sábado, 29 de octubre de 2011

La deconstrucción como el “Orfanato” del marginado (Parte I) La deconstrucción como el “Orfanato” del marginado - Parte II

La deconstrucción como el “Orfanato” del marginado
Parte II



Una característica de la deconstrucción es su primado de la voluntad sobre la razón, de la ética sobre la ontología. Sin embargo, no se trata de una voluntad de potencia o dominio sino de una predilección en relación por los últimos, por los marginados. La deconstrucción se vuelve así la “sede del marginado”, el lugar donde encontrará afirmación, defensa y, en definitiva, existencia real. Si al principio dijimos que Derrida habla de la inscripción, decimos ahora que piensa en clave de marginación, del olvido, de represión y de exclusión. No sin razón uno de los textos claves de Derrida lleva por título “Márgenes de la filosofía”.

Nuestra reflexión sobre la filosofía de Jacques Derrida y su posibilidad de porvenir tomará como punto de referencia la figura del huérfano como marginado. Confieso que esta elección no es azarosa, sino que es fruto de mi experiencia personal visitando un orfanato en Perú y entablando amistad con los huérfanos que allí residían y recogiendo su experiencia de exclusión y marginación a partir de su “ser diferente”, su “vida diferente”.

La orfandad como inscripción y evento


ὀρφανός
significa desconsolado, afligido, dolido, en duelo, haber sido privado de algo o alguien valioso. De ahí que signifique sin padres, pero también puede significar sin tutores, sin maestro, sin guía. Otra connotación del término también aduce a la falta de hijos, el huérfano también es alguien que ha perdido un hijo. El verbo ὀρφανίζω quiere decir hacer huérfano al alguien, despojar. El huérfano es aquel que ha sido privado y por eso está en duelo, está afligido. El hombre afligido ha caído en la ὀρφανία, ha llegado al día del sufrimiento. Qué hace huérfano al alguien ¿Ser privado de algo o estar afligido por haber sido privado de algo? Parece ser que el ser privado de algo es causa de la aflicción. Esta aflicción configura la realidad ontológica de quien sufre la privación. No es cualquier privación la que acontece en la orfandad. De lo que se priva es de la relacionalidad del sujeto con su origen (arche) o con su horizonte (telos). Esta relación con el padre o con el hijo que configura la relación paterno-filial. La orfandad no hace, entonces referencia sólo a la privación del padre o la del hijo, la privación a la que hace referencia es a la de la relación paterno-filial. La ausencia de cualquier de los términos produce la desaparición de la relación en cuanto tal. Y si, como ha enseñado la metafísica clásica, la relación define a la persona, entonces fruto de esta privación acontece la negación de la personalidad y con ella la de la propia existencia. Sin horizonte y sin historia, se está a merced de la exclusión y la marginación. Se le excluye y margina porque ha perdido su ser y como tal es diferente, no es un alter ego, no es una persona. De modo que huérfano es otro término para hacer referencia al marginado, al excluido, en definitiva “al malvado”.

Derrida concibe la historia del ser como olvido del ser en términos de represión y exclusión. La figura del huérfano es ha sido muy usada en la literatura para mostrar la marginación, la exclusión, pero también la lucha, la esperanza y la recompensa por el sufrimiento. Se ve en la teleología oculta de estas narraciones la búsqueda de un ideal de recompensa con el que sufre. Sin embargo, no con ello se llega a reivindicar la figura del huérfano en el aquí y ahora.

¿Cómo una persona deja de ser persona? Inaudito. Ha sucedido lo imposible. La orfandad es en esencia un evento, es el suceder de lo imposible. Porque un evento debe ser una sorpresa absoluta, debe interrumpir el curso de la historia, la consideración de las posibilidades, debe exceder las condiciones de posibilidad y el horizonte. La ausencia de horizonte, es por tanto, la condición del evento. El evento es el suceder del doble vínculo entre la continuidad y la interrupción. Unos siguen siendo personas, el huérfano ha dejado de serlo, ha interrumpido su horizonte de existencia, se ha hecho él mismo un evento inscrito en el acontecer de la historia. Hemos comenzado a hablar de la historia como historia de poder, del poder de unos para hacer de lo imposible posible, la historia de otros que son víctimas de este poder. ¿Cómo una persona puede declarar a otra como no-persona imponiéndole una identidad que lo segrega? También inaudito. No es posible, pero sucede, entonces no es imposible, es posible. Es la posibilidad de la imposibilidad una consecuencia del poder de definir, de identificar y con ello también de excluir. “Omnis definitio est negatio” solían decir los escolásticos medievales, con ello nos aseguran que el progreso de occidente es fruto de la negación y de la exclusión de los que son diferentes, no-iguales, o simplemente desconocidos. En el centro de la marginación, la exclusión funciona como una suerte de redención (como explica Foucault). Los exclusores creen que hacen un bien al relegar a los confines de la comunidad al diferente, al expulsarlo lo que creen hacer es devolverle cierta existencia. Parece ser que ven en la exclusión y represión el remedio a la diferencia, el bien moral está en la ex-comunión antes que en la aceptación y la com-unión.

Ahora bien, si la cura debe ser proporcional a la enfermedad, entendiendo nosotros por enfermedad no la diferencia, sino la exclusión; el evento de la orfandad será deconstruido en la lógica del evento. Pues la deconstrucción buscar también practicar lo imposible, lo inaudito. Busca afirmar lo negado, incluir lo excluido, in-comulgar lo ex-comulgado, inscribir en la historia lo que ha permanecido en los márgenes.

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