domingo, 7 de diciembre de 2014

El concepto del tiempo en Henri Bergson




El concepto del tiempo en Henri Bergson


Héctor Chocano
Universidad Nacional Federico Villarreal


El concepto de tiempo en la filosofía de Henri Bergson ocupa un lugar protagónico. Y esto ocurre no solo porque desde un inicio ya escribir acerca del tiempo hará que cualquier lector centre su atención en una forma especial, sino que Bergson utiliza este concepto para mostrar cómo opera la mente, cómo funciona la conciencia.

En repetidas oportunidades, a través de sus textos, Bergson ha dado ejemplos sencillos para exponer su concepto de tiempo. Sin abandonar en ningún momento la idea central de Bergson en cuanto a la naturaleza del tiempo, expondré el planteamiento en términos cotidianos y simples. Cuando alguien pregunta “¿Cuánto tiempo ha pasado?" la respuesta puede ser "han pasado tres horas". Pero el hecho de que cotidianamente usemos el reloj para decir que el tiempo ha transcurrido no quiere decir que el reloj mida al tiempo. El reloj es una máquina que se mueve a un ritmo que muestra sincronía con la rotación de la tierra. Entonces sucede que tanto la gente común y corriente como los físicos, piensan que el reloj marca una dimensión etérea llamada "tiempo". Si nos detenemos aquí y analizamos el hecho con mucha concentración podremos detectar la falacia. Cuando una persona consulta la hora con el reloj lo que está haciendo es comparar un
suceso (un movimiento, un cambio) con el movimiento del reloj. Es decir, simplemente se están comparando dos movimientos. En otras palabras, tanto los físicos como la gente común y corriente ven tres cosas donde hay dos. Me explico, hay dos cosas: el movimiento del reloj y el suceso, los cuales son comparados uno con otro. Pero mágicamente añaden algo más: el tiempo. Es decir, ven tres cosas: el movimiento del reloj, el suceso y un algo ahí insonoro, invisible, impalpable (que acompaña como una especie de fantasma al movimiento del reloj y al suceso) que le llaman tiempo. ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué les impulsa a postular esta dimensión mágica que acompaña al movimiento del reloj y al suceso estudiado?


Lo que nos da la sensación de que existe un fantasma llamado tiempo que lo acompaña todo fuera de nosotros es causada porque tenemos memoria, la cual es subjetiva y tiene características diferentes a las del espacio. Nosotros al tener memoria podemos tener conciencia de los movimientos que suceden en el exterior. Pero el hecho de que tengamos conciencia de los movimientos no significa que exista una dimensión llamada tiempo flotando ahí fuera de nosotros. Fuera de nosotros simplemente existen movimientos, sólo eso. Es por esta razón que realmente el reloj es una máquina que al moverse se la compara con otros movimientos. En otras palabras, el segundo es una unidad de movimiento mas no de tiempo. Así como medimos el espacio con espacio (es decir utilizamos una regla para medir el largo de una tabla, por ejemplo) medimos el movimiento con movimiento. No es que midamos el movimiento con tiempo. El reloj es una máquina de movimiento que se compara a otros movimientos.


Ahora bien, por ejemplo, si nosotros entramos a un cuarto oscuro donde no vemos ningún
 movimiento, aún tenemos la sensación de un progreso, un avanzar, como una bola de nieve que se va ensanchando mientras cae por una colina. Esa sensación, que es subjetiva, esa sensación es el tiempo en su naturaleza real, en su pureza. Pero esta sensación ocurre dentro de nosotros, no fuera y no admite medida, porque es una sensación subjetiva. Es como por ejemplo intentar medir la felicidad o la tristeza...Esas son cosas que no admiten medida... No se pueden establecer unidades para medirlas...No se pueden medir porque no pertenecen al espacio. Así también pasa con el tiempo. Es una sensación de progreso que está entrelazada con la memoria y las emociones. El tiempo es un fenómeno cualitativo que consiste en la sensación de un fluir, un progreso... Pero sin ser un progreso o un fluir. O al menos no es un progreso o un fluir que se encuentren vinculados al espacio o a la idea de espacio. Es un fluir en el sentido de que es un constante cambio. El tiempo que experimentamos –al cual Bergson le llama “duración”- es aquel motor que le da movimiento a todos nuestros hechos mentales. La duración, con su progreso, nos da la sensación de un avanzar que va acumulando todo el pasado en nuestro presente y va dirigiéndose al futuro. Todos nuestros recuerdos, emociones, sentimientos y percepciones se funden en lo mental, existen moviéndose sin cesar impulsados por la duración. Existen en una especie de fusión. Es decir, no existen en una especie de concatenación o yuxtaposición, sino que el movimiento permanente de la duración combina todos los hechos mentales añadiéndoles constantemente todas las percepciones presentes conformando una combinación que posee vida. Es de este modo que experimentamos un constante registrar los movimientos que observamos en el mundo, y al recordar el anterior también somos conscientes del presente.

Bergson señala que la idea del tiempo como dimensión mesurable es el resultado de proyectar la duración en el espacio…O espacializar el tiempo. Es cuando atribuimos al tiempo características espaciales y la ubicamos fuera de nosotros cuando aparece la concepción de tiempo que maneja el sentido común y la Física. De esta manera es que el tiempo se concibe como una línea homogénea donde cada instante aparece ordenado por una sucesión establecida por la yuxtaposición. Se presenta al tiempo como una entidad vacía, neutra, donde cada instante es igual al otro en su naturaleza. Como un encadenamiento de eslabones, cada uno idéntico al anterior en cuanto a su ser y que es sujeto a medición. La única diferencia que existe entre un instante y otro sería su ubicación en el tiempo. Es decir, un instante puede ser diferente a otro en tanto que uno pertenecería al pasado y otro al presente (se podría incluir al futuro también si se desea). Entonces nos estamos enfrentando a una concepción de tiempo que consiste en un espacio homogéneo ordenado por la yuxtaposición que goza de un movimiento, un fluir constante. Además, este espacio homogéneo que fluye constantemente no se ubica en el espacio. Es decir, al ser un fluido impalpable, invisible e insonoro no ocupa un lugar dentro de las tres dimensiones conocidas del espacio.  Por esta razón, a este tiempo espacializado se le ubica en una cuarta dimensión del espacio (¡no había en qué otro lugar ubicarlo!).

Resulta entonces más fácil determinar el origen de la concepción de tiempo utilizada por el sentido común y la Física: es la idea de espacio preñada por el fluir propio de la duración. Es la duración, ese fluir interno mental que fusiona y dilata todas nuestras experiencias la que inyectan en la idea espacio. Pero el tiempo concebido así no es más que un híbrido ficticio que no permite develar la verdadera naturaleza del tiempo. Es decir, esa concepción de tiempo oculta el ser del tiempo…Y no sólo eso, sino que ella reemplaza lo real por una ficción. En la verdadera naturaleza del tiempo, es decir, en la duración, los instantes no existen puesto que la experiencia del tiempo no está sujeta nunca a las divisiones, ni en porciones desiguales ni mucho menos en fracciones exactas. La duración, al consistir en cualidad pura, no admite ningún término relacionado al espacio…O en todo caso, cuando utilizamos términos propios del espacio para describir algunos aspectos de la duración, siempre deben ser entendidos en un sentido figurado o metafórico, ya que nunca los términos espaciales podrán mostrar la naturaleza de la duración, el ser de la experiencia del tiempo.

Es cuando se la despoja de toda cualidad a la duración, y en vez de esta cualidad imprimimos características espaciales sólo sobreviviendo de esta operación el fluir propio de la duración cuando tenemos ante nosotros al tiempo concebido por el sentido común y la Física. Pero al invertir la operación, es decir, al despojarnos de todo término relativo al espacio para observar y describir los fenómenos de nuestra conciencia es cuando nos encontramos frente a frente con la duración. De esta forma estamos ante ese progreso puro, no contaminado por alguna idea relativa al espacio, que le da vida y movimiento a todos nuestros fenómenos mentales… Donde existe la heterogeneidad y no la yuxtaposición, puesto que el principio de impenetrabilidad sólo existe en el espacio y no en el tiempo real: la duración. Nuestras experiencias, recuerdos, afecciones y todos los fenómenos de la conciencia se funden haciendo imposible la segmentación y la neutralidad. 

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