jueves, 14 de enero de 2010

Intelectuales, monarquía y democracia (2da parte)



Intelectuales, monarquía y democracia, 2DA PARTE

Nurredín David Cueva



La democracia ha conseguido lo que Keynes soñó: “la eutanasia de la clase adinerada”. La declaración de Keynes que “en carrera larga todos estaremos muertos” exactamente expresa el espíritu democrático de nuestros tiempos: hedonismo orientado sólo al presente. Aunque sea perverso no pensar más allá de la propia vida de alguien, tal pensamiento se ha hecho típico. En vez de ennoblecer a los proletarios, la democracia tiene proletarizadas las élites y ha pervertido sistemáticamente el pensamiento y el juicio de las masas.


El destino de los intelectuales

Por otra parte, mientras las élites naturales estaban siendo destruidas, los intelectuales asumieron una posición más prominente y poderosa en la sociedad. En efecto, en gran medida han conseguido su objetivo y se han hecho la clase dirigente, controlando el Estado y funcionando como jueces monopolísticos : (…) los intelectuales son ahora típicamente empleados públicos, aunque trabajen para instituciones o fundaciones nominalmente privadas. Casi completamente protegidos de los caprichos de la demanda del consumidor (“tenured”), su número ha aumentado dramáticamente y su compensación está, por término medio, muy por encima de su valor genuino en el mercado. Al mismo tiempo ha caído constantemente la calidad de la producción intelectual.

Lo que descubriremos es, sobre todo, irrelevancia e incomprensibilidad. Peor, allí donde la producción intelectual de hoy sea (3) en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista. Hay excepciones pero, si prácticamente todos los intelectuales son empleados en las diferentes ramas del Estado, no debería ser sorprendente que la mayor parte de su más voluminosa producción, por comisión u omisiíon, sea propaganda estatista? Hay más propagandistas del gobierno democrático hoy que propagandistas de la monarquía en toda la historia humana. (…)

Historia e ideas




La situación parece desesperada, pero no es tanto. Primero, se debe reconocer que la situación no puede continuar para siempre. A la época democrática le cuesta ser “el final de la historia” como los neoconservadores quieren que creamos, porque también hay un lado económico del proceso.

Las intervenciones de mercado causarán inevitablemente más problemas que los que se supone curan, lo que nos llevará a más y más controles y regulaciones hasta que lleguemos al socialismo auténtico. Si la tendencia actual continúa, se puede predecir sin peligro que, el Estado benefactor democrático occidental sufrirá un colapso final como sucedió a las “repúblicas populares” orientales a finales de los años 1980. Durante décadas, los verdaderos ingresos en occidente han estado estancados o hasta han caído. La deuda pública del gobierno y el costo de los esquemas de seguros sociales han provocado la perspectiva de una crisis económica. Al mismo tiempo, el conflicto social ha llegado a alturas peligrosas.

Quizás tendremos que esperar un colapso económico antes de que la actual tendencia cambie. Pero aún en el caso de un colapso, es necesario algo más. Una crisis económica no causaría automáticamente un retroceso del Estado. El asunto podría ser peor (…) el curso de la historia está determinado por ideas, sean éstas verdaderas o falsas, y por hombres que actúan inspirados por ideas, verdaderas o falsas. Pero mientras las falsas gobiernen la catástrofe es inevitable. Por otra parte, una vez que las ideas correctas sean adoptadas y prevalezcan en la opinión pública -y las ideas pueden ser, en principio, cambiadas casi al instante- la catástrofe no tendrá que ocurrir.




El papel de intelectuales
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Esto nos trae al papel que los intelectuales deben jugar en el cambio necesario, radical y fuindamental, en la opinión pública y el papel que tendrán que jugar también los miembros de las élites naturales, o lo que quede de ellas. Las cargas en ambos lados son pesdas, tan pesadas como lo son el prevenir una catástrofe o surgur con éxito de ella; estas cargas tendrán que ser aceptadas por las élites naturales e intelectuales como su deber natural. Incluso si la mayor parte de los intelectuales están corrompidos y son en gran parte responsables de la perversión actual, es imposible conseguir una revolución ideológica sin su ayuda. La tiranía de los intelectuales públicos sólo al pueden romper intelectuales anti-intelectuales …

El papel de las élites naturales

Precisamente aquí entra en juego lo que queda de las élites naturales. Los intelectuales verdaderos (…) no pueden hacer lo que tienen que hacer sin ayuda de las élites naturales (...). En alguna época, en la edad predemocrática, cuando el espíritu de igualitarismo no había destruido aún la mayoría de los ricos con mente y juicio independientes, esta tarea de apoyar a intelectuales impopulares fue llevada a cabo por estos individuos …
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NOTAS DE EDICIÓN:
(1) La traducción original dice aquí: “se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible de gobierno en todo ha estado bajo la férula monárquica” pero hemos realizado una corrección más acorde con el sentido del texto en inglés (“susceptible de gobierno en absoluto”: “Once the origin of a state is seen as the outgrowth of a prior, hierarchically structured order of natural elites, it becomes clear why mankind, insofar as it was subject to government at all, has been under monarchical (rather than democratic) rule for most of its history.”
(2) Ver, para una exposición islámica acerca de la noción de una ley sagrada en el Islam, y su diferencia con el acercamiento al respecto en el mundo cristiano: Seguir la Ley Sagrada o Estar a la Altura de los Tiempos.
(3) Corregimos en esta frase la traducción original al español, que dice: “Peor, mientras que la producción intelectual de hoy es en absoluto relevante y comprensible, es viciosamente estatista” por ir contra el sentido de lo expresado por el autor inmediatamente antes. La confirmación de nuestra corrección puede observarse en el original, que dice: “Almost completely protected from the vagaries of consumer demand (“tenured”), their number has dramatically increased and their compensation is on average far above their genuine market value. At the same time the quality of their intellectual output has constantly fallen. What you will discover is mostly irrelevance and incomprehensibility. Worse, insofar as today’s intellectual output is at all relevant and comprehensible, it is viciously statist”.
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El artículo original en inglés, completo, se puede ver en:
Natural Ellites, Intellectuals and the State

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