sábado, 13 de diciembre de 2014

VATTIMO, Gianni, Della realtà Finni della filosofia, Milano, Garzanti, 2012, 238 pp. Reseña crítica desde Buenos Aires

  



Daniel Mariano Leiro
Universidad de Buenos Aires


Della Realtá el último y esperado libro de Gianni Vattimo que publicó en su versión original en lengua italiana la editorial Garzanti en el año 2012.

Surgido en medio de una acalorada polémica contra las fuerzas de la restauración del realismo que domina buena parte de las discusiones de la filosofía contemporánea, el libro que comentamos ofrece una visión más unitaria y acabada de la evolución del pensamiento del filósofo italiano desde la aparición en el año 1994 de los ensayos reunidos en el volumen Más allá de la interpretación. Efectivamente, después de las lecciones de Bologna que dieron origen a la publicación de este libro, De la Realidad permite reconstruir el trayecto que ha seguido la reflexión del filósofo de Turín desde los años 90 hasta la actualidad. Ese camino muestra entre sus hitos fundamentales las lecciones que nuestro autor fue invitado a ofrecer en la cátedra “Cardenal Mercier” del Instituto Superior de filosofía de Lovaina, las cuales fueron pronunciadas en 1998. Veinte años más tarde de aquel acontecimiento, el itinerario intelectual que describimos llega hasta las prestigiosas Gifford Lectures que Vattimo tuvo el honor de impartir en la ciudad de Glasgow en el año 2010.

Las limitaciones de este espacio nos obliga a dejar de lado la primera parte del libro que comentamos –si se quiere más teórica- donde es posible seguir el recorrido que hemos tratado de resumir sumariamente. A nosotros nos interesa privilegiar el Apéndice del libro De la realidad, por las consecuencias prácticas que esta parte final del texto puede tener para el presente en el que vivimos. En el Apéndice del libro se destacan dos ensayos fundamentales de la más reciente producción del autor. El primero de esos ensayos se intitula “Del pensamiento débil al pensamiento de los débiles”. Ese ensayo, a nuestro modo de ver, debe ser leído a la luz de otro de los textos recogidos en De la Realidad bajo el título de “Hermenéutica y humanismo de la praxis: De Heidegger a Marx”. El segundo breve ensayo sobre el cual haremos descansar nuestro comentario será el texto de la lección de despedida de Vattimo de la universidad de su ciudad natal. Ese texto ha sido publicando en De la realidad con el mismo título que tuvo en año 2008 cuando fue pronunciado. Ese título es “Del diálogo al conflicto”.

Lo cierto es que en esos trabajos que aquí citamos y tal vez más que en otros reunidos en el libro, se puede apreciar con claridad el rumbo que ha seguido el pensamiento de Vattimo en los últimos años. En particular apreciamos la fuerte motivación política que está detrás de esa reflexión. En algún sentido no sería desatinado sostener que el autor ha regresado a un camino transitado en su juventud. Aunque después de su aguda crítica a la metafísica que se ha extendido también a la dialéctica hegeliano-marxista, es cierto que este camino es ahora recorrido por el filósofo de Turín desde una perspectiva diferente. Pero, por muy extraño pueda parecer ese camino conduce hasta Marx profundizando en Heidegger.

Ya en la introducción de un libro anterior, Adiós a la verdad, Vattimo trataba de mostrar la filiación de su hermenéutica nihilista con el pensamiento dialéctico hegeliano-marxista. Según el filósofo de Turín, la hermenéutica heideggeriana tal como él considera que ésta última debe ser entendida, hereda y consuma la vocación de emancipación del pensamiento dialéctico en disolución de la segunda mitad del siglo XX. Este pensamiento dialéctico no había sido capaz de concretar sus propias aspiraciones de libertad y emancipación, porque seguía atado todavía a un concepto de verdad que no había logrado abandonar por completo la violencia de la metafísica. En el pensamiento heideggeriano, en cambio, -sostiene Vattimo- encontramos un grado de radicalidad que el espíritu de emancipación del pensamiento dialéctico en disolución nunca tuvo. Esto se debe a que Heidegger ha logrado concebir la idea de praxis más radical de lo que lo había hecho la tradición del pensamiento dialéctico hasta Sartre. La razón que explica este hecho es que con su manera de pensar el evento del Ser, el filósofo de Meßkirch ha conseguido liberarse de la violencia que arrastraba consigo el ideal objetivista de la verdad. En efecto, Heidegger no desarrolla su concepción del Ser como Ereignis que exige pensarlo como libertad, novedad, proyecto, apoyándose en un conocimiento teórico que conduce finalmente a la imposición de una verdad objetiva como algo indiscutible. Como se ha mencionado, el filósofo de Meßkirch no llega al concepto de Eregnis basándose en una descripción del Ser más verdadera que aquella que se había dado a lo largo de la historia de la metafísica. Los motivos que impulsaron a desarrollar su concepción del Ereignis son más bien de carácter ético-político (práctico). En términos generales, esos motivos eran también compartidos por las vanguardias artísticas y filosóficas de comienzos del siglo XX. Pero el pensador alemán ha sabido darle una mayor radicalidad a este rechazo generalizado que al menos una parte de la sensibilidad de la época experimentaba.


Otra de las sugerentes ideas que estaba ya presente en apartado “La tarea política del pensamiento” de Adiós a la verdad, pero que es refinada en el ensayo “Del pensamiento débil a pensamiento de los débiles”, es la tesis según la cual Heidegger no habría logrado ofrecer una explicación satisfactoria de la tendencia de nuestra civilización a olvidar la “diferencia ontológica” del Ser y a quedarse en el nivel de lo que se muestra en la presencia de lo presente y del objeto. Quizás con Marx y también con Nietzsche –argumenta Vattimo- se podría tratar de alcanzar esa explicación que Heidegger no logró dar. Así se podría evitar la salida “mística” a la que su pensamiento ha estado siempre expuesto. Precisamente, vinculando el pensamiento de Heidegger con el de Nietzsche y el de Marx, podríamos empezar a considerar que el olvido del Ser a favor de los entes que el autor de Zeit und Sein intentó pensar, no tiene porque ser necesariamente nada abstruso y difícil de concebir. Por el contrario, se trataría de algo más concreto y más fácil de reconocer porque ese olvido del Ser tiene que ver con las condiciones de dominación que son impuestas históricamente. Como lo muestra Nietzsche y a su modo también Walter Benjamín – basta recordar aquí solamente sus famosas Tesis sobre la filosofía de la historia-, es la ideología de las clases dominantes la que produce este olvido que causa el efecto de la imposición de la presencia. Este olvido nos lleva a aceptar “lo dado” como si fuera algo normal, indiscutible, y justifica la conocida advertencia de Berthol Brecht que nos exhortaba a no considerar normal a aquello que pasa.

De este modo llegamos al punto que consideramos más interesante y también más problemático del último Vattimo. Nos referimos a su esfuerzo por desarrollar una hermenéutica de la escucha de la actualidad. Se trata por cierto de un arriesgado esfuerzo teórico que todavía parece ser incipiente. No obstante, la motivación política de este arriesgado esfuerzo teórico aspira a darle la palabra a aquellos a los que el poder siempre ha intentado mantener en silencio. Sostiene el filósofo de Turín, que tal vez escuchando ese silencio se podría volver a producir un auténtico acontecimiento del Ser que hoy está ausente en nuestro mundo.


En la actualidad ese silencio parece ser también la manera en la que se revela la pérdida de la libertad en el mundo de la racionalización instrumental, tecno-científica denunciada por Heidegger y Adorno. En efecto, esa pérdida de la libertad que ha sido siempre una de las consecuencias más amenazantes del final la metafísica, en nuestros días parece haberse vuelto una pesada carga, particularmente en el Occidente industrializado, regido por la “neutralización objetivista” del pensamiento único. No es difícil reconocer que esa “neutralización” encubre el accionar de la globalización económica dominada por el imperialismo. Dejándose entonces interpelar por lo que podríamos denominar la situación del Occidente industrializado que parece cerrar la posibilidad de que algo nuevo, diferente a la dominación vigente pueda suceder, Vattimo percibe la falta de un auténtico acontecimiento en la actualidad. Lo que explica esta ausencia de acontecimiento es que el Evento que en su esencia es proyecto, solamente puede ocurrir allí donde todavía existe la libertad del hombre. Por eso, si somos sensibles a esa falta de un Evento auténtico en la actualidad, no podemos dejar de reaccionar con urgencia –propone Vattimo- ante la inminente pérdida de libertad en el mundo de la globalización económica. Y el filósofo de Turín nos exhorta a ello con la desafiante propuesta de tomar partido en una lucha decidida contra la “neutralización” ideológica (Neutralisierung) –si se nos permite utilizar aquí la conocida expresión de Carl Schmitt- que domina ya por todas partes la cultura del Occidente industrializado.

En la justificación de esta decisión Vattimo vuelve sobre el ejemplo del repudiable apoyo de Heidegger al régimen Nazi en 1933. Así concluye que su elección es tan finita como la de aquel y se da cuenta de que con ella se corre el riesgo inevitable de equivocarse en grande del cual hablaba el filósofo de la Selva Negra. Pero nuestro autor acepta, de todos modos, correr ese riesgo porque se dispone a escuchar a una llamada diferente de la historia. Pero al hacerlo en el fondo el filósofo de Turín prende mantenerse fiel a lo fundamental de la llamada que Heidegger creyó escuchar cuando se disponía a dar una respuesta a la época del dominio tecno-científico consumado. Para Vattimo esa llamada de la actualidad a la cual la filosofía debe esforzarse por responder lleva a asumir un compromiso concreto con aquellos que menos tienen. En esta decisión el filósofo de Turín encuentra una razón “ontológica” adicional. Podemos decir que el descubrimiento de esta justificación llega una vez que se logra comprender que el acontecer del Ser está directamente relacionado con el destino de los más desfavorecidos de la sociedad. Efectivamente, los más desfavorecidos son también aquellos que están más abiertos a proyectar, porque la contingencia de su propia existencia arrojada, los coloca en una orientación lanzada hacia el futuro. Es por eso que el filósofo italiano encuentra que en la esperanza de los que menos tienen reside el futuro de un Ser que puede solamente ser recordado como libertad y proyecto. Ahora bien, asumir este compromiso histórico exige implicarse en un conflicto con las fuerza del orden que impiden que pueda suceder un nuevo Evento del Ser.

En la argumentación que conduce hasta este punto, Vattimo, retoma aquella extraordinaria sugerencia que Heidegger dejó inconclusa en Der Ursprung des Kunstwerkes en la cual contemplaba la posibilidad de que el anuncio del Ser pudiera ser escuchado en eventos históricos menos “originarios” que las palabras de los grandes poetas como Anaximandro. Así siguiendo este inacabado proyecto heideggeriano, el filósofo de Turín se propone rescatar la importancia de la reflexión sobre el alcance ontológico del arte porque considera que en ella podemos encontrar un lugar de privilegio para pensar en las condiciones que son necesarias para el nacimiento de una nueva época de un Ser. Precisamente aquellas condiciones históricas que debe darse para que pueda acontecer un Ser que es pensado como libertad, novedad y proyecto. Como anticipamos, este acontecimi

ento parece depender del hecho de que se suscite un conflicto en el mundo actual. Un conflicto que aunque sin esperanza de producir una superación radical del orden aún metafísico, pueda ayudar a que múltiples iniciativas anárquicas de resistencia se puedan despertar en interior del orden actual. Para pensar esa condición “ontológica” del Evento del Ser, Vattimo recurre en el ensayo “Del diálogo al conflicto” al símbolo que encarna la tensión irresuelta entre Mundo y Tierra desarrollada por Heidegger en Der Ursprung des Kunstwerkes.

Si dejamos de lado parte de la carga simbólica que caracteriza al discurso heideggeriano en ese texto sobre el arte, nos encontramos con que el conflicto al cual se hace referencia, podría quedar condensado en la siguiente contraposición. Por un lado, la tendencia representada por el Mundo es aquella que busca la estabilidad, el mantenimiento de un horizonte articulado. Por otro lado, la fuerza contraria -simbolizada por la Tierra-, remite a esa inagotable reserva de ulteriores sentidos que constituye un halo oscuro del cual proviene el impulso a proyectar, a cambiar, a devenir otro. Ahora bien, esa imposibilidad de detener el impulso movilizador del cambio, la imposibilidad de encerrar definitivamente en un orden establecido y controlado, la irrefrenable fuerza de la Tierra que se encuentra paradigmáticamente a la base de la fuerza inaugural de la obra de arte auténtica, podría acaso servir para explicar lo que sucede con la dominación en el mundo actual. Efectivamente, podríamos imaginar tomando este esquema que se ha venido desarrollando, que lo que parece haberse detenido o perdido fuerza en la sociedad actual es la conflictividad necesaria para que el Ser pueda acontecer. 
Para decirlo con el lenguaje todavía simbólico de Der Ursprung des Kunstwerkes, parece como si la tendencia “estructurante” del Mundo se hubiera impuesto y aplastado fatalmente a la fuerza “disolutiva” de la Tierra. Lo que ha originado este sometimiento de uno de los contendientes de esa lucha abierta no ha sido otra cosa que la desaparición del conflicto mismo. Junto con él se extingue también la libertad de la existencia humana que hace posible el acontecimiento histórico del Ser. Justamente esta posibilidad de que pueda suceder algo distinto a lo acontecido hasta ahora en la historia del Ser, parece haber sido clausurada en las últimas décadas de globalización económica. Allí la metafísica adopta la forma del accionar más elusivo de las fuerzas de la neutralización, haciendo una apología de la violencia. Es ese dominio que se esconde bajo la máscara de la racionalidad económica y de la ciencia-técnica vistas como únicas esperanzas de “paz” y de “progreso”, lo que, según Vattimo, estamos históricamente llamados a rechazar con urgencia. Esa decisión llevará a tomar partido en un conflicto contra las fuerzas retardatarias del orden. Un orden que, como el libro que comentamos nos enseña, apela para su auto-justificación a los tantos discursos metafísicos que hoy renacen con fuerza, abogando por la existencia de una Realidad independiente, única e inmodificable que, desde arriba, se busca imponer a los demás como un poder incontestable.

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