuno elucidar lo siguiente: el hecho de que Vattimo no adscriba a tomar nota de las afirmaciones teológicas-descriptivas de ascendencia metafísica acerca de la naturaleza íntima de Dios, de ello no se sigue que la trascendente realidad divina sea puesta en juego, sea anulada por completo. Veamos lo que dice el autor al respecto:

“Resisto a la idea de hacer una teología si sólo pienso que la teología sea un discurso descriptivo riguroso. (…) Aquello que al fin me lleva a resistir es la idea de una teología descriptiva que diga: Dios es así y así”.[2]

Por tanto, en este orden de cosas, si cabe hablar de Dios, sólo pareciera posible a través de una teología negativa, y ello, porque como señala el filósofo italiano: “Lo característico de la divinidad es aquello de no permanecer, aquello de mostrarse sólo de espaldas mientras se sustrae, aquello de ser constitutivamente algo que se deshace, que se abaja”.[3] Ahora bien, si se presta atención a esta afirmación, se pueden diferenciar dos niveles en la concepción de Dios, propuesta por Vattimo: de un lado, es toda una alteridad, pero, del otro, es un Dios kenótico, aquel al cual hace referencia la epístola paulina a los Filipenses en Flp. 2, 6-7. De lo que se trata entonces, no es tanto del hecho de pensar la trascendencia de Dios en sentido vertical, porque de ese modo, a juicio de Vattimo, todavía estaríamos tomándolo demasiado descriptivamente, sino, antes bien, pensarla en sentido horizontal.[4] La cuestión viene a ser la siguiente: si Dios es aquello que nosotros mismos no somos, pero que no obstante tiene una relación con nosotros por medio de una llamada: ¿cómo puede relacionarse con lo humano si habita otro plano de la realidad? A esta pregunta Vattimo responde afirmando que Dios no está en ninguna parte y agrega que Jesús es el Reino de Dios en medio de nosotros haciendo referencia a la cita de Mt. 18, 20: “Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. El autor reconoce que esta posición es peligrosamente panteística e inmanentística, pero advierte que sólo como contrapunto de una trascendencia de tipo objetivante, dado que jamás se podría equiparar ─salvo a través de posiciones objetivantes metafísicas─ la inmanentización de Dios con el mundo.[5]De lo anterior se desprende que la trascendencia de Dios no es negada, antes bien, Vattimo la somete a una torsión o distorsión (verwindung), es decir, se reapropia de ella para redefinirla con pretensiones antimetafísicas, con la finalidad de sortear las dificultades que acarrea la proposición de dos órdenes diferentes de realidad, con vistas a la comunicación entre lo divino y lo humano, entendiéndola como plano de salvación que se contrapone a los puros eventos, o que le concede a éstos un punto de vista diverso. “Pero ‘diverso’ no quiere decir que sea colocado ‘en alto’ o en otro lugar”[6]. En todo caso la trascendencia se asocia con la posibilidad futura, con una posibilidad positiva, buena. En esta línea de interpretación, Dios es, a juicio de Vattimo, la posibilidad buena del hombre. Escuchemos como lo expresa el autor, reconociendo, también en este caso, que su propuesta no es muy sofisticada, pero una vez más, su intención es mantener una línea de coherencia con lo que viene sosteniendo acerca de Dios, aún a riesgo de reducirlo a una mera prolongación de lo humano:

“Dios es la posibilidad buena del hombre. ¿Pero, de otra parte, esta posibilidad buena, que me debe parecer suficientemente diversa del orden existente para ser una posibilidad alternativa, de dónde la extraigo? (…) En ciertos aspectos de mi pasado (del cual forma parte la Escritura) que se distinguen de otros, los que no representan una posibilidad buena, como por ejemplo, los campos de exterminio. (…) En suma, existe un componente escatológico en la dimensión ontológica de nuestra existencia, una proyectualidad, la cual viene de afuera en la medida en que no se identifica con el dato existente, no obstante, debe ser excavada dentro de lo transmitido”[7].

Tal vez esta manera de hablar de Dios como “posibilidad buena” suene escandalosa, fundamentalmente, cuando se la asocia con el acto de excavar en una experiencia pasada, en lo transmitido. Pero ¿qué es el la tradición judeo-cristiana sino un rememorar constante la intervención de Dios en la historia de la humanidad? El hecho es que, todo lo que la historia pasada nos cuenta acerca del accionar de Dios se identifica con un evento en torno al cual cabe decidir, siempre a posteriori, sobre qué base se ha de aceptar o rechazar lo acaecido, teniendo en cuenta que aquello nos alcanza como un mensaje transmitido que nos interpela y ante el cual hemos de dar una respuesta responsable, dado que, a su vez, también interpelará la existencia de aquellos que nos sucederán en el tiempo y la de nuestros contemporáneos.

Como puede notarse, entonces, en función de lo señalado hasta el momento, la pretensión de Vattimo no pareciera reducir la realidad divina a un puro resultado de la inteligencia humana, sino que, antes bien, consiste en permitirle a esa alteridad que nos trascienda, al tiempo que nos permita trascendernos como humanidad en la dirección de una posibilidad buena. Pero una posibilidad buena, si quiere ser tal, tiene que ser susceptible de ser descifrada a partir de una responsable interpretación vivida al interior de la comunidad cristiana, y no algo que ha de verse, exclusivamente, bajo la luz de los tratados de teología dogmática y de la enseñanza doctrinal de la Iglesia, en virtud de las cuales todo aquello que cae por fuera de las rígidas fronteras del discurso teológico descriptivo sea discriminado por aberrante.



[1] Candelero, Neldo. Ciencia, Arte, Religión. Observaciones filosóficas 3. “Rorty-Vattimo. Acerca de lo religioso”. Rosario: Ciudad Gótica, 2012, pp.5-6.
[2] Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teologia. A cura de Giorgio, Giovanni. Catanzaro: Rubbettino Editore, 2009. p.5. La traducción es nuestra.
[3] Idem.. p.4. La traducción es nuestra.
[4] Trascendencia horizontal como contrapuesta a vertical es un término utilizado por Vattimo a lo largo del coloquio que estamos citando para nuestra reflexión.
[5] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. Pp.18-19. La traducción es nuestra.
[6] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. p.17. La traducción es nuestra.
[7] Idem. p.20. La traducción es nuestra.


Arriba: Celebraciones por el Año Nuevo 2015 en Corea del Norte, cuyo Líder del Cielo es Su Excelencia el altísimo Kim III, por largos años sea su mandato!

Anuncio: Homenaje a Vattimo por su 79 cumpleaños en La Coalición



 Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 cumpleaños
 en La Coalición


Por motivo de su 79 cumpleaños, producido en día 04 de enero de 2015, La Coalición anuncia que va a publicar el texto "Dios, la opción buena" dividido en tres partes, del profesor Carlos Pairetti, experto en Gianni Vattimo y hermenéutica filosófica de la Universidad del Rosario (República Argentina) y autor de la primera introducción al pensamiento del hermeneuta de Turín escrita en idioma castellano, publicada en Córdoba, Argentina, en 2009, con prólogo del propio Vattimo.



Arriba: Año Nuevo 2015 con fuegos artificiales en el Emirato de Dubai

viernes, 2 de enero de 2015

Significado de la tradición humanística para las ciencias del espíritu en Gadamer



Significado de la tradición humanística 
para las ciencias del espíritu en Gadamer

José Luis Herrera
Universidad Nacional Federico Villarreal

Los nuevos descubrimientos de los Ciencias de los siglos XVI y XVII impactaron profundamente y produjeron una reflexión y reconsideración profunda, la ciencia conmovió a los hombres más cultos de la época allí donde se había buscado la sabiduría por siglos, en la biblia, Platón y Aristóteles parecían tambalear y se agitaban ante los vientos de los nuevos descubrimientos; debemos recordar que en el renacimiento el hombre busco la sabiduría retornando a los griegos, el humanismo había afectado toda la cultura y sin embargo las nuevas posiciones de Galileo, Kepler y Newton se consiguieron utilizando métodos muy diferentes a los que habían podido vislumbrar los griegos, todo esto no podía sino causar un profundo impacto y en hombres de elevado espíritu reflexivo como Descartes y Bacon produjeron discursos que trataban de explicar o vislumbrar los nuevos caminos que podrían llevarnos a la verdad. Tanto Descartes como Bacon se preocuparon por el método, es decir, establecer un conjunto de pasos ordenados que nos permita acceder de una manera rigurosa a la verdad científica. El triunfo que significo la física Newtoniana fue tan grande que se convirtió en modelo para investigaciones en otros campos y el S. XVIII se declaró heredera de Newton, tanto en matemáticas como en física y astronomía se siguió sus pasos y en las nuevas áreas como química, electricidad, etc. se busco emular su método esto pronto produciría nuevas reflexiones en las mentes profundas de los pensadores de la siguiente generación.
Kant, el gran filosofo de la ilustración, en un gesto genial transformo a la filosofía de su tiempo al desarrollar una crítica de la razón es decir al poner su acento ya no en como es el mundo sino en cómo y hasta donde podemos comprenderlo. Kant asumía que la humanidad había llegado ya a la época de la razón y pensaba que la física newtoniana representaba la verdad cuyo conocimiento trabajosamente el hombre había arrancado a la naturaleza; por ello su análisis del conocimiento, en cierta forma se restringe al conocimiento científico y no considera otras formas de conocimiento humano como son el conocimiento vulgar. Esto posteriormente abría de derivar en teoría de la ciencia.


Las ciencias del espíritu, tales como la historia, la sociología, etc. tuvieron también un gran desarrollo al cual también correspondió una mayor reflexión filosófica sobre sus fundamentos. La autoreflexión lógica de las ciencias del espíritu, que en el siglo XIX acompaña a su configuración y desarrollo está dominada enteramente por el modelo de las ciencias naturales. Hume había desarrollado un análisis de la inducción y su importancia en el desarrollo de la ciencia y J.S. Mill pensó en aplicarlo a las ciencias morales como él lo llamaba. El mismo Hume en Treatise, había establecido que en cuanto a las ciencias humanas se pueden descubrir ciertas regularidades a través de la inducción que permitan hacer predicciones independientemente de si hay o no causalidad entre los eventos estudiados. Esto ha dado ciertos resultados, por ejemplo en la sicología de masas, pero la experiencia del mundo sociohistórico no se eleva a ciencia por el procedimiento inductivo de las ciencias naturales, pues por mucho que opere en esto la experiencia general, el objetivo no es confirmar las experiencias generales para alcanzar el conocimiento de una ley del tipo de cómo se desarrollan los hombres, los pueblos, los estados, sino comprender como es tal hombre, tal pueblo, tal estado, que se ha hecho de él, o formulado muy generalmente, cómo ha podido ocurrir que sea así.

Por otro lado: Helmholtz distinguía dos tipos de inducción: inducción lógica e inducción artística instintiva. En su famoso discurso de 1862, no se trataba de que se distinguieran lógicamente sino sicológicamente, ambas aplicaban la inducción, pero la inducción artística instintiva, que serviría a las ciencias del espíritu seria en cierta forma una conclusión llevada a cabo de una forma inconsciente basada en el conjunto de casos de la experiencia social, el científico social extrapolaría que situaciones similares habríanse dado en las otras épocas, este es un proceso inductivo; puesto que de casos particulares se concluye para el nuevo caso que se está investigando, y es inconsciente en cuanto que la inducción se realiza sin saber que se hace, esto requería un cierto tacto, además otras capacidades intelectuales, como riqueza de memoria y reconocimiento de autoridades. El concepto de inducción le era familiar por la lógica de Mill.

Dilthey, a pesar de su profunda reflexión sobre el método histórico, también se dejo influir por el método natural científico y del empirismo de la lógica de Mill, aunque paradójicamente critica el método de Mill, para las ciencias del espíritu y al mismo tiempo no se libera del método de las ciencias naturales. Queda sin embargo por explicar en que consiste la inducción artística inductiva de la que hablaba Helmholtz, él había destacado  las capacidades de la  memoria, el tacto sicológico y la autoridad que aparecen para lograr las conclusiones en el caso de las ciencias del espíritu, pero ¿en que se basa este tacto?, ¿Cómo se llega a él? ¿Están los científicos de la ciencia del espíritu, a fin de cuentas, mas basadas en él que en el método? 

Helmholtz y su siglo siguen a Kant en cuanto que orientan el concepto de la ciencia y del conocimiento según el modelo de las ciencias naturales pero agregando la particularidad de la ciencia del espíritu, es decir, el sentido artístico, la inducción artística sin embargo este razonamiento es poco convincente. Ni responde a la intención de Kant fundamentar una investigación inductiva del mundo de la libertad humana en su distinción de naturaleza y libertad, ni ello es enteramente acorde con las ideas propias de la lógica de la inducción. En la práctica; sin embargo, las ciencias del espíritu no se sentían inferiores a las ciencias naturales, por el contrario se sentían verdaderos herederos y administradores del humanismo, ¿pero cuáles son los conceptos básicos del humanismo que fundamenta está orgullosa conciencia?

 CONCEPTOS BASICOS DEL HUMANISMO

A) FORMACION.- El hombre se caracteriza por la ruptura con lo inmediato y natural que le es propia en virtud del lado espiritual y racional de su esencia “por este lado él no es por naturaleza lo que debe ser”; por eso necesita de la formación. El hombre se caracteriza por su ruptura de lo natural e inmediato dada su espiritualidad y racionalidad, en efecto, lo que nos caracteriza no es que sigamos los instintos naturales sino que a pesar de tenerlos podemos tener posesión sobre ellos gracias a la razón. El hombre no es por naturaleza lo que debe ser (padre, amigo, ciudadano, etc.) sino que precisa para ello de formación. El que se abandona a la particularidad (a su instinto) es inculto, no ve lo general (la sociedad, comunidad, etc.) y no puede evaluar bien su situación. La formación permite acceder a la generalidad, su comunidad,  sociedad, cultura, etc.

El trabajo es deseo inhibido controlamos nuestro deseo para dedicar nuestra atención y esfuerzo al trabajo, gracias a esto la conciencia escapa a la inmediatez (al deseo, temor del momento) y por esto al auto ignorarse generaliza, puesto que ya no es él el foco de atención y esto permite que sea “el nosotros” el foco de atención, de esta forma el trabajo permite percatarnos de un poder que tenemos de nosotros mismo, el poder del auto dominio, se gana asi un sentido de sí mismo; por ello el trabajo forma. La conciencia que trabaja se eleva por encima de la inmediatez de su estar ahí a la generalidad; o como dice Hegel, formando a la cosa se forma a sí misma. También en la formación teórica, donde uno se separa de si mismo hacia lo abstracto, se da el mismo fenómeno. Toda formación precisa de conocimientos teóricos de reconocer en lo extraño lo propio y hacerlo familiar, es un retorno a si mismo desde lo otro. La elección de la profesión también tiene mucho de esto pues cada profesión es en cierto modo un destino…implica entregarse a tareas que uno no asumiría para sus fines privados. El tacto es una “percepción” de una situación para la cual no poseemos reglas generales y como toda percepción nos puede servir de guía en el medio, por ello falta de tacto es expresar lo que puede evitar, porque no se tiene la guía del tacto, decir algo con tacto es “dejar algo sin decir”, dar un rodeo. El tacto artístico que menciona Helmholtz implica entender que la memoria es formada, no se memoriza todo; sino que se selecciona, a su vez el olvido también es selectivo, de tal forma que gracias a ello es posible ver con ojos nuevos y el espíritu se renueva.


El tacto en el arte o en la historia precisa formación, en la historia para saber lo que pudo haber sido y lo que no, el tacto nos permite guiarnos  hacia lo otro pues nos permite percibir las situaciones del pasado. La formación nos permite una generalización, es decir nos da la posibilidad de abrirnos hacia lo otro pero no del concepto o la razón sino de la percepción. Lo característico de los conceptos es que tenemos pleno manejo de ellos en el sentido de que los podemos simbolizar, precisar y por ello comunicar con cierta seguridad; por otro lado lo característico de la percepción es su subjetividad, no percibimos todos igual, por ejemplo no todos tenemos la misma medida de visión, al hablar de una generalización no del concepto sino perceptiva lo que se quiere decir es que se tiene un fenómeno del espíritu que no manejamos a nuestro antojo pero que generaliza, por ejemplo entendemos cuando “debemos” dar un beso y cuando es mejor no darlo porque “percibimos” que es el momento, pero no podemos comunicar con exactitud a otro cuando será el momento, sino que este otro, tendrá que aprenderlo por su propia experiencia. La conciencia formada es como un sentido de la vista, que generaliza pues es en todas direcciones (a diferencia de la verdadera visión).

B). EL SENSUS COMMUNIS.-
Es el sentido de lo justo y del bien común que viven todos los hombres y se adquiere en comunidad (Vico). El gran filósofo italiano Vico, en su obra De nostri Temporis Studiorum ratione, explica que el hablar bien ha sido desde siempre una fórmula de dos caras, no es solamente un ideal retórico sino que significa también decir lo correcto, esto es lo verdadero, pero ¿en qué sentido es lo verdadero? Vico nos habla sobre el sentido común de lo verdadero y lo justo, que no es un saber por causas pero que permite hallar lo evidente, lo verosímil, de esta forma enfrenta lo verdadero (las verdades científicas) con lo verosímil como otra forma necesaria para la educación e implícita en los sensus communis. A la ciencia moderna no le discute sus ventajas sino que señala sus límites. El saber práctico, la phrónesis, es una forma de saber distinta. Es una manera de estar determinado el ser ético, que no es posible sin el conjunto de virtudes éticas, como a la inversa estas tampoco pueden ser sin aquellas, asi, la phrónesis es una virtud dianoética. Vico no tuvo gran influencia en el S. XVIII ni tampoco en Shaftesbury, con la única excepción del Pietismo en Oetinger, quien lo aplica en la hermeutica, Shaftesbury, se refiere a la virtud intelectual y social del sympaty, sobre la cual se basa tanto la moral como toda una metafísica estética. Hume desarrolla sus sugerencias para una teoría del moral sense que más tarde serviría a la ética kantiana.

El Sensus communis designa incluso ahora una cualidad general del ciudadano en los países de habla inglesa, pero en Alemania se perdió este sentido rápidamente, se despolitizo el termino debido a la influencia de la ilustración alemana, salvo la excepción de Shaftesbury, Y EL Pietista Suavo Oetinger que realiza una extensa y erudito análisis del concepto y concluyendo que el verdadero fundamento del sentido común es el concepto de vida. 

C)  LA CAPACIDAD DE JUICIO
Consiste subsumir algo particular bajo una generalidad, en reconocer algo de una regla, no posee un principio que pudiera presidir su aplicación. La capacidad de juicio no se puede enseñar pues para seguir dicho principio se necesita nuevamente de él, por ello solo se puede practicar, es más bien una actitud al modo de los sentidos. 

Es congruente con la filosofía ilustrada alemana el no incluir el juicio entre las capacidades superiores. Para Kant el sensus communis queda excluido, su teoría se piensa como opuesta a la inglesa del “sentimiento moral”, en La Critica del Juicio

, Kant define el gusto como: “un enjuiciamiento sensible de la perfección”, esta no es en él una capacidad superior puesto que lo que el juicio juzga es lo particular, lo individual, su perfección o imperfección no mediante un concepto previo; sino mediante la convergencia de muchas cosas en una, por ejemplo al juzgar un rostro, no basta con que nos guste los ojos negros o la nariz perfilada sino que deben converger muchos elementos y coordinar entre ellos; pero como hemos visto el sensus communis no consiste en juzgar lo particular, sino que es sobre todo decidir sobre lo justo y lo injusto, este sentido último si lo retuvieron Vico y Shaftesbury. En Kant el sentimiento moral de la comunidad no interviene en el juicio moral, para él, el verdadero sentido común es el gusto.

D) EL GUSTO
El gusto es una forma de conocer, el buen gusto busca distanciarse de uno mismo y sus preferencias privadas, no es pues un fenómeno privativo sino social. El ideal que plantea Baltazar Gracián considera el gusto sensorial el cual ya poseería el germen para realizar el enjuiciamiento de las cosas. El gusto sensorial se encuentra a medio camino entre el instinto sensorial y la libertad espiritual, la cultura no se debe solo al ingenio sino al buen gusto. Por ello su ideal de hombre es el que tiene buen gusto y puede y tienen la libertad de la distancia, es el hombre culto. El busca un ideal de sociedad culta. El gusto es como un sentido, no dispone de un razonamiento previo y lo que juzga el gusto es sobre todo lo que repugna al gusto propiamente, su opuesto no es el mal gusto sino el no tener gusto; por ello el buen gusto es una sensibilidad que evita lo chocante, resulta incomprensible para el que carece de gusto. La moda regula las cosas que igual podrían ser de otro modo y crea una dependencia social. 
El buen gusto adapta la exigencia de la moda al propio buen gusto. Uno mantiene su estilo al referir la moda al punto de vista al propio gusto. El buen gusto no solo reconoce lo bello sino que lo ubica dentro de todo lo que debe ser bello, asi el gusto al no regirse por la moda muestra que conoce algo aunque solo se muestre esto en lo concreto del gusto de algo. El gusto abarca todo el ámbito de costumbres y convivencias. La capacidad de juicio precisa también de ejemplos individuales de discernimiento de corte estético, de modo que la distinción tajante entre uno y otro no es incondicional, el gusto contribuye a la capacidad de juicio pues se necesita para ello de tacto, para hallar la ley general. El gusto no es el fundamento de la ley moral; pero si su realización más acabada. La ética griega de Platón y Aristóteles es una ética del buen gusto.


Kant limpió a la ética de todos sus momentos estéticos y vinculados al sentimiento, por ello cuando pensamos el concepto de gusto no solemos reconocer su elemento normativo, esto representa una ruptura con la tradición que restringe el concepto de gusto al ámbito en el que se puede afirmar a una validez autónoma e independiente y restringe a la inversa el concepto de reconocimiento al uso teórico y practico de la razón. Desacreditando cualquier otro conocimiento teórico que no sea el de la ciencia natural, obligo a la auto reflexión de la ciencia del espíritu a apoyase en la teoría del método de las ciencias naturales. Para mostrar la insuficiencia de esta interpretación de las ciencias del espíritu será necesario analizar los problemas de la estética.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Padre Miguel d'Escoto, enemigo de Estados Unidos, recupera el ministerio sacerdotal/ "Estados Unidos es la Bestia del Apocalipsis"





Padre Miguel d'Escoto califica a Estados Unidos de ser la Bestia del Apocalipsis




Miguel D'Escoto Brockmann. Veterano estadista, político, dirigente comunitario y sacerdote. Fue por diez años canciller de Nicaragua después del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Desde entonces ha sido un crítico del sistema de dominación imperialista y ha abogado por el multilateralismo. Por sus méritos fue elegido para presidir el 63er Período de Sesiones de las Naciones Unidas.
El Padre D'Escoto ha viajado mucho y ha visitado la mayor parte de las capitales del mundo, así como muchas de las regiones remotas y menos accesibles de la Tierra, y ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los más necesitados.
El día 19 de diciembre calificó en Telesur a Estados Unidos como la "Bestia del Apocalipsis" y llamó a la unidad del mundo contra el Anticristo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Oeuvres complètes / Louis Gabriel Ambroise, Vicomte de Bonald







Obras completas del Vizconde Louis Ambroise de Bonald 
Disponibes en pdf (edición de 1838) desde 2014 en Gallica





Titre : Oeuvres complètes / Louis Gabriel Ambroise, vicomte de Bonald ; 8-9. Recherches philosophiques. 8, 1 / Louis Gabriel Ambroise, vicomte de Bonald
Auteur : Bonald, Louis de (1754-1840)
Éditeur : Slatkine (Genève)
Date d'édition : 1838
Type : monographie imprimée
Langue : Français
Format : 2 t. en 1 vol. (421-439 p.) ; 22 cm.

Gaspar Rico y Angulo El último periodista del Antiguo Régimen peruano








Gaspar Rico y Angulo
El último periodista del Antiguo Régimen peruano



Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía


Un día de 1808, por un extraño malentendido, Lima saltó en júbilo. La Ciudad de los Reyes salió entera a festejar la gloria de Fernando VII. Españoles, negros y castas, nobles, sotanas y gente de toda condición saltaba de júbilo. El periódico Minerva Peruana había hecho saber a sus suscriptores, y era leído en voz alta en los siete cafés de la ciudad, las fondas y otros espacios públicos, que Carlos IV había abdicado y que Napoleón había puesto en la cárcel al más odioso personaje de la Monarquía, el abominable ministro Manuel Godoy. El júbilo era mayor al saber que los franceses, lejos de extender su revolución satánica a territorio español, ofrecían en cambio todo su apoyo militar al nuevo Rey, por gracia de Dios, Don Fernando VII. El trono y el altar estaban asegurados, y lo que se había llamado en Lima antes “la Bestia monstruosa de San Juan” iba a quedarse detrás de los Pirineos. Todo era algarabía, toros, trajes y coches de la nobleza. En medio del griterío de vivas al Rey desde calles y balcones estaba Gaspar Rico y Angulo, en ese momento un próspero comerciante.

Rico era un personaje extraño. Nacido en la Rioja, había desembarcado en el Callao en 1794, para avecindarse en Lima y poner un comercio. Al llegar no lo sospechaba, pero iba a llegar a ser una de las figuras más relevantes –la más relevante- del periodismo peruano durante el Antiguo Régimen. Iba a ser un publicista audaz, de gran estilo, astuto y personaje decisivo para quien desee entender el proceso histórico que condujo a la caída del régimen español en el Perú. La historiografía peruana no le concede mucho mérito, no es considerado prócer de la patria, y no hay calle con su nombre ni escultura ni monumento alguno que lo honre, como sucede con toda sociedad cuyo fundamento metafísico es el repudio por el pasado como es el caso, en general, en todas las repúblicas.


Por confesión propia sabemos que Gaspar Rico y Angulo era asiduo de los lugares públicos de Lima, como las fondas, tertulias y cafés, el más famoso de los cuales era el Café de Bodegones, cerca del Palacio Real. Estos espacios habían adquirido carácter político justamente hacia la llegada de Rico al Perú. Desde 1793, en que se supo del asesinato del Rey Luis XVI por la Revolución en Francia, los cafés y lugares públicos en general, que ya existían desde mediados del siglo XVIII, se habían vuelto espacios para la discusión y la opinión política que antes, o era muy débil o no existía en absoluto. A Rico le encantó encontrarse con esta nueva vida de la publicidad, y era asiduo concurrente de los espacios de opinión. Rico participaba intensamente de esta vida civil nueva marcada por la circulación de papeles impresos, por lo general venidos del extranjero, y que en Lima se consolidó hacia la época de la Revolución con la impresión de dos periódicos locales, la Gaceta de Lima y el Mercurio Peruano. Luego del caos informativo de 1808, una explosión editorial inspirada por el gobierno del Reino intentó poner las cosas en su lugar. No era para menos. Luego del júbilo de 1808 por Fernando VII Lima, la Ciudad de los Reyes, supo la triste verdad; la Revolución había llegado a la Monarquía y el Rey, lejos de estar en su trono, se hallaba preso. No había más Rey. El 13 de octubre, según testimonio del Virrey José Fernando de Abascal, los siete cafés de Lima amanecieron con pasquines colgados en sus puertas que juraban fidelidad al Rey prisionero.


En medio de un cierto caos de información política, que en otras regiones de la España de esta parte del Atlántico había dado lugar a Juntas, algunas de ellas de carácter francamente revolucionario, en 1810 la Corte del Reino resolvió auspiciar la impresión de la Gaceta del Gobierno de Lima, inspirada en alguna medida como orientadora de la opinión, posiblemente idea del sabio y asesor virreinal Hipólito Unanue. Rico, interesado en intervenir con su pluma en los asuntos públicos, solicitó se le encargara la redacción del periódico al Virrey, que lo rechazó, posiblemente porque Rico en ese momento no era más que un comerciante que carecía de antecedentes en el mundo editorial. Pero resultó que las Cortes, ese mismo año, decretaron la libertad de imprenta en toda España, lo que se supo en el Perú al año siguiente. Rico, resentido con el Virrey, resolvió combatir la política de Abascal en su Gaceta fundando un periódico propio, que suscribió las ideas liberales que primaban en las Cortes, que para entonces se asentaron en la ciudad de Cádiz. El periódico se iba a titular El Peruano, y duraría entre 1811 y el año siguiente, en que sería cerrado por las autoridades por propalar “principios revolucionarios y tumultuosos”; a Rico este episodio le significaría el destierro hasta 1816. Hubo motivo para ello, pues este periódico, fiel al resentimiento de Rico, que iba a ser su redactor, se dedicó a propalar las ideas nuevas de las Cortes, que rápidamente, desde su tercer número, adoptaron el tono radical de ser la continuación de los principios de la Revolución Francesa. El periódico tuvo, mientras circuló, fama internacional, y su lectura alcanzó a ser exitosa en Buenos Aires, entonces baluarte revolucionario en América.

Rico fue redactor anónimo. Firmaba los artículos más sonoros como “el Invisible”, aunque se valió de otros seudónimos también para no ser inculpado. Astutamente, para llevar adelante su plan, se asoció con el administrador de la entonces famosa Imprenta de los Huérfanos, Bernardino Ruiz, y con un conocido periodista de ideas liberales, el flamenco Guillermo del Río; éste último librero famoso de obras relacionadas con la Revolución Francesa y periodista cuyo local de ventas se hallaba en la Calle del Arzobispo. Del Río aparecía como el editor y responsable del papel impreso, por lo que recaía sobre él tanto la fama del periódico como la responsabilidad legal de su contenido. Pues bien. El Peruano, enemigo de Abascal, que era bastante conservador, por decir lo menos, no sólo publicaba los anónimos de Rico, que escribía en lenguaje exaltado, sino que difundía papeles de las discusiones de las Cortes que insistían en uno de los puntos más peliagudos de sus sesiones, la idea de la igualdad civil entre españoles europeos y americanos, y entre miembros de las castas, los negros libres y la población indígena, cuya élite, descendiente de los incas y preferentemente monárquica y conservadora, no podía controlar lo que estaba una vez impreso.


Es necesario aquí hacer un alto social. De hecho, en 1812 se produjo uno de los escasos levantamientos del Reino en ese periodo que, de acuerdo a los testimonios de época, que son algo confusos, sindicaban claramente a estos artículos sobre la igualdad de El Peruano como sus inspiradores. Esto no es del todo seguro, pues hay factores discordantes y testimonios contradictorios. La rebelión se produjo en los partidos de Huánuco, Panatahuas y Huamanlíes, y estuvo a cargo de la masa campesina indígena. A inicios del siglo XIX era mucho menos frecuente que ahora hablar castellano entre los indios, y menos probable aún, que éstos pudieran leer, o siquiera comprar un ejemplar de El Peruano. Además, hay testimonios de que los indios insurrectos venías de recibir propaganda oral e iconografía de gente blanca de procedencia desconocida que divulgaba entre los caseríos aislados de la Sierra la extraña idea de que estaba por llegar un Inca, a falta de Rey, que se llamaba Juan José Castelli. En todo caso, si El Peruano se leía, no con poca satisfacción, en la subversiva Buenos Aires, también debía leerlo alguna gente en la Intendencia de Tarma, donde se produjo el levantamiento.

Conforme avanzaba el tiempo de publicación de El Peruano, hubo una serie de reacciones, algunas de ellas interesantes. Lo más probable es que todo el contenido verdaderamente subversivo del periódico fuese redactado por Rico mismo, lo que habrá de verificarse alguna vez con un análisis estilístico de los artículos. Pero Guillermo del Río aceptaba colaboraciones externas, fiel este hombre a la idea ilustrada de la opinión pública como un diálogo abierto, que admitía disensiones y discusión. Éste es el origen de fascinantes textos contrarrevolucionarios procedentes de los propios lectores, a los que, al parecer, no les hacía ninguna gracia el contenido de la campaña de “el Invisible”, que acusaban su disconformidad con los principios revolucionarios, con la opinión mayoritaria en las Cortes e, incluso, al menos en un caso, contra las Cortes mismas, cuyo gobierno fue acusado de incapacidad para enfrentar a Napoleón y la ocupación francesa de la sede central de la Monarquía. Algunos colaboradores identificaron los principios de la revolución en España, esto es, lo que en Cádiz se discutía, con los de Francia –como de hecho era el plan del periódico-, de la cual se recordaba en Lima más los crímenes del Terror de 1793 y el asesinato del Rey Luis que ideas como las de libertad o fraternidad, que habrían de esperar aún una década para ser asimiladas por el lenguaje político ordinario. Agustin Barruel, autor de la teoría de la Revolución como una conspiración masónica, circulaba en Lima con la misma holgura que la obra monárquica moderada de Montesquieu.

Los colaboradores insospechados de El Peruano fueron implacables contra la Revolución –la francesa y la española- cuyos principios fueron acusados de satanismo, de ser obra del “diablo” y del “Anticristo”, de hacer causa común con el aceleramiento de la anarquía social o, en el peor de los casos, con el fin del mundo. Es de lamentarse que Gaspar Rico hubiera tenido que defenderse de colusión con las huestes del Infierno, que tenían fama muy ganada de espantosos en una Lima cuajada de monjas y procesiones suntuosas y semanales. Pronto las autoridades, que seguramente estaban más del lado del público que del solitario escritor, exigieron la identidad verdadera del firmante de los textos revolucionarios y Guillermo del Río, a quien no le quedaba de otra, pues de otro modo podía ser penado él mismo, denunció a Rico por su nombre como el autor de los libelos. Abascal debe haberse quedado atónito al reconocer que el fallido redactor de la Gaceta, a quien había él mismo rechazado como inexperto, fuese esa pluma tan notable y capaz de hacer cosas terribles en un Reino preferentemente pacífico como era entonces el del Perú. Es tradición sindicar a los frailes de la Santa Inquisición de haber denunciado a Rico finalmente ante la Junta de Censura, un procedimiento que estaba previsto en el decreto de libertad de imprenta, pero la verdad es que, luego de la insurrección en la Intendencia de Tarma, que estalló en el verano de 1812, el periódico se fue haciendo insoportable para el gobierno del Virrey. Aunque la Junta de Censura fue bastante benévola, Abascal embarcó a Rico a España, de donde no volvería sino hasta el fin de su mandato.

Después de esta historia de liberalismo y revolución de Gaspar Rico y El Peruano, nadie podría sospechar el resto de la historia conocida de este periodista. Durante la existencia del periódico, otra vez con Guillermo del Río como editor, salió a la calle El Satélite del Peruano, un periódico aún más radical que El Peruano y que, por ello, no tuvo sino unos pocos números antes de cerrar. Es de sospecharse que Rico, no cansado con polemizar con la opinión pública de verdad, hubiera querido dar la impresión de que su periódico no era el único en suscribir las nuevas ideas. Pero el resto de la prensa del periodo era más bien partidaria del Rey legítimo, y era sospechoso que sólo un periódico, o dos, fueran tan apasionados con principios que, en lugar de reponer a los reyes en sus tronos, les cortaban la cabeza. Para quienes encuentran la identidad peruana a partir de la instauración definitiva de los principios liberales en la República, cosa que no ocurrió sino luego de la rendición de los Reales Castillos del Callao en 1825, Rico debía figurar en la historia peruana como un héroe, como el más destacado publicista liberal del Antiguo Régimen y, por lo mismo, también como fundador o gestor de lo que habría de ser el periodismo republicano. Sin embargo esto no es así. ¿Cuál es el motivo de esta situación?

Gaspar Rico, luego de su destierro por Abascal, su enemigo, regresó al Perú en 1816, cuando el ciclo revolucionario en Europa había terminado y las autoridades legítimas habían, finalmente, recuperado sus tronos. Esta vez era Abascal quien se regresaba a España. Y Rico, entonces famoso por su intervención en la prensa, no volvió más a dedicarse al comercio que lo había traído a Lima en 1794. Apenas llegar, fundó el periódico fidelista El Investigador, que iba a circular hasta 1817, y del que, por desgracia, no se conserva ejemplar alguno. Luego de ese ensayo editorial se hizo más que famoso por una obra que era la antípoda de El Peruano; en ella abominaba de la revolución primero, y de la república después, por un periódico en el que, libre de sus enconos con el gobierno, saldría el pensamiento definitivo del autor. Este periódico iba a llamarse El Depositario. El Depositario fue impreso en Lima desde 1821 expresamente para apoyar la causa de la Monarquía católica, y su redactor único, Gaspar Rico, acompañaría en persona al último Virrey del Perú en los diversos lugares en los que éste instaló la Corte del Reino durante la guerra civil. Publicó en el Cuzco, por tanto, última capital que fuera de la monarquía peruana.

Cuando la causa del Rey legítimo parecía definitivamente perdida, y grandes reaccionarios como el asesor virreinal Hipólito Unanue y el Padre José Joaquín Larriva se pasaban en masa a los nuevos amos, Rico, junto con buena parte de la nobleza y el clero de Lima, varios miles de personas indefensas, se refugió en el Callao, resistiendo allí los embates definitivos de la revolución. Desde allí, en medio del hambre y la peste, Rico continuó sacando hasta el final de su vida El Depositario, haciendo mofa, con el mismo estilo sarcástico de su pluma magnífica, de los jefes extranjeros que, en ese momento, cambiaban el país para siempre.

Gaspar Rico y Angulo murió, posiblemente de enfermedad, poco antes de la rendición española de los Reales Castillos. Fue acompañado en la muerte por frailes, familias leales a la Monarquía y una parte significativa de la nobleza peruana. Guillermo del Río llevó, ya bajo la república, una vida breve y oscura existencia en proyectos que hoy no se recuerdan. El Peruano es el único periódico de inicios del siglo XIX que ha reproducido en su integridad la famosa Colección Documental de la Independencia del Perú, que recoge la documentación para investigar la Independencia del Perú y fue impresa en ocasión del Sesquicentenario de ese episodio por la dictadura del General Juan Velasco Alvarado.


martes, 16 de diciembre de 2014

Palintropos Harmoniê: Jacob Taubes and Carl Schmitt “im liebenden Streit”





Artículo reciente sobre el pensamiento de Carl Schmitt, acceso a PDF


"Palintropos Harmonie: Jacob Taubes and Carl Schmitt "im liebenden Streit"", en New German Critique, (2014) 41 (1 121), 55-92


Un servicio más de La Coalición.




sábado, 13 de diciembre de 2014

VATTIMO, Gianni, Della realtà Finni della filosofia, Milano, Garzanti, 2012, 238 pp. Reseña crítica desde Buenos Aires

  



Daniel Mariano Leiro
Universidad de Buenos Aires


Della Realtá el último y esperado libro de Gianni Vattimo que publicó en su versión original en lengua italiana la editorial Garzanti en el año 2012.

Surgido en medio de una acalorada polémica contra las fuerzas de la restauración del realismo que domina buena parte de las discusiones de la filosofía contemporánea, el libro que comentamos ofrece una visión más unitaria y acabada de la evolución del pensamiento del filósofo italiano desde la aparición en el año 1994 de los ensayos reunidos en el volumen Más allá de la interpretación. Efectivamente, después de las lecciones de Bologna que dieron origen a la publicación de este libro, De la Realidad permite reconstruir el trayecto que ha seguido la reflexión del filósofo de Turín desde los años 90 hasta la actualidad. Ese camino muestra entre sus hitos fundamentales las lecciones que nuestro autor fue invitado a ofrecer en la cátedra “Cardenal Mercier” del Instituto Superior de filosofía de Lovaina, las cuales fueron pronunciadas en 1998. Veinte años más tarde de aquel acontecimiento, el itinerario intelectual que describimos llega hasta las prestigiosas Gifford Lectures que Vattimo tuvo el honor de impartir en la ciudad de Glasgow en el año 2010.

Las limitaciones de este espacio nos obliga a dejar de lado la primera parte del libro que comentamos –si se quiere más teórica- donde es posible seguir el recorrido que hemos tratado de resumir sumariamente. A nosotros nos interesa privilegiar el Apéndice del libro De la realidad, por las consecuencias prácticas que esta parte final del texto puede tener para el presente en el que vivimos. En el Apéndice del libro se destacan dos ensayos fundamentales de la más reciente producción del autor. El primero de esos ensayos se intitula “Del pensamiento débil al pensamiento de los débiles”. Ese ensayo, a nuestro modo de ver, debe ser leído a la luz de otro de los textos recogidos en De la Realidad bajo el título de “Hermenéutica y humanismo de la praxis: De Heidegger a Marx”. El segundo breve ensayo sobre el cual haremos descansar nuestro comentario será el texto de la lección de despedida de Vattimo de la universidad de su ciudad natal. Ese texto ha sido publicando en De la realidad con el mismo título que tuvo en año 2008 cuando fue pronunciado. Ese título es “Del diálogo al conflicto”.

Lo cierto es que en esos trabajos que aquí citamos y tal vez más que en otros reunidos en el libro, se puede apreciar con claridad el rumbo que ha seguido el pensamiento de Vattimo en los últimos años. En particular apreciamos la fuerte motivación política que está detrás de esa reflexión. En algún sentido no sería desatinado sostener que el autor ha regresado a un camino transitado en su juventud. Aunque después de su aguda crítica a la metafísica que se ha extendido también a la dialéctica hegeliano-marxista, es cierto que este camino es ahora recorrido por el filósofo de Turín desde una perspectiva diferente. Pero, por muy extraño pueda parecer ese camino conduce hasta Marx profundizando en Heidegger.

Ya en la introducción de un libro anterior, Adiós a la verdad, Vattimo trataba de mostrar la filiación de su hermenéutica nihilista con el pensamiento dialéctico hegeliano-marxista. Según el filósofo de Turín, la hermenéutica heideggeriana tal como él considera que ésta última debe ser entendida, hereda y consuma la vocación de emancipación del pensamiento dialéctico en disolución de la segunda mitad del siglo XX. Este pensamiento dialéctico no había sido capaz de concretar sus propias aspiraciones de libertad y emancipación, porque seguía atado todavía a un concepto de verdad que no había logrado abandonar por completo la violencia de la metafísica. En el pensamiento heideggeriano, en cambio, -sostiene Vattimo- encontramos un grado de radicalidad que el espíritu de emancipación del pensamiento dialéctico en disolución nunca tuvo. Esto se debe a que Heidegger ha logrado concebir la idea de praxis más radical de lo que lo había hecho la tradición del pensamiento dialéctico hasta Sartre. La razón que explica este hecho es que con su manera de pensar el evento del Ser, el filósofo de Meßkirch ha conseguido liberarse de la violencia que arrastraba consigo el ideal objetivista de la verdad. En efecto, Heidegger no desarrolla su concepción del Ser como Ereignis que exige pensarlo como libertad, novedad, proyecto, apoyándose en un conocimiento teórico que conduce finalmente a la imposición de una verdad objetiva como algo indiscutible. Como se ha mencionado, el filósofo de Meßkirch no llega al concepto de Eregnis basándose en una descripción del Ser más verdadera que aquella que se había dado a lo largo de la historia de la metafísica. Los motivos que impulsaron a desarrollar su concepción del Ereignis son más bien de carácter ético-político (práctico). En términos generales, esos motivos eran también compartidos por las vanguardias artísticas y filosóficas de comienzos del siglo XX. Pero el pensador alemán ha sabido darle una mayor radicalidad a este rechazo generalizado que al menos una parte de la sensibilidad de la época experimentaba.


Otra de las sugerentes ideas que estaba ya presente en apartado “La tarea política del pensamiento” de Adiós a la verdad, pero que es refinada en el ensayo “Del pensamiento débil a pensamiento de los débiles”, es la tesis según la cual Heidegger no habría logrado ofrecer una explicación satisfactoria de la tendencia de nuestra civilización a olvidar la “diferencia ontológica” del Ser y a quedarse en el nivel de lo que se muestra en la presencia de lo presente y del objeto. Quizás con Marx y también con Nietzsche –argumenta Vattimo- se podría tratar de alcanzar esa explicación que Heidegger no logró dar. Así se podría evitar la salida “mística” a la que su pensamiento ha estado siempre expuesto. Precisamente, vinculando el pensamiento de Heidegger con el de Nietzsche y el de Marx, podríamos empezar a considerar que el olvido del Ser a favor de los entes que el autor de Zeit und Sein intentó pensar, no tiene porque ser necesariamente nada abstruso y difícil de concebir. Por el contrario, se trataría de algo más concreto y más fácil de reconocer porque ese olvido del Ser tiene que ver con las condiciones de dominación que son impuestas históricamente. Como lo muestra Nietzsche y a su modo también Walter Benjamín – basta recordar aquí solamente sus famosas Tesis sobre la filosofía de la historia-, es la ideología de las clases dominantes la que produce este olvido que causa el efecto de la imposición de la presencia. Este olvido nos lleva a aceptar “lo dado” como si fuera algo normal, indiscutible, y justifica la conocida advertencia de Berthol Brecht que nos exhortaba a no considerar normal a aquello que pasa.

De este modo llegamos al punto que consideramos más interesante y también más problemático del último Vattimo. Nos referimos a su esfuerzo por desarrollar una hermenéutica de la escucha de la actualidad. Se trata por cierto de un arriesgado esfuerzo teórico que todavía parece ser incipiente. No obstante, la motivación política de este arriesgado esfuerzo teórico aspira a darle la palabra a aquellos a los que el poder siempre ha intentado mantener en silencio. Sostiene el filósofo de Turín, que tal vez escuchando ese silencio se podría volver a producir un auténtico acontecimiento del Ser que hoy está ausente en nuestro mundo.


En la actualidad ese silencio parece ser también la manera en la que se revela la pérdida de la libertad en el mundo de la racionalización instrumental, tecno-científica denunciada por Heidegger y Adorno. En efecto, esa pérdida de la libertad que ha sido siempre una de las consecuencias más amenazantes del final la metafísica, en nuestros días parece haberse vuelto una pesada carga, particularmente en el Occidente industrializado, regido por la “neutralización objetivista” del pensamiento único. No es difícil reconocer que esa “neutralización” encubre el accionar de la globalización económica dominada por el imperialismo. Dejándose entonces interpelar por lo que podríamos denominar la situación del Occidente industrializado que parece cerrar la posibilidad de que algo nuevo, diferente a la dominación vigente pueda suceder, Vattimo percibe la falta de un auténtico acontecimiento en la actualidad. Lo que explica esta ausencia de acontecimiento es que el Evento que en su esencia es proyecto, solamente puede ocurrir allí donde todavía existe la libertad del hombre. Por eso, si somos sensibles a esa falta de un Evento auténtico en la actualidad, no podemos dejar de reaccionar con urgencia –propone Vattimo- ante la inminente pérdida de libertad en el mundo de la globalización económica. Y el filósofo de Turín nos exhorta a ello con la desafiante propuesta de tomar partido en una lucha decidida contra la “neutralización” ideológica (Neutralisierung) –si se nos permite utilizar aquí la conocida expresión de Carl Schmitt- que domina ya por todas partes la cultura del Occidente industrializado.

En la justificación de esta decisión Vattimo vuelve sobre el ejemplo del repudiable apoyo de Heidegger al régimen Nazi en 1933. Así concluye que su elección es tan finita como la de aquel y se da cuenta de que con ella se corre el riesgo inevitable de equivocarse en grande del cual hablaba el filósofo de la Selva Negra. Pero nuestro autor acepta, de todos modos, correr ese riesgo porque se dispone a escuchar a una llamada diferente de la historia. Pero al hacerlo en el fondo el filósofo de Turín prende mantenerse fiel a lo fundamental de la llamada que Heidegger creyó escuchar cuando se disponía a dar una respuesta a la época del dominio tecno-científico consumado. Para Vattimo esa llamada de la actualidad a la cual la filosofía debe esforzarse por responder lleva a asumir un compromiso concreto con aquellos que menos tienen. En esta decisión el filósofo de Turín encuentra una razón “ontológica” adicional. Podemos decir que el descubrimiento de esta justificación llega una vez que se logra comprender que el acontecer del Ser está directamente relacionado con el destino de los más desfavorecidos de la sociedad. Efectivamente, los más desfavorecidos son también aquellos que están más abiertos a proyectar, porque la contingencia de su propia existencia arrojada, los coloca en una orientación lanzada hacia el futuro. Es por eso que el filósofo italiano encuentra que en la esperanza de los que menos tienen reside el futuro de un Ser que puede solamente ser recordado como libertad y proyecto. Ahora bien, asumir este compromiso histórico exige implicarse en un conflicto con las fuerza del orden que impiden que pueda suceder un nuevo Evento del Ser.

En la argumentación que conduce hasta este punto, Vattimo, retoma aquella extraordinaria sugerencia que Heidegger dejó inconclusa en Der Ursprung des Kunstwerkes en la cual contemplaba la posibilidad de que el anuncio del Ser pudiera ser escuchado en eventos históricos menos “originarios” que las palabras de los grandes poetas como Anaximandro. Así siguiendo este inacabado proyecto heideggeriano, el filósofo de Turín se propone rescatar la importancia de la reflexión sobre el alcance ontológico del arte porque considera que en ella podemos encontrar un lugar de privilegio para pensar en las condiciones que son necesarias para el nacimiento de una nueva época de un Ser. Precisamente aquellas condiciones históricas que debe darse para que pueda acontecer un Ser que es pensado como libertad, novedad y proyecto. Como anticipamos, este acontecimi

ento parece depender del hecho de que se suscite un conflicto en el mundo actual. Un conflicto que aunque sin esperanza de producir una superación radical del orden aún metafísico, pueda ayudar a que múltiples iniciativas anárquicas de resistencia se puedan despertar en interior del orden actual. Para pensar esa condición “ontológica” del Evento del Ser, Vattimo recurre en el ensayo “Del diálogo al conflicto” al símbolo que encarna la tensión irresuelta entre Mundo y Tierra desarrollada por Heidegger en Der Ursprung des Kunstwerkes.

Si dejamos de lado parte de la carga simbólica que caracteriza al discurso heideggeriano en ese texto sobre el arte, nos encontramos con que el conflicto al cual se hace referencia, podría quedar condensado en la siguiente contraposición. Por un lado, la tendencia representada por el Mundo es aquella que busca la estabilidad, el mantenimiento de un horizonte articulado. Por otro lado, la fuerza contraria -simbolizada por la Tierra-, remite a esa inagotable reserva de ulteriores sentidos que constituye un halo oscuro del cual proviene el impulso a proyectar, a cambiar, a devenir otro. Ahora bien, esa imposibilidad de detener el impulso movilizador del cambio, la imposibilidad de encerrar definitivamente en un orden establecido y controlado, la irrefrenable fuerza de la Tierra que se encuentra paradigmáticamente a la base de la fuerza inaugural de la obra de arte auténtica, podría acaso servir para explicar lo que sucede con la dominación en el mundo actual. Efectivamente, podríamos imaginar tomando este esquema que se ha venido desarrollando, que lo que parece haberse detenido o perdido fuerza en la sociedad actual es la conflictividad necesaria para que el Ser pueda acontecer. 
Para decirlo con el lenguaje todavía simbólico de Der Ursprung des Kunstwerkes, parece como si la tendencia “estructurante” del Mundo se hubiera impuesto y aplastado fatalmente a la fuerza “disolutiva” de la Tierra. Lo que ha originado este sometimiento de uno de los contendientes de esa lucha abierta no ha sido otra cosa que la desaparición del conflicto mismo. Junto con él se extingue también la libertad de la existencia humana que hace posible el acontecimiento histórico del Ser. Justamente esta posibilidad de que pueda suceder algo distinto a lo acontecido hasta ahora en la historia del Ser, parece haber sido clausurada en las últimas décadas de globalización económica. Allí la metafísica adopta la forma del accionar más elusivo de las fuerzas de la neutralización, haciendo una apología de la violencia. Es ese dominio que se esconde bajo la máscara de la racionalidad económica y de la ciencia-técnica vistas como únicas esperanzas de “paz” y de “progreso”, lo que, según Vattimo, estamos históricamente llamados a rechazar con urgencia. Esa decisión llevará a tomar partido en un conflicto contra las fuerzas retardatarias del orden. Un orden que, como el libro que comentamos nos enseña, apela para su auto-justificación a los tantos discursos metafísicos que hoy renacen con fuerza, abogando por la existencia de una Realidad independiente, única e inmodificable que, desde arriba, se busca imponer a los demás como un poder incontestable.

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