viernes, 8 de noviembre de 2013

La violencia buena (I) El mito de la expulsión del Paraíso


La violencia buena (I)
El mito de la expulsión del Paraíso

Enrique Carrión
Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima

Cuenta la Sagrada Escritura en el libro del Génesis que el hombre fue creado por Dios y puesto en el Paraíso terrenal. Vivían allí nuestros primeros padres, Adán y Eva, en un estado de felicidad perfecta, pero he aquí que fueron tentados por la Serpiente, que dejó entrar la soberbia en su corazón. Quiso entonces el hombre ser como Dios, y extendió su mano para tomar un fruto que le había sido prohibido tomar. La Serpiente le indicó al hombre que ese fruto le daría la sabiduría necesaria para conducirse por sí mismo, para ser autónomo, y prescindir así de su Creador. Éste es el origen del pecado original. Luego del pecado, Adán y Eva descubrieron el engaño de la Serpiente y tuvieron que esconderse de la mirada de Dios, pues vieron su desnudez, su realidad de criaturas humanas y sólo humanas, a quienes les es imposible convertirse en dioses. Luego, fueron recriminados y castigados por Dios, quien los expulsó del Paraíso con la promesa de un Salvador. Los primeros padres perdieron así su estado de felicidad perfecta, pero se llevaron en el corazón la esperanza de recuperar algún día el Paraíso perdido.

El Génesis esconde una lección de teología política que intentaremos rescatar en éste y los siguientes post de la serie, referida al concepto y origen de la violencia, así como a su rol fundador en las instituciones humanas.

Dice la Sagrada Escritura a la letra: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar” (Gn 3, 15). En estas palabras, la Iglesia interpreta que hay referencia a Jesús, representante del linaje humano redimido,  quien con su vida, pasión, muerte y resurrección consiguió la victoria del hombre sobre la Serpiente, permitiéndole el retorno al Paraíso perdido. Además, el texto presenta elementos, ricos en significado, que merecen ser captados ahora: 1) Dios es autor de la enemistad entre el linaje de la Mujer y el de la Serpiente. 2) Pisar la cabeza de la serpiente puede entenderse como la implantación de un nuevo gobierno (una nueva cabeza) destinado a prevalecer soberanamente sobre aquel que, aún vencido, está siempre al acecho con intención de hacer caer nuevamente al hombre. El asegurar: “…él te pisará la cabeza”, indica que la victoria del hombre sobre la Serpiente estará garantizada por Dios, quien lo ayudará a vencer al Enemigo e instalar un mundo donde se viva la inocencia de los orígenes: un mundo regido según los designios divinos. 3) El linaje de la Mujer puede entenderse, en la línea de lo que venimos diciendo, no sólo como la persona de Cristo, sino también como la persona de todo gobernante que lo represente y gobierne en Su Nombre y con Su Espíritu, con lealtad. Y el linaje de la Serpiente puede entenderse desde la figura del Anticristo y sus secuaces.

Si aplicamos el conocimiento del mito de la expulsión del Paraíso a un examen de la Historia y aun la prehistoria humanas llegaremos a establecer estos tres postulados:
  1. El hombre, por su origen, es un ser arrojado a un mundo hostil, cuyo medio de supervivencia es la violencia.
  2. El hombre es un ser que vive con la nostalgia del Paraíso perdido, buscando el modo de volver a él mediante la instalación de un mundo de sentido.
  3. En el mundo de sentido del que se tiene nostalgia y que se quiere instaurar hay elevación espiritual, pero la violencia necesariamente debe coexistir con él.

En estos tres corolarios debemos fijar en nuestra mente y nuestra atención, ya que serán estas ideas las que sostendrán, en los siguientes posts, nuestra propuesta de un nuevo enfoque de la condición humana que reivindica el lugar de la violencia como fundadora de las instituciones humanas.


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