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lunes, 20 de abril de 2015

Dios como posibilidad buena. La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (III parte)/ Carlos Pairetti





Homenaje a Vattimo por su 79 aniversario

 Dios como posibilidad buena. 
La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo 
(III parte y última)



Carlos Pairetti
Universidad del Rosario

La interpretación ético-política de la kénosis

En este segundo momento de la investigación procuraré explicitar el sentido que Vattimo le otorga a la caridad en el contexto de su particular lectura de la kénosis o, para decirlo filosóficamente, a partir del debilitamiento de las estructuras fuertes de la concepción de Dios, que culmina en una problemática aproximación, sin alcanzar una definitiva identificación, entre historia de la salvación e historia de la interpretación. Para dar curso a esta reflexión, asumiré nuevamente como telón de fondo, otras indicaciones de Candelero, como la siguiente, en la que destaca que el principio de caridad es algo así como un residuo que guía la interpretación secularizante del texto sagrado, una vez que hemos comprendido que al Dios de Vattimo no se le reza, sino que se lo interpreta. Y, como si ello fuera poco, la salvación, agrega con cierta aprensión Candelero, pasa a través de la interpretación. Pues bien, de cara a estas indicaciones la subsiguiente discusión estará abocada a elucidar el controversial modo que Vattimo tiene de pensar la kénosis en paralelo con una acepción débil de la filosofía. Lo subrayado se evidencia en las siguientes palabras del autor:

“De nuevo hay que referirse al paralelismo entre teología de la secularización y ontología del debilitamiento (…). La relación de la filosofía con la teología cristiana se reconoce en el marco de una secularización que, de algún modo, prevé precisamente una transcripción filosófica, de este tipo, del mensaje bíblico”.[1]


El estrecho parentesco entre filosofía débil y teología cristiana, encuentra su razón de ser en que los rasgos principales de la civilización occidental, se estructuran en referencia a aquel texto base que fue, para esta civilización, la Escritura hebraico-cristiana.[2] Para Giovanni Giorgio, lo destacado se enunciaría como sigue: “No sólo pues la secularización del cristianismo, sino también el cristianismo como secularización”.[3] Por tanto, de lo que se trata, entonces, es de reconocer y asumir nuestra innegable proveniencia de la tradición cristiana, que implica un proceso de secularización articulado en dos momentos, a saber: “la modernidad no sería pensable sin la presencia activa en ella de la herencia del dogma y de la ética cristiana”.[4] A su vez, la modernidad es sometida ella también a un proceso de secularización, que sin implicar una aniquilamiento total del pensamiento metafísico, se lo asume a través de una reapropiación verwindung (recuperación distorsionada).[5] El  vínculo subrayado recientemente entre filosofía débil y teología cristiana alcanza, cuando a la kénosis se refiere, tal punto de confluencia que, a juicio de Vattimo, “filosofía y teología dicen la misma cosa, en términos diversos”.[6] De allí que la filosofía occidental moderna y contemporánea no tendría sentido sin una debida atención prestada al contenido de la revelación. En efecto, es sobre esta base que la filosofía débil asume los rasgos de una hermenéutica, de una interpretación que no repara tanto en la necesidad de entender la Escritura evitando atribuirle una interpretación aberrante para lograr una correcta aplicación a nuestra condición y situación (sutilitas applicandi), sino que, ante todo, esta hermenéutica añade algo esencial al texto mismo. No resulta extraño a partir de lo dicho entonces, que, el hecho interpretativo sea al mismo tiempo salvador. La no accidentalidad, o instrumentalidad de la interpretación, es defendida por Vattimo de la siguiente manera:

“En la medida en que, como me parece, se ha verificado esto, el hecho de que la cultura europea de la modernidad tardía haya ‘descubierto’ la productividad de la interpretación (…), es un efecto de la interpretación que esta cultura ha hecho del mensaje cristiano y es, inseparablemente, un efecto también, y, por supuesto, el efecto salvífico del acontecimiento cristiano”.[7]



 La pregunta aquí es: ¿qué produce la interpretación productiva? Principalmente una continuidad con el texto bíblico que no pretende en absoluto ser objetiva, se reduce a una persuasión retórica, ad hominen. En efecto, la mencionada impronta ético-política en lo referente al modo de interpretar el mensaje contenido en el texto sagrado, queda rubricada en esta indicación. No obstante, es importante subrayar, como lo hace Vattimo, que “no toda interpretación es válida; es necesario que parezca válida a una comunidad de intérpretes”.[8]¿Existe un parámetro para determinar la validez de una interpretación? De hecho que si, y se trata de un límite asociado directamente con ─para decirlo con lenguaje espiritual─ el amor, la caridad. O sea que, entre la historia de la salvación e historia de la interpretación la caridad juega un papel de cabal importancia que, a su vez, despliega toda su potencia si se toma nota, de un lado, de la prototípica actitud de abajamiento de Dios motivada por el inmenso amor a sus criaturas, y, del otro, del debilitamiento constante al que el pensamiento está siendo sometido a partir del final de la metafísica. De lo que se desprende que, si es la caridad el motor central de la puesta en escena de la interpretación, no habría razones definitivas para sospechar de que lo interpretado esté por fuera del sentido salvífico del texto sagrado, justamente, porque de lo que se trata, no es de otra cosa que la de corresponder mejor al mensaje divino de salvación. Si quisiéramos reunir desde la perspectiva ético-política todos los elementos puestos en juego en este análisis, en conceptos de Giorgio sería:

“Hermenéuticamente ya no es posible establecer una diferencia entre hechos e interpretaciones, entre cosas en sí y cosa quoad nos, en función del debilitamiento del ser y del principio de realidad proveniente del Cristianismo y de su principio de la kénosis”.[9]

Retomando ahora el problema de la referencia a la comunidad como “criterio” de validez de la interpretación, hay que destacar que sólo resulta legítimo en el marco de la disolución de la metafísica de la presencia y, obviamente, no puede ser invocado por fuera del horizonte operado por tal disolución. Además, la metafísica de la presencia es sustituida por una ontología hermenéutica (término que Vattimo toma de Gadamer), con la cual el ser es concebido como lo disolutivo, que no se da de una vez por todas en la presencia, sino que, como afirma el autor, en virtud de su carácter de acontecimiento, de anuncio, crece en las interpretaciones que lo escuchan y corresponden, y por ende, también puede ser orientado a la espiritualización, al aligeramiento, o, lo que es lo mismo, a la kénosis.[10] En este orden de cosas, la caridad también es sometida ella misma a la mentada disolución, sobre todo, en el sentido de que como se podrá observar no existen razones positivas que la funden. Por tanto, a juicio de Vattimo, no se trata del reconocimiento de que somos esencialmente iguales, de que somos hijos de un mismo padre, etc. Dado que estas razones en la medida en que se enuncian muestran su insostenibilidad, y, peor aún, se tornan violentas, precisamente, porque son enunciadas, o así aspiran a serlo, de manera definitiva, por lo que cualquier cuestionamiento a tales proposiciones es interrumpido en nombre del respeto a valores definitivos. Por lo demás, la violencia, en opinión de Vattimo, se entiende como una interrupción del cuestionar.[11] Y como es sabido, la violencia de este tipo fue, o mejor, continúa siendo la tentación constante para quien todavía sostiene que el ser es algo que se encuentra fuera de la interpretación. Finalmente, regresando a la noción de caridad, el pensador italiano afirma que es un ejercicio, algo que no se demuestra, sino que se practica y se conquista con la acción. Y no es un principio metafísico ya que no tiene la evidencia de una proposición. Escuchemos como lo dice Vattimo:

“…más bien como la mirada de Jesús al joven rico: ‘Jesús mirándolo, lo amó’. Corresponder a la mirada del amor no es un imperativo ‘fundado’ sobre evidencias: es praxis, compromiso, elección de corresponder a una llamada que nos habla como una voz que no podemos callar sin renunciar a ser nosotros mismos”.[12]

A esta luz ─de la caridad entendida como una acción, como praxis─ se hace patente que la progresiva disolución obrada por la secularización es la esencia misma del cristianismo. Y tal experiencia de la caridad desemboca en una compleja relación circular entre herencia cristiana, ontología débil y ética de la no-violencia.[13] En efecto, en el horizonte impreciso e inestable de esa circularidad, desemboca todo aquello que ha sido sometido a la distorsión verwindung, principalmente, la metafísica concepción de Dios, pensado como el omnipotente, lo absoluto, lo trascendente ─en lenguaje medieval─ el ipsum ese subsistens, para dar como resultado lo siguiente: una más intensa relación de caridad entre Dios y la humanidad y, en consecuencia, de los hombres entre sí.

Teniendo en cuenta lo desarrollado, pienso que lo esencial, aquí, consiste en ver que para Vattimo, el punto de partida de toda reflexión acerca de Dios y de su relación con lo humano, que pretenda ser sincera, seria, no puede elaborarse allende del hecho incontestable ─aún a riesgo de encerrar esto en límites estrechos─ de nuestra pertenencia a una “civilización del libro”. Esta afirmación pone de manifiesto una identificación tal entre Occidente y cristianismo que lleva al autor a preguntarse con Benedetto Croce: ¿Por qué no podemos dejar de llamarnos cristianos? Si bien es cierto que esta asimilación entre Occidente y cristianismo es problemática, en el sentido en que no pueden señalarse fronteras precisas, delimitaciones claras entre ambas, no obstante, como lo sabemos, lo ético, lo político y muchas otras esferas de la realidad, en su intrínseca configuración, son el resultado de la apuntada influencia. Y, es precisamente por esa razón, que toda auténtica reflexión filosófico-teológica se cultiva en el marco de esta mutua interrelación. Pero, ante todo, lo que cuenta en este punto es ─para decirlo con Paul Ricoeur─ el juego de interpretaciones. A este respecto Candelero señala en sus consideraciones finales que: para los posmodernos sólo hay interpretaciones, que todas las afirmaciones lo son, y que no hay por qué violentarse y ser violento por ellas. A lo que agrega el autor: todo esto oculta otros modos-de-ser las cosas.[14] Pues bien, a mi juicio, es cierto que en el mundo no hay sólo cosas-interpretables, pero sucede que si tomamos en serio nuestra proveniencia de la cultura del libro, al texto sagrado me refiero, es la propia Iglesia la que ostenta no sólo la interpretación, sino también, la intención hegemónica. Pensemos, por ejemplo, en las implicancias del Concilio ecuménico de Trento (1545-1563) en el que, entre otras cosas de cabal importancia, se decidió acerca del carácter inspirado de los textos sagrados, en virtud de lo cual el canon de la Biblia quedo definitivamente cerrado. En efecto, si de ocultar los otros modos- de-ser-de las cosas se trata, sobre todo, cuanto a Dios y a su particular vínculo con lo humano se refiere, es la propia Iglesia la que debe comparecer ante esta imputación, en la medida en que se autodenomina así misma custodia de la auténtica y verdadera interpretación de la Escritura. De allí la no arbitrariedad del título de la Encíclica, por nombrar una, del papa Alejandro IX: Ecclesia Mater et Magistra. Es frente a todo esto que, el enfoque ético-político defendido por Vattimo, articulado en torno al evento kenótico y la caridad, adquiere su más pleno sentido. Reforzando lo que acabo de aseverar, una inversión que Vattimo realiza de un lema latino atribuido a Aristóteles, expresa con especial contundencia lo que venimos sosteniendo acerca de la disolución de la metafísica de la presencia como modo de interpretar el mensaje de salvación en la Iglesia, al tiempo que evidencia un tránsito de la veritas a la caritas operado por la secularización: amicus Plato sed magis amica veritas (amigo de Platón, pero más amigo de la verdad), cuyo sentido en perspectiva kenótica sería: “amigo de la verdad, pero más amigo de Platón…” ¿Será este el punto de confluencia más logrado entre historia de la salvación e historia de la interpretación, el que nos permita morigerar la violencia como silenciamiento del cuestionar, en el que, de una vez por todas, podamos acceder a una experiencia kenótica de Dios, más humana quizás, con lo paradojal que pueda sonar esta aspiración…?




[1] Vattimo, Gianni. Creer que se cree. Buenos Aires: Paidós, 2008, pp. 74-75.
[2] Véase Idem. p.44.
[3] Giorgio, Giovanni. Il pensiero di Gianni Vattimo. Milán: Franco Angeli, 2006, p. 24. La traducción es nuestra.
[4] Vattimo, Gianni. Nihilismo y emancipación. Barcelona: Paidós, 2004, p. 49.
[5] Véase Pairetti, Carlos. Introducción al pensamiento de Gianni Vattimo: nihilismo y hermenéutica. Córdoba: EDUCC, 2009, p.51.
[6] Ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología., p.77. La traducción es nuestra. Según Vattimo, cuando la teología y la filosofía dejan de comunicarse de manera continua se corre el riesgo  ─como sucede en Italia─ que los curas dedicados a la teología se encuentren de un lado, en un recinto puramente dogmático, y, el resto de ellos, en otro.
[7] Vattimo, Gianni. Después de la cristiandad: por un cristianismo no religioso. Buenos Aires: Paidós, 2004, p. 81.
[8] Idem, p. 86.
[9] Op. cit. Giorgio, Giovanni. Il pensiero di Gianni Vattimo. p.109. La traducción es nuestra.
[10] Op. cit. Vattimo, Gianni. Después de la cristiandad: por un cristianismo no religioso. p. 87.
[11] Op. cit. Vattimo, Gianni. Nihilismo y emancipación.  p. 66.
[12] Op. cit. Pairetti, Carlos. Introducción al pensamiento de Gianni Vattimo: nihilismo y hermenéutica.  p. 12.
[13] Op. cit. Vattimo, Gianni. Creer que se cree. p. 47.
[14] Véase Op.cit. Candelero, Neldo. Ciencia, Arte, Religión. Observaciones filosóficas 3. “Rorty-Vattimo. Acerca de lo religioso”. pp. 13-14.

sábado, 31 de enero de 2015

Dios como posibilidad buena. La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (II parte)/ Carlos Pairetti





Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 aniversario

Dios como posibilidad buena
La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (II parte)

Carlos Pairetti
Universidad del Rosario


Si a esta altura de nuestro análisis reclamamos sumariamente, a modo de conclusión provisional, las indicaciones relativas al ser de Dios, no pareciera posible seguir sosteniendo como lo hace Candelero que el Dios de Vattimo sea reductible a palabras, a puro concepto. En todo caso, también la teología medieval de corte metafísico-descriptivo lo reduce a un conjunto de categorías, o mejor, atributos, para ser más precisos, con el agravante de creer que puede encapsularlo en sus postulados y afirmaciones dogmáticas. De otro lado, el énfasis de Vattimo en la trascendencia horizontal, deja intacta, a mi juicio, la posibilidad de una experiencia religiosa, sobre todo, la que se funda en la escucha de la Palabra de Dios. Es cierto que tal experiencia va en detrimento de lo divino, de la experiencia mística, pero, a pesar de todo, no existen razones definitivas para pensar que Vattimo, por el simple hecho de no pronunciarse al respecto, pueda estar en condiciones de negar que ello se produzca. En mi opinión, la alusión a la experiencia mística ausente en las reflexiones del pensador italiano, sobre la que llama la atención Candelero, obedece, en primer término, a una intención explícita de Vattimo, la de asumir de modo débil (o procurar debilitar) la enseñanza de la Iglesia y, en segundo lugar, tomar nota de que la mística en la historia de la Iglesia es un elemento subordinado a los tratamientos teológicos. Por lo demás, todo lo que en materia de fe y costumbre, considerado de importancia vital para la doctrina de de la Iglesia, nos ha sido transmitido sobre la base de discursos que adolecen de la capacidad de articular de manera inteligible la experiencia mística.[1] Finalmente, como corolario de lo indicado recientemente, cabe destacar que tanto el aspecto religioso como el místico, son dos caminos para aproximarnos a la realidad de Dios. No hay dudas de que la Iglesia a privilegiado el primero, y el motivo de ello estriba en que en torno a él se articula mejor lo que es digno de ser enseñado a los fieles y asegurar así, su correcta recepción, dando cumplimiento de esta forma al lema paulino: la fe viene por la escucha (Rom. 10, 16).  


Vale decir que, aquella aseveración de Candelero acerca de que en la tradición cristiana un Dios habló primero, no sufre alteración alguna si se atiende a la trascendencia horizontal sostenida por Vattimo. Además, es un hecho incontestable que Dios nos habla por medio de la Escritura. Sin embargo, no por esa razón Dios debe reducirse a palabra solamente, ante todo la Escritura es algo así como el soporte, como un marco de referencia impreciso a través del cual giran las múltiples interpretaciones, aún las más arbitrarias, por supuesto. En esta línea de interpretación, me parece importante la siguiente indicación de Vattimo sobre la relación entre la Escritura y los hechos: “No puede resultar escandaloso decir que no creemos en el Evangelio porque sepamos que Cristo ha resucitado, sino que creemos que Cristo ha resucitado porque lo leemos en el Evangelio”.[2] Lo que intento decir apoyándome en esta cita, es que para Vattimo no juega un papel definitivo la exigencia de demostrar metafísicamente la verdad del cristianismo y de la esencia de Dios, a través de los preambula fidei, sino ante todo y por sobre todo, atender a la relación: fidei ex audio, la creencia suscitada por la escucha de la Palabra. De esta forma, toda la reflexión de Vattimo desemboca en una hermenéutica que se toma en serio las implicancias de la kénosis de Cristo y, para la prosecución de tal fin, coloca el acento en la importancia del diálogo que tiene lugar en la vida política colectiva, como modo privilegiado de alcanzar la verdad. Con arreglo a esto el autor señala:


“No acepto la objeción que me han hecho algunos colegas, según los cuales exagero la politización de la filosofía, porque la sola idea  de que pudiera haber un modo de experimentar la verdad más allá de las relaciones sociales me resulta más que dudosa, en cuanto separación metafísica de unas determinadas esencias respecto de la vida cotidiana”.[3]

Finalmente, retomando aquí los principales aspectos de lo desarrollado y con el propósito de encaminarnos al segundo momento de nuestro ensayo, cabe subrayar como se desprende lo reflexionado, que, para Vattimo, la cuestión de Dios no mide tanto su importancia en relación a la capacidad que tengamos de saber decir en qué consiste su ser al mejor estilo de la teología medieval, o, asegurar que no existe, porque de ese modo se repetiría el juego metafísico sobre la estructura de la realidad. La cuestión pasa, ante todo, por la posibilidad de hacer entrar en diálogo la kénosis con la vida cotidiana, asumiendo las principales implicanciones de aquella en virtud de una interpretación de sesgo ético-política que toma nota del carácter histórico-situado de nuestra experiencia de la escucha de la Palabra de Dios.



[1] Para este caso se podrían citar los poemas de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa de Ávila, y de otros tantos místicos de la Iglesia católica. No obstante, por tratarse del uso de un  lenguaje que por su oscuridad no se corresponde con la intención visible de la Iglesia de adoctrinar a través de sus enseñanzas, todas las experiencias narradas por los grandes místicos, se reducen en términos de utilidad, al exclusivo ámbito de la oración individual. Una vez, por supuesto, que hayan sorteado la prueba ─con todo lo controvertido y complejo del caso─ de ser experiencias que puedan acreditar que su fuente es Dios y no una alteración mental o, en última instancia, provenientes de fuerza diabólicas.
[2] Rorty, Richard-Vattimo, Gianni. Zabala, Santiago compilador. El futuro de la religión: solidaridad, caridad, ironía. Buenos Aires: Paidós, 2006, p. 73.
[3] Op. cit. Rorty, Richard-Vattimo, Gianni. Zabala, Santiago compilador. El futuro de la religión: solidaridad, caridad, ironía, p. 103.

martes, 6 de enero de 2015

Dios como posibilidad buena: La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)



Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 aniversario

 Dios como posibilidad buena
 La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)

Carlos Pairetti
Universidad del Rosario


Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal



Este trabajo de investigación intenta ensayar ciertas respuestas a la crítica que Neldo Candelero efectúa al contenido esencial del pensamiento filosófico-religioso de dos autores posmodernos como lo son: Gianni Vattimo y Richard Rorty, respectivamente. Por razones de índole metodológica, circunscribiré mi análisis a aquellos conceptos pertenecientes al pensamiento de Vattimo sobre los que recae parte de la crítica de Candelero, como por ejemplo: la noción de Dios como cosa en-si, el problema de lo religioso, la cuestión vinculada a la aproximación entre historia de la salvación e historia de la interpretación, y, finalmente, la interpretación ético-política de la kénosis y de la caridad.

El desarrollo de la investigación constará de dos momentos, a saber: en primer lugar, bajo el título Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal, intentaré mostrar que, si bien para Vattimo, Dios no es algo reductible a formulaciones teológicas-dogmáticas de ascendencia metafísica como las construidas por la doctrina de la Iglesia católica, sin embargo, todavía es posible continuar hablando de Dios y de su trascendencia, pero en un sentido negativo, como aquello que se muestra de espaldas mientras que se sustrae. A partir de esta concepción de Dios como trascendencia horizontal, discutiré las objeciones de Candelero dirigidas al problema de la posibilidad de la experiencia mística, dado que, según el autor, con el Dios de Vattimo es posible tener una experiencia de lo religioso, pero no mística.  

En segundo lugar, en función del título La interpretación ético-política de la kénosis, avanzaré un paso adelante respecto del primer momento de la reflexión, subrayaré la incidencia incuestionable que tiene la Escritura en lo concerniente a la configuración de la cultura occidental, ante lo que cabe interrogarse: ¿por qué no podemos dejar de llamarnos cristianos? Tomando nota de esta influencia, abordaré la compleja relación que existe entre historia de la salvación e historia de la interpretación, mostrando que, deslindar una de otra, se torna una empresa verdaderamente problemática. Y, como consecuencia de lo anterior, en este contexto, procuraré esclarecer lo que señala Vattimo sobre la caridad entendida como límite de la interpretación, una vez que, hermenéuticamente hablando, se hace difícil ─por no decir imposible ─ establecer la diferencia entre cosas en-sí  y cosas para nosotros, o, lo que es igual, distinguir hechos de interpretaciones, en virtud del debilitamiento del cristianismo obrado en la kénosis.

Mi intención en esta primera parte de la investigación es enfrentarme a las principales afirmaciones de Neldo Candelero sobre la concepción de Dios, la esencia de lo religioso y lo místico, efectuadas a lo largo de su crítica a la concepción del cristianismo débil-hermenéutico propuesta por Gianni Vattimo. Para tal fin, intentaré elucidar en oposición a la postura de Candelero, el sentido y alcance de la defensa que hace Vattimo de la noción Dios como “Posibilidad buena”. Esta manera de concebir a Dios se engarza de modo directo con los resultados de la puesta en juego de la enunciación nietzscheana: “No existen hechos, sólo interpretaciones”, que, prima face, no pareciera dejar subsistir la realidad de Dios como algo ahí fuera ─para decirlo con una expresión acuñada por Rorty. No obstante, y como lo intentaré demostrar, se puede continuar hablando de Dios a condición de que éste sea despojado de los caracteres fuertes que le asigna la teología metafísica.



Candelero parte, apoyándose en Von Balthasar y otros, de una aseveración que es algo así como una conditio sine qua non para la concepción de todo fenómeno que se precie de religioso, a saber: es explícito y definitorio en la tradición cristiana que un Dios habló primero, que la divinidad en el cristianismo no es un constructo del hombre, que Dios habla, llama primero, elige y convoca, habla a Moisés, a María, a Saulo.[1]Luego, centrándose en las indicaciones de Vattimo acerca de Dios, señala que éste es en-palabra, es decir, conocido y cognoscible únicamente a través de la Biblia y, a este respecto, nuestro autor objeta, haciendo uso de la atinada observación de Tersteegen, que: “un Dios que concebimos no es dios”. Finalmente, destaca que el dios de Vattimo es toda una alteridad, pero en formato de obra, en-palabra, un dios para ser leído, pero no un dios parlante. Diríamos, siguiendo la línea de interpretación de Candelero, que con el dios de Vattimo se puede tener una experiencia de lo religioso ─sustentada, fundamentalmente, en la palabra humana, en la interpretación humana─, algo que dista mucho, claro está, de una experiencia mística al modo en que la tuvo Santa Teresa y otros tantos místicos.

En atención a las indicaciones críticas de Candelero, intentaré a modo de ensayo realizar ciertas aclaraciones acerca de la concepción que Vattimo tiene de Dios, de tal manera que ─hablando metafóricamente─ se evite arrojar el agua de la bañera con el niño dentro. Con arreglo a lo apuntado es oportuno elucidar lo siguiente: el hecho de que Vattimo no adscriba a tomar nota de las afirmaciones teológicas-descriptivas de ascendencia metafísica acerca de la naturaleza íntima de Dios, de ello no se sigue que la trascendente realidad divina sea puesta en juego, sea anulada por completo. Veamos lo que dice el autor al respecto:

“Resisto a la idea de hacer una teología si sólo pienso que la teología sea un discurso descriptivo riguroso. (…) Aquello que al fin me lleva a resistir es la idea de una teología descriptiva que diga: Dios es así y así”.[2]

Por tanto, en este orden de cosas, si cabe hablar de Dios, sólo pareciera posible a través de una teología negativa, y ello, porque como señala el filósofo italiano: “Lo característico de la divinidad es aquello de no permanecer, aquello de mostrarse sólo de espaldas mientras se sustrae, aquello de ser constitutivamente algo que se deshace, que se abaja”.[3] Ahora bien, si se presta atención a esta afirmación, se pueden diferenciar dos niveles en la concepción de Dios, propuesta por Vattimo: de un lado, es toda una alteridad, pero, del otro, es un Dios kenótico, aquel al cual hace referencia la epístola paulina a los Filipenses en Flp. 2, 6-7. De lo que se trata entonces, no es tanto del hecho de pensar la trascendencia de Dios en sentido vertical, porque de ese modo, a juicio de Vattimo, todavía estaríamos tomándolo demasiado descriptivamente, sino, antes bien, pensarla en sentido horizontal.[4] La cuestión viene a ser la siguiente: si Dios es aquello que nosotros mismos no somos, pero que no obstante tiene una relación con nosotros por medio de una llamada: ¿cómo puede relacionarse con lo humano si habita otro plano de la realidad? A esta pregunta Vattimo responde afirmando que Dios no está en ninguna parte y agrega que Jesús es el Reino de Dios en medio de nosotros haciendo referencia a la cita de Mt. 18, 20: “Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. El autor reconoce que esta posición es peligrosamente panteística e inmanentística, pero advierte que sólo como contrapunto de una trascendencia de tipo objetivante, dado que jamás se podría equiparar ─salvo a través de posiciones objetivantes metafísicas─ la inmanentización de Dios con el mundo.[5]De lo anterior se desprende que la trascendencia de Dios no es negada, antes bien, Vattimo la somete a una torsión o distorsión (verwindung), es decir, se reapropia de ella para redefinirla con pretensiones antimetafísicas, con la finalidad de sortear las dificultades que acarrea la proposición de dos órdenes diferentes de realidad, con vistas a la comunicación entre lo divino y lo humano, entendiéndola como plano de salvación que se contrapone a los puros eventos, o que le concede a éstos un punto de vista diverso. “Pero ‘diverso’ no quiere decir que sea colocado ‘en alto’ o en otro lugar”[6]. En todo caso la trascendencia se asocia con la posibilidad futura, con una posibilidad positiva, buena. En esta línea de interpretación, Dios es, a juicio de Vattimo, la posibilidad buena del hombre. Escuchemos como lo expresa el autor, reconociendo, también en este caso, que su propuesta no es muy sofisticada, pero una vez más, su intención es mantener una línea de coherencia con lo que viene sosteniendo acerca de Dios, aún a riesgo de reducirlo a una mera prolongación de lo humano:

“Dios es la posibilidad buena del hombre. ¿Pero, de otra parte, esta posibilidad buena, que me debe parecer suficientemente diversa del orden existente para ser una posibilidad alternativa, de dónde la extraigo? (…) En ciertos aspectos de mi pasado (del cual forma parte la Escritura) que se distinguen de otros, los que no representan una posibilidad buena, como por ejemplo, los campos de exterminio. (…) En suma, existe un componente escatológico en la dimensión ontológica de nuestra existencia, una proyectualidad, la cual viene de afuera en la medida en que no se identifica con el dato existente, no obstante, debe ser excavada dentro de lo transmitido”[7].

Tal vez esta manera de hablar de Dios como “posibilidad buena” suene escandalosa, fundamentalmente, cuando se la asocia con el acto de excavar en una experiencia pasada, en lo transmitido. Pero ¿qué es el la tradición judeo-cristiana sino un rememorar constante la intervención de Dios en la historia de la humanidad? El hecho es que, todo lo que la historia pasada nos cuenta acerca del accionar de Dios se identifica con un evento en torno al cual cabe decidir, siempre a posteriori, sobre qué base se ha de aceptar o rechazar lo acaecido, teniendo en cuenta que aquello nos alcanza como un mensaje transmitido que nos interpela y ante el cual hemos de dar una respuesta responsable, dado que, a su vez, también interpelará la existencia de aquellos que nos sucederán en el tiempo y la de nuestros contemporáneos.

Como puede notarse, entonces, en función de lo señalado hasta el momento, la pretensión de Vattimo no pareciera reducir la realidad divina a un puro resultado de la inteligencia humana, sino que, antes bien, consiste en permitirle a esa alteridad que nos trascienda, al tiempo que nos permita trascendernos como humanidad en la dirección de una posibilidad buena. Pero una posibilidad buena, si quiere ser tal, tiene que ser susceptible de ser descifrada a partir de una responsable interpretación vivida al interior de la comunidad cristiana, y no algo que ha de verse, exclusivamente, bajo la luz de los tratados de teología dogmática y de la enseñanza doctrinal de la Iglesia, en virtud de las cuales todo aquello que cae por fuera de las rígidas fronteras del discurso teológico descriptivo sea discriminado por aberrante.



[1] Candelero, Neldo. Ciencia, Arte, Religión. Observaciones filosóficas 3. “Rorty-Vattimo. Acerca de lo religioso”. Rosario: Ciudad Gótica, 2012, pp.5-6.
[2] Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teologia. A cura de Giorgio, Giovanni. Catanzaro: Rubbettino Editore, 2009. p.5. La traducción es nuestra.
[3] Idem.. p.4. La traducción es nuestra.
[4] Trascendencia horizontal como contrapuesta a vertical es un término utilizado por Vattimo a lo largo del coloquio que estamos citando para nuestra reflexión.
[5] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. Pp.18-19. La traducción es nuestra.
[6] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. p.17. La traducción es nuestra.
[7] Idem. p.20. La traducción es nuestra.


Arriba: Celebraciones por el Año Nuevo 2015 en Corea del Norte, cuyo Líder del Cielo es Su Excelencia el altísimo Kim III, por largos años sea su mandato!

Anuncio: Homenaje a Vattimo por su 79 cumpleaños en La Coalición



 Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 cumpleaños
 en La Coalición


Por motivo de su 79 cumpleaños, producido en día 04 de enero de 2015, La Coalición anuncia que va a publicar el texto "Dios, la opción buena" dividido en tres partes, del profesor Carlos Pairetti, experto en Gianni Vattimo y hermenéutica filosófica de la Universidad del Rosario (República Argentina) y autor de la primera introducción al pensamiento del hermeneuta de Turín escrita en idioma castellano, publicada en Córdoba, Argentina, en 2009, con prólogo del propio Vattimo.



Arriba: Año Nuevo 2015 con fuegos artificiales en el Emirato de Dubai

sábado, 25 de octubre de 2014

Una síntesis del pensamiento de Gianni Vattimo







Una síntesis del pensamiento 
de Gianni Vattimo



Carlos Pairetti
Universidad Nacional de Rosario



En este tiempo de nihilismo consumado, asociado a todo intento de reflexión secundado por el sugestivo prefijo “post”, el pensamiento de Vattimo encuentra un lugar especial absolutamente concordante con dicho prefijo, como pensador del “después de”. Si hay que buscar aguas arriba la fuente de su inspiración, sin lugar a dudas como lo dice Ramón Rodríguez, un comentarista suyo, se sitúa en la senda abierta por Nietzsche y Heidegger[1]. Precisando un poco más, la muerte de Dios anunciada por Nietzsche y el del final de la metafísica presentado por Heidegger constituyen las premisas fundamentales para la tarea especulativa llevada adelante por Vattimo.

En opinión de otra intérprete de Vattimo, Teresa Oñate, aludiendo a la contribución del filósofo italiano al pensamiento contemporáneo afirma que en Vattimo se da y se encuentra, la más acertada introducción activa posible al pensar de los problemas de la filosofía contemporánea, tal como ésta lo es desde la doble determinación indisociable asignada por Nietzsche y explicitada por Heidegger.[2] Con respecto a la importancia que el pensamiento de Vattimo tiene en la actualidad, otro de sus intérpretes – a juicio de Vattimo el mejor- Giovanni Giorgio, señala que Vattimo es uno de los filósofos más debatidos del panorama filosófico contemporáneo, tanto que la literatura se vuelve cada día más vasta.[3] Por otra parte, Franco Volpi, en su análisis del nihilismo italiano menciona a Vattimo como el que da el tono final del debate sobre el nihilismo. Volpi destaca que Vattimo al elegir la conciencia nihilista como horizonte de su pensamiento, se proclama a sí mismo como apologista del nihilismo.[4] En total correspondencia con lo aseverado por Franco Volpi, encontramos la afirmación de puño y letra del mismo Vattimo en un título de uno de sus artículos contenidos en El fin de la modernidad, denominado Apología del nihilismo o, en el contenido del artículo mismo la afirmación de que “el nihilismo es nuestra única chance”[5], modos diversos de indicar que el nihilismo es la tónica de fondo de la especulación vattimiana.

La característica principal de su programa especulativo es la renuncia a las categorías fuertes de la tradición filosófica occidental y la proposición de una ontología débil. En palabras de Franco Volpi esta ontología: “pretende reconocer y aceptar el devenir en su facticidad, sin adjudicarle un sentido que lo trascienda y sin imponerle formas, categorías o esquemas interpretativos fuertes, que terminarían inevitablemente por inhibir el fluir”.[6] Esta declarada renuncia de Vattimo a las categorías fuertes, este distanciamiento actual del pensamiento contemporáneo respecto de la metafísica, se debe como señala Ramón Rodríguez fundamentalmente a razones ético-vitales antes que teoréticas. Al respecto el propio Vattimo señala que en la exigencia ética de Levinás se da una contribución decisiva en el sentido de la superación de la metafísica. La metafísica y sus categorías fuertes resulta violenta. Este modo de concebir el pensamiento metafísico como violencia es una idea inspirada en Lévinas[7], implica una resistencia a un poder violento, o, en positivo, una voluntad de deliberación, lo que guía la deconstrucción de la metafísica.[8]


 

En esa mencionada disolución de las categorías metafísicas fuertes, Vattimo condena una actitud propia de la modernidad, la de buscar la unidad, quizá dicho esto con terminología propia de la filosofía antigua: reducir lo múltiple, lo disperso, lo fragmentado a lo uno. Con expresión del último Wittgenstein diríamos que el pensamiento de Vattimo da cabida a todos los juegos de lenguaje, a diversos modos de saber, sin pretender torpemente reducir toda la rica fragmentación de la realidad a una unidad violenta, como arriba explicábamos. Escapar a la violencia del pensamiento único es posible, según Vattimo, en virtud de un pensamiento débil que no busca un fundamento último, Grund (fundamento) diría Heidegger, sino que hace explícita referencia a un despido de la tarea especulativa tal como Occidente la concibió a la luz de la metafísica. La racionalidad débil, parte de la experiencia; está ─diríamos─ contaminada de cultura. En palabras de Vattimo:

“...experiencia que se presenta siempre cualificada desde el punto de vista histórico y preñada de contenido cultural. No existen condiciones trascendentales de posibilidad de la experiencia, accesible mediante cualquier tipo de reducción o epojé que suspenda nuestra pertenencia a determinados horizontes históricos-culturales, lingüísticos, categoriales”.[9]



Esto que acabamos de señalar permite que la racionalidad débil valga como un paradigma paralógico, no subordinante, ni jerarquizante, dando mayor lugar a lo transversal ─si se nos permite la expresión─ y no tanto a lo vertical, por lo tanto a la pluralidad. Franco Volpi, al respecto, dice que a partir de la pluralidad se subraya la no posibilidad de compactación y uniformación, sino la potencia de la fragmentación, de la conflictividad e incluso de la inconmensurabilidad.[10] Dilucidadas a grandes rasgos las implicancias nihilistas del pensamiento de Vattimo, nos referiremos seguidamente a la hermenéutica como aquel contorno en el que se desarrolla como consecuencia de la acción del nihilismo la tarea filosófica más significativa del pensador italiano. La hermenéutica es, según la opinión de Vattimo, la koiné (lengua común) filosófica de este tiempo y afirma que en el pasado las grandes discusiones filosóficas tenían que rendir cuentas al marxismo o al estructuralismo, así hoy la hermenéutica parece haber asumido esa misma posición central.[11] Enrico Berti por su parte cuestiona esta afirmación de Vattimo y dice: “Aunque la hermenéutica, dada la extrema fragmentación de la filosofía contemporánea, tal vez no sea precisamente esa koiné filosófica que se ha intentado sostener, indudablemente constituye una de las posiciones filosóficas hoy en día más difundidas”.[12]


La hermenéutica en el pensamiento de Vattimo tiene lugar a causa del nihilismo y este, a su vez, propone una ontología débil sobre la base de Nietzsche y Heidegger como modo de ultrapasar la metafísica, considerando que ya no es necesario buscar estructuras estables, fundamentos eternos ni nada semejante. En efecto, la nueva ontología piensa que el ser debe captarse como un evento, como el configurarse de la realidad particularmente ligado a la situación de una época, que, por su parte, es para Vattimo, proveniencia de las épocas que la han precedido. Pensar el ser significa escuchar los mensajes que provienen de tales épocas, y aquellos además, que provienen de los otros, de los contemporáneos, de diferentes culturas, subculturas, de grupos, etc., que comienzan a tomar la palabra en esta época. Por lo tanto, la racionalidad característica de la ontología nihilista o de la hermenéutica nihilista será una racionalidad débil. Vattimo, aclara Ramón Rodríguez, desconfía de la denominación “pensamiento débil” en virtud de las confusiones que engendra y, quizá también, de la mala prensa que lleva consigo. La confusión de la cual previene Vattimo es que la “debilidad” no ha de asociarse al pensamiento, sino que se trata de un rasgo del ser mismo.[13] Para ser más precisos hay que señalar que el motor del pensamiento vattimiano es claramente nietzscheano y su estructura conceptual, su forma mentis heideggeriana y, sólo secundariamente, gadameriana. El nihilismo nietzscheano del cual parte Vattimo para desembocar en la hermenéutica nihilista, es el anuncio de la muerte de Dios, asociado a la disolución de todo fundamento último; entendiendo con ello la desaparición de toda instancia objetiva, ética u ontológica, en el sentido de perder su carácter obligante para el sujeto a quien se dirigen. De este modo la ausencia de objetividad da lugar a la interpretación de toda experiencia, de acuerdo a la afirmación de Nietzsche: “no existen hechos, sólo interpretaciones”, así, según Vattimo, la idea misma de fundamento pierde vigencia, para unirse a la caracterización heideggeriana del final de la metafísica adviniendo de esta manera el nihilismo como un acontecimiento del ser.


Esta idea que explicitamos recientemente es algo así ─si se nos permite la comparación─ como la mirada calidoscópica desde la cual Vattimo analizará todos los órdenes del pensar y la praxis humana. En su expresión más radical desde el punto de vista ontológico su enunciación será: no hay ningún estado de cosas, ninguna situación objetiva que imponga al pensamiento la obligación de reconocerlo como realidad. Miradas las cosas desde el punto de vista epistemológico la enunciación radical será: pensar ya no significa remontarse hasta un fundamento objetivo, sea en las cosas, sea en el pensar mismo, ni al fundamento como enclave último de [14] Ahora bien, la filosofía hermenéutica, para Vattimo, no es un conjunto de afirmaciones sobre el hecho de las interpretaciones, porque de ese modo estaría proponiendo evidencias estructurales que darían cuenta de la naturaleza de alternativas mejores o superadoras ante cada interpretación ofrecida, sino que la hermenéutica es también una interpretación que, como tal, no puede aducir una evidencia incontrovertible a su favor.
inteligibilidad. De este modo la hermenéutica previene contra las tentaciones de asumir nuevas formas de fundacionismo y ofrece con ello la clave para evitar la emergencia de la violencia que mora agazapada detrás de toda estructura metafísica.

Para finalizar cabe subrayar que la racionalidad de la hermenéutica nihilista, aspira a una narración de su propia proveniencia; su argumentación consiste en contar la historia de la filosofía moderna en una interpretación que da cuenta del final de la metafísica y el advenimiento del nihilismo. Vattimfuerza en demostrar que la racionalidad misma radica en la reconstrucción interpretativa de la modernidad. Trata de este modo de hacer inteligible el actual estado de cosas del mundo (y de la filosofía en él); eso lo lleva a cabo a través de la narración que radica en la interpretación del sentido de un curso de acontecimientos, que “permite señalarle su lugar, colocarlo en su sitio, y así aducir razones para la discusión y reducir el relativismo”.[15]




[1]Vattimo, Gianni, Más allá de la interpretación, Barcelona, Paidós,  1995, pp.10-11.
[2] Vattimo, Gianni,  Diálogo con Nietzsche, Buenos Aires, Paidós, 2002,  p.15.
[3] Giorgio, Giovanni, Il pensiero di Gianni Vattimo: L’emancipazione dalla metafísica tra dialettica ed ermeneutica, Milán: Franco Angeli, 2006, p.9. La traducción es nuestra.
[4] Volpi, Franco, El nihilismo, Buenos Aires, Biblos,  2005, p. 156.
[5] Vattimo, Gianni, El fin de la modernidad, México, Gedisa,  2004, p. 23.
[6] Volpi, Franco, El nihilismo, op. cit., p. 157.
[7] Vattimo, Gianni, La secularización de la filosofía. Barcelona, Gedisa, 2001, pp. 75-88.
[8] Vattimo, Gianni. Más allá de la interpretación, op.cit., pp. 12-13.
[9] Vattimo, Gianni, El pensamiento débil, Madrid, Cátedra, 2000,  p.19.
[10] Volpi, Franco, El nihilismo, op. cit., p. 157.
[11]Vattimo, Gianni, Ética de la interpretación, Barcelona, Paidós, 1991, pp.55-56.
[12]Vattimo, Gianni, Hermenéutica y racionalidad, Bogotá: Norma, 1994, p.31.
[13]Vattimo, Gianni. Más allá de la interpretación, op.cit.,  p. 15.
[14]Ibídem, pp. 16-18.
[15]Ibídem,  p. 30.

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