sábado, 25 de octubre de 2014

Una síntesis del pensamiento de Gianni Vattimo







Una síntesis del pensamiento 
de Gianni Vattimo



Carlos Pairetti
Universidad Nacional de Rosario



En este tiempo de nihilismo consumado, asociado a todo intento de reflexión secundado por el sugestivo prefijo “post”, el pensamiento de Vattimo encuentra un lugar especial absolutamente concordante con dicho prefijo, como pensador del “después de”. Si hay que buscar aguas arriba la fuente de su inspiración, sin lugar a dudas como lo dice Ramón Rodríguez, un comentarista suyo, se sitúa en la senda abierta por Nietzsche y Heidegger[1]. Precisando un poco más, la muerte de Dios anunciada por Nietzsche y el del final de la metafísica presentado por Heidegger constituyen las premisas fundamentales para la tarea especulativa llevada adelante por Vattimo.

En opinión de otra intérprete de Vattimo, Teresa Oñate, aludiendo a la contribución del filósofo italiano al pensamiento contemporáneo afirma que en Vattimo se da y se encuentra, la más acertada introducción activa posible al pensar de los problemas de la filosofía contemporánea, tal como ésta lo es desde la doble determinación indisociable asignada por Nietzsche y explicitada por Heidegger.[2] Con respecto a la importancia que el pensamiento de Vattimo tiene en la actualidad, otro de sus intérpretes – a juicio de Vattimo el mejor- Giovanni Giorgio, señala que Vattimo es uno de los filósofos más debatidos del panorama filosófico contemporáneo, tanto que la literatura se vuelve cada día más vasta.[3] Por otra parte, Franco Volpi, en su análisis del nihilismo italiano menciona a Vattimo como el que da el tono final del debate sobre el nihilismo. Volpi destaca que Vattimo al elegir la conciencia nihilista como horizonte de su pensamiento, se proclama a sí mismo como apologista del nihilismo.[4] En total correspondencia con lo aseverado por Franco Volpi, encontramos la afirmación de puño y letra del mismo Vattimo en un título de uno de sus artículos contenidos en El fin de la modernidad, denominado Apología del nihilismo o, en el contenido del artículo mismo la afirmación de que “el nihilismo es nuestra única chance”[5], modos diversos de indicar que el nihilismo es la tónica de fondo de la especulación vattimiana.

La característica principal de su programa especulativo es la renuncia a las categorías fuertes de la tradición filosófica occidental y la proposición de una ontología débil. En palabras de Franco Volpi esta ontología: “pretende reconocer y aceptar el devenir en su facticidad, sin adjudicarle un sentido que lo trascienda y sin imponerle formas, categorías o esquemas interpretativos fuertes, que terminarían inevitablemente por inhibir el fluir”.[6] Esta declarada renuncia de Vattimo a las categorías fuertes, este distanciamiento actual del pensamiento contemporáneo respecto de la metafísica, se debe como señala Ramón Rodríguez fundamentalmente a razones ético-vitales antes que teoréticas. Al respecto el propio Vattimo señala que en la exigencia ética de Levinás se da una contribución decisiva en el sentido de la superación de la metafísica. La metafísica y sus categorías fuertes resulta violenta. Este modo de concebir el pensamiento metafísico como violencia es una idea inspirada en Lévinas[7], implica una resistencia a un poder violento, o, en positivo, una voluntad de deliberación, lo que guía la deconstrucción de la metafísica.[8]


 

En esa mencionada disolución de las categorías metafísicas fuertes, Vattimo condena una actitud propia de la modernidad, la de buscar la unidad, quizá dicho esto con terminología propia de la filosofía antigua: reducir lo múltiple, lo disperso, lo fragmentado a lo uno. Con expresión del último Wittgenstein diríamos que el pensamiento de Vattimo da cabida a todos los juegos de lenguaje, a diversos modos de saber, sin pretender torpemente reducir toda la rica fragmentación de la realidad a una unidad violenta, como arriba explicábamos. Escapar a la violencia del pensamiento único es posible, según Vattimo, en virtud de un pensamiento débil que no busca un fundamento último, Grund (fundamento) diría Heidegger, sino que hace explícita referencia a un despido de la tarea especulativa tal como Occidente la concibió a la luz de la metafísica. La racionalidad débil, parte de la experiencia; está ─diríamos─ contaminada de cultura. En palabras de Vattimo:

“...experiencia que se presenta siempre cualificada desde el punto de vista histórico y preñada de contenido cultural. No existen condiciones trascendentales de posibilidad de la experiencia, accesible mediante cualquier tipo de reducción o epojé que suspenda nuestra pertenencia a determinados horizontes históricos-culturales, lingüísticos, categoriales”.[9]



Esto que acabamos de señalar permite que la racionalidad débil valga como un paradigma paralógico, no subordinante, ni jerarquizante, dando mayor lugar a lo transversal ─si se nos permite la expresión─ y no tanto a lo vertical, por lo tanto a la pluralidad. Franco Volpi, al respecto, dice que a partir de la pluralidad se subraya la no posibilidad de compactación y uniformación, sino la potencia de la fragmentación, de la conflictividad e incluso de la inconmensurabilidad.[10] Dilucidadas a grandes rasgos las implicancias nihilistas del pensamiento de Vattimo, nos referiremos seguidamente a la hermenéutica como aquel contorno en el que se desarrolla como consecuencia de la acción del nihilismo la tarea filosófica más significativa del pensador italiano. La hermenéutica es, según la opinión de Vattimo, la koiné (lengua común) filosófica de este tiempo y afirma que en el pasado las grandes discusiones filosóficas tenían que rendir cuentas al marxismo o al estructuralismo, así hoy la hermenéutica parece haber asumido esa misma posición central.[11] Enrico Berti por su parte cuestiona esta afirmación de Vattimo y dice: “Aunque la hermenéutica, dada la extrema fragmentación de la filosofía contemporánea, tal vez no sea precisamente esa koiné filosófica que se ha intentado sostener, indudablemente constituye una de las posiciones filosóficas hoy en día más difundidas”.[12]


La hermenéutica en el pensamiento de Vattimo tiene lugar a causa del nihilismo y este, a su vez, propone una ontología débil sobre la base de Nietzsche y Heidegger como modo de ultrapasar la metafísica, considerando que ya no es necesario buscar estructuras estables, fundamentos eternos ni nada semejante. En efecto, la nueva ontología piensa que el ser debe captarse como un evento, como el configurarse de la realidad particularmente ligado a la situación de una época, que, por su parte, es para Vattimo, proveniencia de las épocas que la han precedido. Pensar el ser significa escuchar los mensajes que provienen de tales épocas, y aquellos además, que provienen de los otros, de los contemporáneos, de diferentes culturas, subculturas, de grupos, etc., que comienzan a tomar la palabra en esta época. Por lo tanto, la racionalidad característica de la ontología nihilista o de la hermenéutica nihilista será una racionalidad débil. Vattimo, aclara Ramón Rodríguez, desconfía de la denominación “pensamiento débil” en virtud de las confusiones que engendra y, quizá también, de la mala prensa que lleva consigo. La confusión de la cual previene Vattimo es que la “debilidad” no ha de asociarse al pensamiento, sino que se trata de un rasgo del ser mismo.[13] Para ser más precisos hay que señalar que el motor del pensamiento vattimiano es claramente nietzscheano y su estructura conceptual, su forma mentis heideggeriana y, sólo secundariamente, gadameriana. El nihilismo nietzscheano del cual parte Vattimo para desembocar en la hermenéutica nihilista, es el anuncio de la muerte de Dios, asociado a la disolución de todo fundamento último; entendiendo con ello la desaparición de toda instancia objetiva, ética u ontológica, en el sentido de perder su carácter obligante para el sujeto a quien se dirigen. De este modo la ausencia de objetividad da lugar a la interpretación de toda experiencia, de acuerdo a la afirmación de Nietzsche: “no existen hechos, sólo interpretaciones”, así, según Vattimo, la idea misma de fundamento pierde vigencia, para unirse a la caracterización heideggeriana del final de la metafísica adviniendo de esta manera el nihilismo como un acontecimiento del ser.


Esta idea que explicitamos recientemente es algo así ─si se nos permite la comparación─ como la mirada calidoscópica desde la cual Vattimo analizará todos los órdenes del pensar y la praxis humana. En su expresión más radical desde el punto de vista ontológico su enunciación será: no hay ningún estado de cosas, ninguna situación objetiva que imponga al pensamiento la obligación de reconocerlo como realidad. Miradas las cosas desde el punto de vista epistemológico la enunciación radical será: pensar ya no significa remontarse hasta un fundamento objetivo, sea en las cosas, sea en el pensar mismo, ni al fundamento como enclave último de [14] Ahora bien, la filosofía hermenéutica, para Vattimo, no es un conjunto de afirmaciones sobre el hecho de las interpretaciones, porque de ese modo estaría proponiendo evidencias estructurales que darían cuenta de la naturaleza de alternativas mejores o superadoras ante cada interpretación ofrecida, sino que la hermenéutica es también una interpretación que, como tal, no puede aducir una evidencia incontrovertible a su favor.
inteligibilidad. De este modo la hermenéutica previene contra las tentaciones de asumir nuevas formas de fundacionismo y ofrece con ello la clave para evitar la emergencia de la violencia que mora agazapada detrás de toda estructura metafísica.

Para finalizar cabe subrayar que la racionalidad de la hermenéutica nihilista, aspira a una narración de su propia proveniencia; su argumentación consiste en contar la historia de la filosofía moderna en una interpretación que da cuenta del final de la metafísica y el advenimiento del nihilismo. Vattimfuerza en demostrar que la racionalidad misma radica en la reconstrucción interpretativa de la modernidad. Trata de este modo de hacer inteligible el actual estado de cosas del mundo (y de la filosofía en él); eso lo lleva a cabo a través de la narración que radica en la interpretación del sentido de un curso de acontecimientos, que “permite señalarle su lugar, colocarlo en su sitio, y así aducir razones para la discusión y reducir el relativismo”.[15]




[1]Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, Barcelona, Paidós,  1995, pp.10-11.
[2] Vattimo, Gianni,  Diálogo con Nietzsche, Buenos Aires, Paidós, 2002,  p.15.
[3] Giorgio, Giovanni, Il pensiero di Gianni Vattimo: L’emancipazione dalla metafísica tra dialettica ed ermeneutica, Milán: Franco Angeli, 2006, p.9. La traducción es nuestra.
[4] Volpi, Franco, El nihilismo, Buenos Aires, Biblos,  2005, p. 156.
[5] Vattimo, Gianni, El fin de la modernidad, México, Gedisa,  2004, p. 23.
[6] Volpi, Franco, El nihilismo, op. cit., p. 157.
[7] Vattimo, Gianni, La secularización de la filosofía. Barcelona, Gedisa, 2001, pp. 75-88.
[8] Vattimo, Gianni. Más allá de la interpretación, op.cit., pp. 12-13.
[9] Vattimo, Gianni, El pensamiento débil, Madrid, Cátedra, 2000,  p.19.
[10] Volpi, Franco, El nihilismo, op. cit., p. 157.
[11]Vattimo, Gianni, Ética de la interpretación, Barcelona, Paidós, 1991, pp.55-56.
[12]Vattimo, Gianni, Hermenéutica y racionalidad, Bogotá: Norma, 1994, p.31.
[13]Vattimo, Gianni. Más allá de la interpretación, op.cit.,  p. 15.
[14]Ibídem, pp. 16-18.
[15]Ibídem,  p. 30.

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