miércoles, 16 de septiembre de 2015

Entrevista de Gabriel Arnáiz a Gianni Vattimo y Santiago Zabala



domingo, 13 de septiembre de 2015

VII Coloquio de Filosofía Política (Razón y diálogo/ UNMSM/ Lima)







martes, 18 de agosto de 2015

Coloquio de Filosofía en el Perú / Homenaje por los 90 años de nacimiento de Augusto Salazar Bondy


domingo, 16 de agosto de 2015

Seminarios de Doctorado (en Ciencia Política/ UBA - 2015)


martes, 11 de agosto de 2015

Del paradigma de la excepción a la teología política. Los fundamentos schmittianos en Giorgio Agamben / (Parte I: Paradigma)





Del paradigma de la excepción a la teología política.
Los fundamentos schmittianos en Giorgio Agamben
(Parte I)


Emmanuel Taub
Conicet (Argentina)

I. Paradigma

El pensamiento de Giorgio Agamben ha marcado, desde finales del siglo XX, un nuevo amanecer de problemáticas que cruzan la filosofía y el pensamiento político, en donde el derecho, la religión y el lenguaje son fundamentos de su complejidad. Cuando, en 2008, se publica el opúsculo Signatura Rerum. Sul metodo nos encontramos con una reflexión metodológica sobre su propia obra. Tan inacabado como provocador, el pequeño trabajo introduce la figura del paradigma como núcleo de su aparato conceptual, y es este mismo concepto el que nos permitirá repensar su propia obra, así como también las tradiciones que se entrecruzan constituyendo su identidad filosófica.

Como señala el propio Agamben, la forma del paradigma con la que ha tratado de comprender y analizar figuras como el homo sacer o el estado de excepción, funciona haciendo inteligible y constituyendo un todo más amplio en el propio contexto histórico-problemático. El paradigma –explica Agamben– es una forma de conocimiento que no es ni inductiva ni deductiva, sino analógica. Una forma de conocimiento que se mueve de la singularidad a la singularidad, “neutralizando la dicotomía entre general y particular, ello sustituye a la lógica dicotómica por un modelo analógico bipolar”[1]. A través de sus obras, por ello, siempre encontramos parejas categorías que nos marcan aquello que no es diferente pero tampoco es igual. Figuras que se incluyen al tiempo que se excluyen, en el mismo sentido en que se expresa y se hace necesario para su propio ser. Y es esto lo que llamaremos un paradigma de la excepción, en base a la explicación del propio filósofo italiano:
 
“El homo sacer y el campo de concentración, el Musulmán y el estado de excepción –como recientemente, la oikonomia trinitaria o la aclamación– no son hipótesis a través de las que intenté explicar la modernidad, reconduciéndola a algo como una causa o un origen histórico. Al contrario, como su multiplicidad podría sugerir, se trataba en todo momento de paradigmas, cuyo objetivo era hacer inteligible una serie de fenómenos cuya relación había escapado o podía escapar de la mirada del historiador”[2].

Más allá de que Agamben considere cada una de sus figuras como paradigmas, podríamos decir que toda la maquinaria filosófica agambeniana está inscrita en un paradigma excepcional. Y así como él hace al pensamiento paradigmático de cada una de sus figuras, hay una paradigmatización de la excepción que, como telón de fondo, constituye su propia filosofía. Así como Agamben analiza el ejemplo panóptico de Michel Foucault[3], podríamos pensar que es el sentido panóptico el que ejemplifica su construcción filosófica de la excepción: una torre central –un núcleo duro de conocimiento– alrededor del cual se edifican las diferentes celdas con dos ventanas, una hacia al interior y otra hacia el exterior, haciendo que la luz atraviese esta celda de una parte a la otra. Y así como basta solamente en situar un vigilante en la torre central para que el efecto de la contraluz haga percibir desde la torre las siluetas cautivas en las celdas, Agamben encuentra el nomos oculto de la modernidad, aquel paradigma que, cual torre central, genera “tantos teatros como celdas” en donde, finalmente, cada analogía bipolar está vigilada y custodiada en su propia lógica paradigmática. Eso es la excepción, o mejor dicho, la lógica del estado de excepción que Carl Schmitt ha definido y Walter Benjamin ha convertido en regla.

De esta forma, el paradigma de la excepción no es sólo un objeto singular, sino la singularidad oculta que hace a la posibilidad de pensar ese modelo analógico bipolar que Agamben aducía. En esta paradigmatización de la excepción en la búsqueda de una teología política renovada, Carl Schmitt, Erik Peterson, Michel Foucault y Jacob Taubes, asumen un papel preponderante. Como en un teatro de sombras, la fantasmagoría de los espíritus de estos pensadores aparece ocultando sus rostros, pero dejando la intermitencia de sus huellas.




[1] Agamben,  Giorgio. Signatura rerum. Sul metodo. Torino, Bollati Boringhieri, 2008, p. 32.
[2] Agamben,  Giorgio. Signatura rerum. Sul metodo, p. 33.
[3] Foucault, Michel. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2004, pp. 203-204.

jueves, 6 de agosto de 2015

VII COLOQUIO DE FILOSOFÍA POLÍTICA Pensamiento decolonial: Poder, interculturalidad y alteridad (Convocatoria final/ Lima)







































VII COLOQUIO DE FILOSOFÍA POLÍTICA
Pensamiento decolonial: Poder, interculturalidad y alteridad

Lugar:
Universidad Nacional Mayor de San Marcos 
Facultad de Letras y Ciencias Humanas
Auditorio Principal

Fecha y hora:
14, 15 y 16 de setiembre
3.00 pm - 6.00 pm —


jueves, 23 de julio de 2015

Auspiciamos el XV Congreso Nacional de Filosofía




domingo, 12 de julio de 2015

XV Congreso Nacional de Filosofía (Puno, Perú)















Universidad Nacional del Altiplano

Del 26 al 30 de Octubre del 2015

VI Jornadas de Estudiantes de Filosofía (Buenos Aires)


lunes, 6 de julio de 2015

Gianni Vattimo: Esperando a los bárbaros, Fedun, 2014 (reseña)


Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal (Lima, Perú)

Gianni Vattimo (1936- ) es el más prolífico, llamativo e interesante de cuantos suscriptores haya tenido el pensamiento posmoderno, y aquél en cuya interpretación la hermenéutica filosófica ha alcanzado mayor radicalidad. Dentro de una perspectiva deseada por el autor mismo, crítico audaz del liberalismo, ha dirigido la tradición heredada de Hans-Georg Gadamer y Martin Heidegger hacia una posición filosófico-política de radicalismo de izquierda. La hermenéutica, un pensamiento cuyas raíces se hallan comprometidas con el cuestionamiento del proyecto normativo ilustrado y se ligan con la revolución conservadora alemana, ha terminado intentando articular un posible lenguaje social para la izquierda anticapitalista posmoderna (aunque no sólo para ella). El filósofo de Turín, traductor de Hans-Georg Gadamer al italiano y estudioso de Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche, alcanzó notoriedad intelectual definitiva como teórico del pensamiento débil y la posmodernidad, primero con El pensamiento débil (1983)[1] y luego con El fin de la modernidad (1985)[2] y Ética de la interpretación (1989)[3]. Fue profesor de Estética en la Universidad de Turín durante casi cuatro décadas; su retiro de la docencia universitaria dio ocasión a la disertación Del diálogo al conflicto (2008)[4], que marca un desplazamiento en su concepción de la hermenéutica; este discurso constituye la incorporación del turinés como lector filosófico de los cambios sociales y las transformaciones históricas. Esperando a los bárbaros acentúa un paso de Del diálogo al conflicto: desde un diagnóstico estetizante y dionisiaco posmoderno a la articulación de un lenguaje ontológico orientado a la interpretación de la resistencia y la subversión antiliberal. Éste es el horizonte para Esperando a los bárbaros.

La hermenéutica de Vattimo ha evolucionado desde un nihilismo radical, de disolución universal del sentido humano en la estética y la autorrealización narcisista, a ser la voz de los invisibles que padecen ese mismo proceso como una violencia: de la conformidad estética en un mundo de interpretaciones divergentes (y “débiles”) a la expectativa por lo nuevo en la historia, la “ontología del evento”[5]. Esperando a los bárbaros es parte de una trilogía impresa en Buenos Aires como proyecto editorial de la Federación de Docentes Universitarios (Fedun). Esperando a los bárbaros es la segunda y más novedosa entrega de esa trilogía, de la que forman parte De la realidad a la verdad[6] y Dios es comunista[7]. Se trata de un conjunto de conferencias y entrevistas ofrecidas en diversas visitas a la República Argentina que relacionan a Vattimo con el mundo público culto “peronista” de ese país (pág. 11), aunque también con los lenguajes sociales allí donde alcanza la influencia de su obra, una influencia cuya geografía en este caso es decisiva.

Vattimo, fuera de su Italia natal, ha logrado su mayor acogida como filósofo, la mayor difusión editorial, lectoría, participación en revistas, eventos académicos y colaboración de prensa, en el mundo hispanoamericano. Esta influencia se halla más acentuada en España, donde es colaborador del diario liberal-izquierdista El País y se encuentra la mayoría de sus publicaciones en lengua hispana; también su influencia es muy pronunciada en la Argentina y el Perú. Este vínculo hispanoamericano se ha visto reforzado por un compromiso explícito con aquellos procesos políticos de la región que han sido contestatarios en los últimos años del régimen económico, político y militar global del pensamiento único (pág. 63)[8]. Como se sabe, “pensamiento único” es una expresión creada por el publicista Ignacio Ramonet en 1995 para referirse al contexto histórico global posterior a la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría; designa el predominio consecuente del liberalismo político y económico (esto es, el capitalismo) luego de la autodisolución del comunismo. Esta hegemonía liberal ha sido denunciada por el turinés siguiendo una interpretación de Heidegger que permite reconocer en este fenómeno un horizonte de violencia metafísica[9]: contra los pueblos subordinados, contra “los invisibles y los silenciados” (pág. 71). El filósofo de Turín parece situar la hermenéutica como un compromiso ético y político con el evento, que acontece en la disidencia y la subversión social e histórica contra la imposición metafísica del liberalismo, especialmente en su faceta latinoamericana.

La plasmación hispano-latinoamericana del compromiso de Vattimo puede documentarse en Comunismo hermenéutico (2011)[10], obra conjunta con Santiago Zabala, orientada explícitamente para dar sustento filosófico a los procesos políticos disidentes del pensamiento único en la América Española; esa obra tiene como antecedente a Ecce comu, libro impreso en honor a Fidel Castro (2006)[11]. Argentina es uno de los lugares de mayor acogida de esta filosofía comprometida. No resulta nada casual la reimpresión con variantes de Ecce comu en Buenos Aires en 2009[12]; esta publicación inspiró parcialmente las Jornadas Internacionales de Hermenéutica, organizadas desde ese año hasta el presente de manera bienal por la Universidad de Buenos Aires. El compromiso entre la hermenéutica filosófica y los procesos políticos disidentes en América Latina, así como su recepción calurosa “peronista” en la Argentina explican la publicación en Buenos Aires de la trilogía que Esperando a los bárbaros integra; el Fedun no es una editorial académica, sino parte del aparato de difusión de un organismo sindical. Pero detrás de la influencia social y el interés político que las obras de Vattimo despiertan subyace un tema central de significado filosófico. Se trata de “el caso Heidegger”, una polémica sobre el compromiso político del maestro de Alemania que ha revestido inusual actualidad en la academia luego de la aparición parcial de los Cuadernos negros del autor alemán en 2014[13], texto cuya impresión esperaba inquieta la comunidad académica desde meses atrás; estos Cuadernos negros ofrecerían nuevas “pruebas” de lo obvio: del pensar comprometido de un autor en su contexto social. Las implicaciones de “el caso Heidegger” son relevantes porque se halla detrás de ellas la concepción de la racionalidad que la hermenéutica sostiene[14] y que Vattimo, desde el giro de Del diálogo al conflicto, opone al pensamiento único y la metafísica liberal. ¿Exige esto una ponderación del grado de “conflicto” que la ontología del evento acarrea? ¿Cuánto riesgo corren los intérpretes sociales de la hermenéutica?

Mientras los sindicatos de Buenos Aires difunden la obra del turinés, es sintomático que la comunidad filosófica haya guardado un prudente silencio sobre textos recientes de contenido político de Vattimo, en particular con Ecce comu pero, aún más, con Comunismo hermenéutico. Este silencio se relaciona con la versión aplicativa, “peronista” o “bolivariana”, con el interés y uso políticos que revisten ambas obras. En la hermenéutica en general, pero con claridad indiscutible desde Hans-Georg Gadamer, la comprensión no va desligada de la aplicación[15], esto es, de la capacidad de transferir los conceptos del filósofo a la interpretación y el compromiso con situaciones humanas concretas. Este programa, que Gadamer mismo se abstuvo de llevar a la práctica, se hace perceptible en analogía de los textos recientes de Vattimo con la conducta política y los escritos sociales de Martin Heidegger durante la fase nacional-socialista de la historia de Alemania[16] que, antes de la aparición de los Cuadernos negros en 2014, pusiera sobre el tapete Víctor Farías en la década de 1980[17]. A este respecto, aunque nadie en la comunidad filosófica lo haya hecho explícito aún y, más bien, se ha desdeñado[18], el lector podría sospechar que la dimensión aplicativa de la hermenéutica de Vattimo acarrea riesgos y peligros que, a la luz de la historia, el caso Heidegger muestra indeseables. ¿No podría Vattimo y su compromiso latinoamericano ir camino de cargar la filosofía con un nuevo “error” (algo así como “el error de Vattimo”)? Éste es el tema central de Esperando a los bárbaros: la defensa de la hermenéutica como un pensar desde el riesgo.

Esperando a los bárbaros es un conjunto de dos conferencias dictadas por Vattimo en Buenos Aires en el año 2013. La primera se titula “La muerte del arte de las obras de arte” (págs. 19-44); la segunda es “Esperando a los bárbaros (o sólo un dios puede salvarnos)” (págs. 45-73); un texto de estética seguido de otro de filosofía política. Es fácil notar sin embargo que ambos se complementan entre sí y constituyen un solo discurso en cuyo nudo se hallan a la vez Heidegger, sus Cuadernos negros y la pregunta por los riesgos del pensamiento del filósofo políticamente comprometido. Desde el prólogo, compuesto por el director de la Biblioteca Gianni Vattimo, Marcelo González Magnasco, se resalta el particular interés de la dimensión política de la segunda de estas conferencias (págs. 13-14); se referiría a una “izquierda débil” (pág. 16) con pretensiones de ser el pensamiento de “los débiles, los marginados, los invisibles” (pág. 18), sumidos en “un destino violento” (pág. 14). El lector frecuente de la obra de Vattimo se halla allí con lo que resulta una extraña novedad, a saber, la rehabilitación de una “actitud apocalíptica” (pág. 58)[19]; aunque esto puede pasar inadvertido, se trata de un tema filosóficamente determinante, relacionado con el alcance y la radicalidad del pensamiento de Vattimo y la versión de la hermenéutica que de ello se desprende. Desde la década de 1980 el turinés advertía que su obra era susceptible de una interpretación “apocalíptica”, que también denominó entonces “arcaísmo”[20]. Se trataba entonces de advertir contra un error; arcaísmo y Apocalipsis eran parte de una “desviación” de la hermenéutica; eran un peligro por su eventual estimulación a la violencia política, que entonces el autor “débil” recusaba; se trataba del temor ante sus posibles “consecuencias nihilistas” y “reaccionarias”[21]. Pero ya desde 2006 hay indicios de un giro hacia esta misma perspectiva apocalíptica antes negada (y a sus “consecuencias”): un riesgo propio de la “izquierda”, que quizá no resulte por ello tan “débil” ahora, que su autor ha pasado “del diálogo al conflicto”. Se hace necesario, como entiende el lector, encarar el caso Heidegger[22]. El conjunto del texto se sitúa en esta atmósfera apocalíptica que, como reconoce el autor (por sus antecedentes nazis), “puede causar un poco de vergüenza” (pág. 21).

Es conveniente aquí seguir el orden expositivo de las conferencias. “La muerte del arte de las obras de arte” es un extenso comentario a una frase de Nietzsche (cfr. págs. 21-22) que se halla orientado a señalar una propuesta sobre la experiencia artística en el tiempo presente, “en términos políticos o proféticos” (pág. 43); el arte aparece definido como una actividad que, por sus peculiares circunstancias históricas, tendría la misión política de “proponer un mundo”, lo cual es sólo posible para el artista si se halla “en contacto” con su entorno histórico (pág. 42). Es fácil reconocer allí la interpretación social y política que hace Vattimo del ensayo de Heidegger El origen de la obra de arte (1934)[23], y no extraña por ello que sea en función de Heidegger, en mayor medida que de Nietzsche, que se articula el sentido de la conferencia. Para Heidegger la experiencia de la obra de arte es un evento de “verdad”, un acaecer ontológico semejante a la “fundación de un Estado”[24]. Se trata de ordenar aquí un discurso sobre “qué es una experiencia estética” (pág. 22); en la estela de Heidegger, subraya el carácter fundante de una obra de arte como generadora de instituciones sociales nuevas, esto es, como hito social de un acontecer histórico transformador.

En el esfuerzo de “comprender la experiencia estética” (pág. 23) como Heidegger la expresa, el lector reconoce un desarrollo centrado en tres secciones. Se identifica una primera, que es un extenso comentario a la interpretación histórica de la estética según Hegel (págs. 22-28). La comprensión de “arte” de la obra de arte, así como su fin, pasaría básicamente por la herencia de la interpretación de lo artístico por Hegel, aunque su definición correspondería a lo que Luigi Pareyson –profesor de Vattimo-entiende como la concepción tradicional de la obra de arte (pág. 24): un acto de imposición de una realidad autónoma, algo que “se impone” (pág. 24) en “una época” (pág. 27). La segunda sección justificaría la posición de Heidegger a partir de condiciones sociales específicas de inicios del siglo XX: una acelerada industrialización y la objetualización mercantil de la obra de arte; éstas habrían sido enfrentadas por las vanguardias artísticas que precedieron a la conferencia de Heidegger de 1934 y en parte son su trasfondo de sentido (págs. 28-38). La tercera y última sección constituye la propuesta de Vattimo propiamente dicha (págs. 39-43). El lector observa que la definición del arte que pasaría por clásica a través de Pareyson adquiriría un relieve nuevo en el contexto  social de las vanguardias artísticas, frente al cual Heidegger habría politizado la imposición del carácter singular y fundante de la obra de arte. Se trataría de la forma filosófica de un “rechazo ético y político” (pág. 35) del significado social de la obra de arte clásica en la época moderna (cfr. págs. 28-30).

El lector comprende pronto el trasfondo de sentido de la conferencia sobre arte. Tras la propuesta final de Heidegger-Vattimo sobre el carácter social fundante del arte se halla el hecho de que Heidegger diseñó la versión final de El origen de la obra de arte entre 1934 y 1935; tenía entonces a la vista el fastuoso y multitudinario Congreso del Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler en Nuremberg, pero aún más la inmortalización de ese mismo congreso por Leni Riefenstahl en el film El Triunfo de la voluntad (que sin duda es una obra de arte), en suma, la dimensión monumental y artística de ese régimen nazi del que Heidegger era parte suscriptora (cfr. pág. 21). Cuando Vattimo es explícito con la deuda de Heidegger a veces disimula estas referencias nazis fechando el texto en 1936, cuando el vínculo de Heidegger con el Partido Nacional Socialista se había aligerado bastante, al menos respecto de la situación en 1934, que es la que explica el contenido político de la conferencia sobre la obra de arte[25]. Aunque nadie podría reprochar una adhesión similar en Vattimo, lo cual así pensado sería una mera vulgaridad periodística y una frivolidad estúpida, es manifiesto que hay una analogía histórica entre uno y otro filósofo, como Vattimo mismo admite[26]; se trata de una pertenencia mutua al horizonte de una concepción antimoderna y antiilustrada de la racionalidad humana que (para seguir la estrategia de argumentación de la conferencia) descansa en un contexto semejante[27]. “El error de Heidegger estuvo fundado en (un) sentimiento apocalíptico” (pág. 61) –escribe el de Turín-; por ello “es central que nos preguntemos si tenemos razones para ser apocalípticos hoy” (pág. 62), esto es, si vale la pena arriesgarse a error semejante. Y ya sabemos que hay un “cierto tono apocalíptico reciente” que la obra reciente de Vattimo desea rehabilitar, con todo y sus temibles “consecuencias”. Malgré tout, urge separar Apocalipsis de nazismo. Estamos en la conferencia siguiente.

La segunda conferencia no en vano se inicia con una frase que Vattimo toma de Heidegger: “Un gran pensador siempre dice una sola cosa” (pág. 47). Rápidamente el lector reconoce en la segunda conferencia el complemento de la anterior: “cuando hablamos de los filósofos” hay veces en que se debe dar cuenta de sus “vidas” (de sus vidas nacional socialistas) aunque sea “controvertido y problemático” (pág. 48), relativo a algo “respecto de lo que hablé hace seis meses” (pág. 49). Se trata –como ya sabemos- de un tema irresuelto de la conferencia anterior, que acarrea desde su giro político en Del diálogo al conflicto y que es una constante desde entonces[28]. Esta conferencia sitúa la anterior interpretación del arte como imposición social de algo nuevo “desde nuestra condición apocalíptica”; el manido tópico heideggeriano de la obra de arte como evento fundante, análogo a la “fundación de un Estado”. Es desde y porque hay una situación apocalíptica que Vattimo se ocupa de sustentar “la espera frente a la parusía” “sin intentar reducirla a algo que ya pasó”; a “una persona como el Führer” (págs. 72-73), por ejemplo, que es lo que haría un periodista muy documentado pero distraído que buscara en Heidegger (¿o Vattimo?) a un hombre equivocado antes que a un filósofo, como hizo antes Farías. Se trata de comprender e incluso de recuperar positivamente el error de Heidegger, eliminando “lo que ya pasó” (esto es, el nacional socialismo) pero “manteniendo una actitud crítica y conservando la esperanza” (pág. 73).

La conferencia “Esperando a los bárbaros” se inicia con una introducción retórica al tema de la conferencia a través de la explicación de su (doble) título, de un lado, un poema del griego Constantino Kavafis, de otra, una frase de Heidegger interrogado sobre su rol en la Alemania de Hitler. “Sólo un dios puede salvarnos” es una frase en una entrevista que concedió Heidegger en 1953 para la revista Der Spiegel[29]; como ya se ha anticipado, esta frase se relaciona con su compromiso nacional-socialista. El peso definitivo para el nuevo tono apocalíptico de Vattimo se halla en vincular de manera expresa una concepción de la experiencia histórica que acompaña, no sólo a Heidegger, sino al filósofo turinés mismo; se trata de entender la hermenéutica y la ontología del evento desde una urgencia y como un anunciar: como comprensión que no se agota en el presente, sino que adivina y tantea, peronista o bolivariana, en cualquier caso desde fuera de algo que, presente para el hombre, claramente no es de su disposición. En medio de un futuro que es y se quiere misterio, ya que experiencia tremenda y fascinante de una violencia insoportable, “con Heidegger y más allá de él”, preparándose “para una nueva venida del Ser”[30]. Una manera de explicar esto en relación con la historia es pensar desde el final, hacia la revelación de un advenir indisponible. El advenir de los bárbaros, que no pueden ser conocidos (cfr. pág. 50), sino adivinados en la esperanza, la esperanza de “la salud que viene de otro” (pág. 51).

Allí donde “el apocalipsis es el pensamiento único” (pág. 63) “si Heidegger estuviera aquí diría lo mismo”, aunque “quizá con una camiseta nazi” (pág. 67). Pero no es Heidegger quien se halla aquí, sino Vattimo y, en última instancia, con él y a través de él mismo como profeta, una experiencia histórica; instalada desde la violencia metafísica del pensamiento único; es esta experiencia lo que, a nuestro entender, conllevaría el pronóstico de una “parusía” (pág. 73). El hermeneuta adopta pues, una “actitud profética y política” (pág. 41); entiende que un pronóstico es anuncio de algo histórico que él mismo no sabe (cfr. pág. 48); diagnostica, pues, con “temor” (pág. 50) y adivina algo; espera en su advenimiento entre los invisibles y los débiles, allí donde los cuadernos de un filósofo, negros, verdes o rojos, parecen anunciar la esperanza.
Caetera desiderantur…



Tomado de Araucaria digital/ Sección reseñas




[1] G. Vattimo y P. A. Rovatti (eds.), El pensamiento débil [1983],  Madrid, Cátedra, 1995, 363 págs.
[2] G. Vattimo, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna [1985], Barcelona, Gedisa, 2000, 169 págs.
[3] G. Vattimo, Ética de la interpretación, Barcelona, Paidós, 1992, 224 págs.
[4] G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto. Lección magistral de despedida de la enseñanza”, en T. Oñate et alii, El compromiso del espíritu actual. Con Gianni Vattimo en Turín, Cuenca, Aldebarán, 2010, págs. 23-34.
[5] Cfr. G. Vattimo, Della realtà, Milano, Garzanti, 2012, págs. 99-140.
[6] G. Vattimo, De la realidad a la verdad. Conferencia con motivo de la distinción del Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Fedun, 2014.
[7] G. Vattimo, Dios es comunista. Conversaciones con Marcelo González Magnasco y Adriana Farías, Buenos Aires, Fedun, 2014, 89 págs.
[8] Cfr. G. Vattimo, Dios es comunista, págs. 55 y ss.
[9] Cfr. G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, págs. 27-29: cfr. particularmente G. Vattimo, “Metafísica y violencia”, en S. Zabala (ed.), Debilitando la filosofía. Ensayos en honor a Gianni Vattimo, Barcelona, Anthropos, 2009, págs. 451-475; comparar el anterior con G. Vattimo, “Fundamentalismo democratico e dialettica del pensiero”, en VV. AA., Democracia profunda, reinvenciones nacionales y subjetividades emergentes, Río de Janeiro, Editora Universitaria Candido Mendes, 2007, págs. 403-410.
[10] G. Vattimo y S. Zabala, Hermeneutic Communism. From Heidegger to Marx, New York, Columbia University Press, 2011, 256 págs.
[11] G. Vattimo, Ecce comu, La Habana, Ciencias Sociales, 2006, 154 págs.
[12] G. Vattimo, Ecce comu. Cómo se llega a ser lo que se era, Buenos Aires, Paidós, 2009, 131 págs.
[13] M. Heidegger, Überlegungen II-VI (Schwarze Hefte 1931-1938), Frankfurt am Main, Vittorio Klostermann, 2014 (GA 94); M. Heidegger, Überlegungen VII-XI (Schwarze Hefte 1938/39), Frankfurt am Main, Vittorio Klostermann, 2014 (GA 95); M. Heidegger, Überlegungen XII-XV (Schwarze Hefte 1939-1941), Frankfurt am Main, Vittorio Klostermann, 2014 (GA 96).
[14] Cfr. G. Vattimo, “La reconstrucción de la racionalidad”, en G. Vattimo (comp.), Hermenéutica y racionalidad, Santa Fe de Bogotá, Norma, 1994, págs. 141-161.
[15] Cfr. H-G. Gadamer, Verdad y Método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica, Salamanca, Sígueme, 1993, págs. 378 y ss.; J. Grondin, Introducción a la hermenéutica filosófica, págs. 168-169.
[16] Cfr. G. Vattimo, Della realtà, págs. 172 y ss.
[17] V. Farías, Heidegger y el nazismo [1987], México, FCE, 1998, 602 págs.
[18] Cfr. D. M. Leiro, “Hacia una hermenéutica de la escucha”, en T. Oñate et alii, El compromiso del espíritu actual. Con Gianni Vattimo en Turín, Cuenca, Aldebarán, 2010, pág. 60.
[19] Hace referencia a una (entonces) célebre conferencia de Jacques Derrida en Cerisy-La-Salle (1982). Cfr. J. Derrida, Sobre un tono apocalíptico adoptado recientemente en filosofía, México, Siglo XXI, 2006, 79 págs.
[20] Cfr. G. Vattimo, Más allá del sujeto. Heidegger y la hermenéutica, Barcelona, Paidós, 1989, págs. 15-16; G. Vattimo,  Ética de la interpretación, págs. 16 y ss., 64-65.
[21] G. Vattimo, Ética de la interpretación, pág. 22.
[22] Cfr. G. Vattimo, Ecce comu, págs. 52-53.
[23] M. Heidegger, “El origen de la obra de arte”, en Sendas perdidas, Buenos Aires, Losada, 1960, págs. 13-67.
[24] Cfr. M. Heidegger, “El origen de la obra de arte”, pág. 51; G. Vattimo y S. Zavala, Hermeneutic Communism, pág. 42; G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, pág. 31.
[25] G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, pág. 29; G. Vattimo, Della realtà, págs. 125-126.
[26] Cfr. G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, págs. 32-33.
[27] Como explícitamente resalta el propio Vattimo en una entrevista de 2013; cfr. G. Vattimo, Dios es comunista,  págs. 67-68; G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, págs. 28-29.
[28] Cfr. G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, págs. 28-33; G. Vattimo, Della realtà, págs. 12 y ss.
[29] M. Heidegger, “Entrevista del Spiegel” [1976], M. Heidegger, La autoafirmación en la Universidad alemana. El Rectorado, 1933-1934. Entrevista del Spiegel, Madrid, Tecnos, 1989, pág. 71.
[30] G. Vattimo, “Metafísica y violencia”, en S. Zabala (ed.), Debilitando la filosofía. Ensayos en honor a Gianni Vattimo [2007], Barcelona, Anthropos, 2009, pág. 472.

Philosophie.ch/ Swiss Portal for Philosophy

Heute ist der Startschuss für den neuen Blog von Philosophie.ch gefallen! Bis Dezember erscheinen nun mehrere Beiträge pro Woche zur politischen Philosophie. Heute zum Thema: "Die Demokratie und ihre Experten" von Michael Ivo Räber.
"Ein scherzhaftes Sprichwort besagt, ein Consultant (Berater) sei jemand, der dir die Uhr vom Handgelenk nimmt und dir sagt wie spät es ist. Scherze besitzen oft ein Körnchen Wahrheit, auch dieser. Berater, oder genereller Experten, sagen uns mitunter, was wir selbst schon wissen könnten (wofür wir sie also nicht bräuchten), und sie tun dies mit einer bestimmten Absicht, die uns vielleicht verborgen bleibt. So formuliert ist dies ist natürlich eine Zuspitzung von Tatsachen.
Gleichzeitig lässt sich beobachten, dass wir uns in unserem Alltag in vielen Lebensbereichen zunehmend auf das Wissen und die Autorität von sogenannten Experten stützen, gerade auch wenn es um politische Entscheidungen in westlichen Demokratien geht. Dies scheint im Widerspruch zu stehen mit einer Idealvorstellung von Demokratie, welche den Bürgerinnen und Bürgern zutraut, selbst zu regieren und das notwendige Wissen zu besitzen, informierte Entscheidungen zu fällen. Allerdings sind die politischen Realitäten in komplexen Massendemokratien so gelagert, dass Experten durchaus legitime und unverzichtbare Funktionen erfüllen. Dies wirft die Frage auf, was denn Experten in politischen Fragen genau sind (worin sie sich beispielsweise von Experten für Häuser- und Brückenbau unterscheiden) und vor allem, was sie sein sollen und was nicht."


La sfida della Democrazia/ Gianni Vattimo y Giacomo Pisani



Convocatoria al II Congreso de Filosofía "Augusto Salazar Bondy" (Lima)


miércoles, 24 de junio de 2015

Las cinco esquinas de la racionalidad/ nuevo libro de José Luis Herrera







La Coalición cumple con anunciar a sus lectores la presentación pública del nuevo libro peruano de filosofía Las cinco esquinas de la racionalidad, un audaz texto de antropología filosófica de José Luis Herrera, filósofo y matemático peruano.

La obra será presentada el día 25 de junio de 2015 en el Auditorio Antenor Orrego de la Universidad Naciobnal Federico Villarreal (Lima)


Ficha de la presentación:

José Luis Herrera, Las cinco esquinas de la racionalidad, Lima, IIPCIAL, 2014, 240 pp.

Presentación a cargo de Orazio Ramuni, Director de la Escuela Profesional de Filosofía/ Universidad Nacional Federico Villarreal

Fecha y horario: 25 de junio de 2015/ 4:00 pm - 6:00 pm

Dirección: Av. Colmena izquierda s/n Lima


domingo, 21 de junio de 2015

José Ignacio Moreno/ Una presentación




José Ignacio Moreno
Una presentación

Marco Ricse
Universidad Nacional Federico Villarreal

Hay personajes muy importantes que la historiografía peruana ha relegado al olvido, como también inmensas cantidad  de libros destruidos o perdidos en el tiempo, obras que probablemente  no podremos rescatar de la indiferencia del investigador, del  apetito de las polillas o de la humedad de la capital. No deseamos que sea éste el caso de uno de los más importantes pensadores políticos de fines de la monarquía peruana, el Padre José Ignacio Moreno Santisteban, un personaje que recuperamos para la historia de las ideas políticas en el Perú.  Moreno nació un 8 de agosto de 1767 en el puerto de Guayaquil (Ecuador) entonces perteneciente al Virreinato del Perú. Fue hijo de José Ignacio Moreno, escribano público de Cabildo, Minas y Real Hacienda y de su segunda esposa Ana Manuela de Silva-Santisteban y Larralde. Sobresalió en la sociedad virreinal como hombre de admirables conocimientos científicos naturales, humanísticos y teológicos.  Moreno vivió durante la segunda mitad del siglo XVIII del Perú virreinal y las primeras décadas del XIX del Perú republicano. El tiempo en que vivió presentó un panorama político económico y social difícil para el imperio español que el prestigioso latinoamericanista John Fisher comenta en su libro Perú Borbónico. Fisher señala que la corona española, luego de perder la Guerra de los Siete Años al lado de Francia como aliada, reconoció la decadencia de su poderío imperial. Carlos III presta entonces una urgente atención a la reorganización y modernización de su administración en los reinos de ultramar con el fon de lograr una defensa efectiva del Perú: estamos ante las llamadas por los historiadores “Reformas Borbónicas”.

Por la  aplicación de las reformas y el aumento del control directo de la corona de la administración,  los criollos se vieron desplazados en los cargos públicos del Reino por los peninsulares; la tensión generada por esta situación se añade a numerosos conflictos entre nuevos y antiguos funcionarios de la Monarquía. De este modo se inició una decadencia del gobierno español desde 1788, que se prolongaría hasta la desarticulación del Imperio español en lo que en la historia española se conoce como el trienio liberal, que dio lugar a la pérdida de los dos más importantes reinos españoles de ultramar: México, que se proclamaría imperio independiente y el Perú, reino proclamado independiente en 1821. En el escenario de crisis para España y sus dominios americanos se inicia y realiza la vida y obra del presbítero José Ignacio Moreno.  Desde muy joven, Moreno llega a Lima por gestión de un tío materno y se matricula en el Seminario de Santo Toribio. Luego pasa al Real Convictorio de San Carlos. En este centro de estudios Moreno se graduó de doctor en derecho Canónigo y finalmente se ordenó sacerdote y su periplo en el Real Convictorio coincide con el rectorado de Toribio Rodríguez de Mendoza. Además se relacionó con el tercer Conde de Vistaflorida, José Baquíjano y Carrillo y con Fr. Diego de Cisneros, ambos también conocedores y seguidores de las nuevas ideas modernas que probnto terminarían con la Monarquía. En 1787 sustenta un acto público de Derecho Natural y de Gentes bajo la dirección del Dr. Mariano de Rivero; el 6 de junio de1789 fue declarado bachiller en Cánones en la Universidad Real y Pontificia de San Marcos; el 6 de diciembre de 1792 se recibió de Abogado  ante la Real Audiencia. Fue miembro de la Sociedad de Amantes del País presidida por el Conde de Vistaflorida, publicando allí varios trabajos en su órgano de publicación Mercurio Peruano. Debido a que Moreno era un conocedor del desarrollo de  las nuevas ciencias en 1787 presidió  un Acto público de Filosofía y Matemáticas dedicado a la Universidad de San Marcos. Sus trabajos y exámenes causaron admiración de los sabios  Nee y Haenke, llegados a Lima en la expedición científica de Malaspina. Moreno dictó la cátedra de Matemática en San Carlos y también fue Vicerrector Regente de Estudios, corriendo a su cargo la confección del Plan General de Estudios y la formación de Tablas o Programas de las distintas asignaturas, que el Mercurio Peruano publicó con elogio[2] .

Es notable el sermón de Moreno del 10 de mayo de 1812 en la iglesia de Huancayo; se trata de la Exhortación a la sumisión y la concordia. Su alocución tuvo como principal motivo una breve proclama hecha por el virrey Fernando de Abascal como parte de su política de concordia entre españoles americanos y peninsulares unidos bajo una misma corona. Por entonces se sofocaba una triste rebelión de los indígenas en Huánuco, aparentemente con apoyo de extranjeros de Río de la Plata y que, ante la ausencia del monarca legítimo Don Fernando, pensaron en su reemplazo por el “Inca Castelli”. Para 1812, el panorama político y social era muy tenso y trágico y la rebelión de Huánuco fue un asunto de suma seriedad para el gobierno. Por tal motivo, lo exigido por el Virrey era centralmente la pacificación de la insurrección y la denuncia de sus perjuicios como una detestable ingratitud a comparación de los beneficios otorgados por las Cortes. Ciertamente, las Cortes Soberanas detentaban el gobierno del Imperio español desde 1810 como consecuencia del cautiverio del rey Carlos IV que había suspendió el gobierno oficial.





En la Exhortación a la sumisión y la concordia hay tres ideas centrales, que organizan el contenido del sermón. La primera es la gran importancia que se otorga a la autoridad política, la segunda la predestinación del establecimiento de las autoridades del mundo por Dios y la tercera -como consecuencia de las anteriores-, una definición particular del concepto de patria. Luego, en la misa del primero de enero de 1813 en la Iglesia Parroquial de la Doctrina de Huancayo pronuncia la Juramentación de la Monarquía española. En ella expondrá las presuntas cualidades de la Constitución de Cádiz como los fundamentos filosóficos y políticos que la justifican, en comparaciones y ejemplos históricos del desarrollo de las sociedades políticas. Se trata de una concesión a un hecho consumado. El 8 de marzo de 1820 Moreno pronunció un discurso en la Sociedad Patriótica de Lima defendiendo opción monárquica del general San Martín. En tal situación  Moreno intentó explicar y justificar la conveniencia del modelo monárquico como un modelo necesario para la situación del Perú. Sus argumentos hicieron uso de conocimientos de geografía,  histórica sacra y profana, posibles gracias a su vasta erudición. Comenzó advirtiendo que “El gobierno toma distinta forma según se difunde el poder político, comunicándose  por los primitivos pactos sociales a uno, a algunos, o a todos los miembros del Estado. Bajo cuyo supuesto asentó primero esta proposición general: la difusión del poder político está en relación directa de la ilustración y civilización del pueblo, y en razón inversa de la grandeza del territorio que ocupa”. 

A partir de esta proposición general, Moreno, intentó una interpretación del El Espíritu de las Leyes de Montesquieu tratando de adecuarla a la realidad social y política del Perú. Así, la aplicación de la teoría del Espíritu de las Leyes hecha por Moreno tendría la intención de demostrar la factibilidad y necesidad del establecimiento de una monarquía en el Perú independiente. En 1826 Moreno ocupó el Vicerrectorado de San Marcos y para ese periodo su interés se centró en la defensa de la independencia jurisdiccional de la Iglesia frente a las pretensiones secularizadoras del Estado. Las incidencias que influyen en este interés son: el establecimiento de la república, la partida del General San Martin, la llegada del Simón Bolívar y su dictadura. Adicionalmente, la frecuente inestabilidad política que tendía a la injerencia del Estado en materia de la administración eclesiástica. Dos textos fundamentales ocupan al autor en este periodo; Cartas Peruanas entre Filaletes y Eusebio, de 1826  y el Ensayo sobre la Supremacía del Papa (en dos tomos) de 1831-1836. 

Cartas Peruanas entre Filaletes y Eusebio es una obra de considerable amplitud y erudición de gran alcance. Compuesta por 32 cartas, a lo largo de 595 páginas, con 24 páginas en promedio por carta epístola intercambiada entre dos personajes ficticios, Filaletes y Eusebio. Ambos muy buenos amigos preocupados por resolver las interrogantes que les habría provocado la lectura de Las Ruinas de Palmira de C-F. deVolney y El citador, de Guillaume Pigault-Lebrun. La obra es de carácter ético y apologético, y su principal objetivo es mostrar y refutar las inconsistencias formales del materialismo y el ateísmo, las doctrinas protestantes y, sobre todo, contra las obras de los autores ilustrados franceses. En general, a todo lo que pueda oponerse a la doctrina católica como el deísmo y el ateísmo.Con una dilatada habilidad de análisis y manejo de recursos bibliográficos, Moreno se aplica en la disciplina de agotar todo tipo de dudas teóricas y doctrinarias. Concentrando su censura en los autores franceses luego propondrá como alternativa una filosofía de carácter cristiano. En esta ingente obra demuestra conocimientos de historia sagrada y profana, teología, filosofía y lenguas antiguas. Con el valioso desarrollo valiosos capítulos de filosofía política, ética y temas afines a los que daremos mayor atención y detalle más adelante.

El Ensayo sobre la Supremacía del Papa fue escrito en 1831, el libro está situado dentro de las polémicas teológicas del siglo XIX y Moreno durante estas primeras décadas fue uno de sus representantes más ilustres en el Perú. En esto José Ignacio Saranyana describe los acontecimientos en la que ubicamos el contexto de la redacción del Tratado. Comenta que desde las reformas regulares en 1826 Moreno muestra una férrea oposición desde el punto de vista jurídico por ese tipo de reformas llevadas a cabo por el estado, aduciendo que había antes que pedir permiso al Papa. Luego otro incidente surgió cuando en 1829 se intentó que el diezmo fuera aplicado no sobre la producción comercial agraria, sino sobre la utilidad bruta de esta. Moreno, entonces al formar parte del cabildo reacciona aduciendo que es parte del derecho eclesiástico el cual solo Roma podía modificar. Por lo tanto mostramos que ya para el 1831 por este constante interés redacta su Tratado Sobre la Supremacía del Papa. En el establece sus ideas sobre el problema de la jurisdicción papal rechazando la idea común regalista de que la secesión del patronato se ha heredado completamente de España. Moreno tiene como finalidad defender la supremacía espiritual y temporal del Papa de los argumentos de laicos y clérigos regalistas como Tamburini, Villanueva y Pradt. En este periodo cabe señalar, con Francisco Larroyo, que Moreno forma parte de la primera etapa que representa la reacción de la escolástica frente al enciclopedismo y liberalismo, de la que formaría parte junto con los padres. Pedro Gual y Vicente Solano rechazan en general todo tipo de filosofía innovadora que no corresponda a la rígida doctrina tomista. Asimismo, la segunda etapa corresponde a Jaime Balmes, Félix Reyes Ortis y Clemente de Jesús Munguía. De esta manera, el conjunto de las polémicas que se desarrollarán durante el siglo XIX  tendrán de acuerdo José Ignacio Saranyana una raíz más profunda “la dimensión internacional del conflicto entre el mundo moderno y cristianismo, y la dimensión nacional, en torno a la ofensiva secularizadora del estado”. José Ignacio Moreno, una de las figuras más importantes del pensamiento político peruano del siglo XIX  fallece en el pueblo de Magdalena, antigua residencia de campo de los virreyes, muy cerca de Lima, en 1844, a la edad de 64 años.


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