viernes, 25 de febrero de 2011

Derrida, El Circunciso (Parte I)



Derrida, el circunciso: Elías el Guardián de La Alianza

Jimmy Hernández Marcelo
Facultad De Teología Pontificia Y Civil De Lima

El encabezado con el que comenzamos nuestra investigación podría resultar sugerente para algunos, para otros, resultaría incoherente y discordante. No obstante, creemos que desde esta perspectiva haremos una introducción a Derrida desde Derrida mismo, desde su proceso interno de desarrollo personal vital y también filosófico.

¿Quién es Derrida? Es una pregunta que abrirá muchas puertas en la comprensión de su forma de entender la filosofía y la vida misma. Describirlo como ser humano, como hombre que sufre, que llora y ríe, es mostrarlo como cualquier persona, que a su vez no es cualquier persona. La circuncisión, la Alianza y Elías serán piezas claves en la comprensión de la Deconstrucción. La forma cómo Derrida se relaciona con estas tres realidades marcarán para siempre su vida y su pensamiento. Porque en Derrida vida y pensamiento están compenetrados de tal forma que será imposible separarlos. Y si, por el contrario, intentáramos tratar de comprender lo que trató de dejarnos como forma de pensar y filosofar, cometeríamos un grave crimen hermenéutico.

Pensamiento y vida en Derrida no son sólo indisolubles porque lo que vivió sirvió para luego generar su sistema filosófico, sino sobre todo porque él vivió en él mismo lo que pensó. Es decir su propia existencia individual en este mundo influye doblemente en su pensamiento. Por un lado, como punto de partida; por otro, como punto de arribo, es decir, como lugar de aplicación concreta.

Además, Derrida se nos presenta en el mundo de la filosofía como un pensador contemporáneo. Y podríamos decir que es “el más contemporáneo de nuestros contemporáneo”. Ya que la originalidad de sus postulados lo hace comparable a Kant, Nietzsche o Heidegger. No obstante ha sido objeto de numerosas denuncias, así como también ha gozado de algunos aduladores, muchas veces, admiradores de una parte de su pensamiento pero no ven el todo de su obra. Éstos abundan sobre todo en lo que se ha venido denominando Crítica literaria o Teoría crítica.



Jacques Derrida ha llegado a ser conocido en el panorama mundial más por los partidarios de la crítica literaria que por sus planteamientos filosóficos. Sin embargo, nuestra investigación no sigue aquel rumbo, sino que por el contrario mostramos a Derrida como un gran pensador y filósofo contemporáneo. Es gestador de un método de hacer filosofía o de filosofar llamado deconstrucción. En este artículo trataremos de trazar una línea de tiempo en la que se integren coherentemente su vida y su pensamiento. Esta coherencia nos hará comprender de qué manera en Derrida no se puede hablar de períodos o de estilos de escritura. Puesto que su obra es un todo compacto y evolutivo, es decir, que sin perder la intención del principio, pasando por los diversos giros que se muestran en sus obras, como la que se podría interpretar a partir de 1974 con su obra Glas , en la que se ensayaría una evidente inclinación por la literatura más que por la filosofía, Derrida mantendría la fidelidad a las investigaciones que dieron origen a su pensamiento. Si es que la división no se hace como mera descripción pedagógica para acercarnos más a la pureza de su pensamiento, sino más bien con la intención de mostrar la imposibilidad lineal de presentación del itinerario intelectual de nuestro autor, esto último, según nuestro juicio, llevaría a una lectura errónea de la obra derridiana y de su ulterior interpretación.

Derrida es un judío circunciso no creyente, también es Elías, el guardián de la Alianza sellada entre Dios y los hombres y que tiene como misión velar por la fidelidad de la misma. Elías era su nombre no escrito, nunca revelado, siempre oculto y marginado. Su nombre, como todos los nombres judíos manifiesta su identidad, pero también su misión.

La circuncisión, Elías, la Alianza y Derrida son todos uno sólo, y a la vez no es ninguno de ellos. Son todo y nada. Son Derrida y su identidad que nunca ha llegado a conocer del todo y que han hecho de él un incansable buscador de identidad. La inscripción de la Alianza y ella misma es la inscripción de Dios con su pueblo perennizado en el cuerpo de cada judío. Elías como el inscriptor, o si se quiere, el pre-scriptor de la fidelidad de los hombre con Dios.



PD. Este post forma parte de una seguidilla de artículos sobre Derida que se irá publicando en el mes de marzo de 2011.

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