martes, 19 de mayo de 2015

Evento y memoria/ 70 años de la derrota de Alemania





Evento y memoria
70 años de la derrota de Alemania


Víctor Samuel Rivera
Miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía



Hoy, mientras este ensayo se redacta, es 15 de mayo de 2015. Este mes se conmemoró el 70 aniversario de la rendición incondicional de Alemania ante Estados Unidos y Rusia, que selló el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Los países de la órbita americana celebraron el día 8, mientras Rusia, China, la India y virtualmente el resto de la humanidad lo hizo el 9, en un extraordinario desfile en Moscú. Está fuera de discusión que el episodio de 1945 afecta la sensibilidad del universo en un sentido tal que, aunque haya secciones del planeta que poco o nada hayan tenido que ver en el asunto original, es manifiesto que nadie puede sustraerse a su interés. Para nosotros, los posteriores, sin importar condición, posicionamiento político, geografía, etc., comprender la humanidad no puede separarse del recuerdo de 1945 y, por supuesto, de lo que este recuerdo significa. La derrota de Alemania en 1945, para decirlo de otra manera, es un criterio para interpretar el presente del hombre; lo que el hombre es, lo que en cada caso somos nosotros, los presentes, no llega a ser comprendido, o estaría incompleto en caso de no hacerlo, si se excluyese la noticia y la rememoración de lo acontecido en 1945. Tener noticia y recordar 1945 compromete al que lo sabe, a través del hombre, consigo mismo. Ignorar 1945, esto es, carecer de memoria en este caso, es reprochable en cualquier persona. 1945 es, así, del interés del hombre. Una rememoración que compromete al hombre se ha hecho evento; el hombre encuentra en la rememoración un mensaje que llega desde el pasado remitido para él. No importa al respecto aquí la condición particular de cada quién, su posicionamiento político, geografía, etc. El recuerdo de 1945 interna a cada uno en su esencia de hombre del mundo presente. 







Memoria y rememoración históricas, si seguimos a Kant, tienen hoy con propiedad una dimensión metafísica. Han llegado a ser un factum metafísico. Pero, como ya se ha anotado, el que la historia haya devenido una experiencia universal, esto es, propia y constitutiva del hombre, sugiere también un compromiso universal. En este caso con los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, cuyas diferencias históricas y políticas tan profundas se hacen irrelevantes en el recuerdo; esto en sí mismo es digno de ser observado: el recuerdo medio de la Segunda Gran Guerra disuelve la identidad de los vencedores, que se odiaban entre sí, algo que aún hoy, al celebrar su triunfo por separado en fechas diferentes, revela la intensidad metafísica de esa misma diferencia. De otra manera, sin esa distancia benevolente y olvidadiza la celebración, esto es, la rememoración del evento, no sería posible para la humanidad, como no lo es en el caso de muchas otras guerras del pasado, inclusive la Primera Guerra Mundial. A este respecto es muy interesante para la vista del hermeneuta cómo Alemania celebra hoy la destrucción de sí misma, cómo es capaz de compartir la alegría por los muertos y dañados que le pertenecen como si fuera aliada de su propio abatimiento: un hecho reciente que muestra la radicalidad metafísica de los eventos para la historia del hombre. Acontece luego lo mismo con el final de la Guerra Fría: un escenario que nos conduce rápidamente a tópicos como “el fin de la historia” o “el pensamiento único” de la década de 1990. Pero esta última consecuencia, más cercana en el tiempo, resulta claramente a los presentes que es o ha devenido algo discutible. No discutible por razones puramente morales y políticas o filosóficas, sino fácticas; por eventos que retan y se imponen al pensar del hombre.


Aunque en el mundo presente la prensa y el acceso universal al conocimiento y la comunicación sugieren lo contrario, la experiencia de la historia como un compromiso del hombre como tal es en sí misma algo digno de interés filosófico, en particular para el hermeneuta. Es el diagnóstico de una singularidad histórica. Si la comprensión de la historia, al menos de algunos acontecimientos en ella, compromete al hombre como tal, es porque ha adquirido una dimensión metafísica: aunque contingente, universal y propia del hombre. La universalidad de la rememoración y, por lo mismo, del sentido histórico, es patrimonio fáctico del hombre. Se trata de un hecho tan extraordinario como reciente. Parafraseando al Conde Joseph de Maistre en Considérations sur la France (1796): antes conocíamos la historia de los italianos, de los franceses o de los rusos, pero no conocíamos la historia del hombre. En los siglos XVIII y XIX un mundo que rememorara eventos como recepción y noticia de un mensaje universal aparecía como un sueño de la Ilustración; nunca como un dato fáctico. Se trataba quizá de un compromiso de muchos hombres, pero no de una realidad histórico-social. Curiosamente, cuando Inmanuel Kant tomó en serio el programa de la Ilustración como una guía en la historia, lo diagnosticó como una orientación infinita para el logro de algo imposible. La realidad del valor metafísico de la historia sólo alcanzaba lugar en una experiencia más bien trágica. Kant comprendió que un mundo universal podía ser pensado, pues la (su) metafísica lo hacía, pero que la fuente de ese pensamiento era un interés de la razón, no una realidad. Y quiso decir con ello que la esencia del mundo histórico del hombre era pensable aun cuando no era posible transformarla en una realidad. Pero esa realidad, que Kant consideraba “metafísica”, hoy es la experiencia histórica acontecida de nosotros, los presentes. No es “metafísica” como lo era un ideal de la razón ilustrada, sino como un evento, es decir, como una realidad que se ha impuesto finalmente en un mundo histórico-social en el cual el hombre se reconoce asombrado; prueba de que en algún sentido no es el autor.

Memoria y rememoración históricas, si seguimos a Kant, tienen hoy con propiedad una dimensión metafísica. Han llegado a ser un factum metafísico. Pero, como ya se ha anotado, el que la historia haya devenido una experiencia universal, esto es, propia y constitutiva del hombre, sugiere también un compromiso universal. En este caso con los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, cuyas diferencias históricas y políticas tan profundas se hacen irrelevantes en el recuerdo; esto en sí mismo es digno de ser observado: el recuerdo medio de la Segunda Gran Guerra disuelve la identidad de los vencedores, que se odiaban entre sí, algo que aún hoy, al celebrar su triunfo por separado en fechas diferentes, revela la intensidad metafísica de esa misma diferencia. De otra manera, sin esa distancia benevolente y olvidadiza la celebración, esto es, la rememoración del evento, no sería posible para la humanidad, como no lo es en el caso de muchas otras guerras del pasado, inclusive la Primera Guerra Mundial. A este respecto es muy interesante para la vista del hermeneuta cómo Alemania celebra hoy la destrucción de sí misma, cómo es capaz de compartir la alegría por los muertos y dañados que le pertenecen como si fuera aliada de su propio abatimiento: un hecho reciente que muestra la radicalidad metafísica de los eventos para la historia del hombre. Acontece luego lo mismo con el final de la Guerra Fría: un escenario que nos conduce rápidamente a tópicos como “el fin de la historia” o “el pensamiento único” de la década de 1990. Pero esta última consecuencia, más cercana en el tiempo, resulta claramente a los presentes que es o ha devenido algo discutible. No discutible por razones puramente morales y políticas o filosóficas, sino fácticas; por eventos que retan y se imponen al pensar del hombre.

Hoy es ya difícil que alguien crea seriamente que la historia ha terminado. Aunque se concede que haya muchas personas que se adscriban al pensamiento único, es evidente también que ese pensamiento no es del hombre en el sentido en que lo es el evento de 1945. Los celebrantes de día 9, por su propia presencia en el desfile de Moscú, como los ausentes, por su sola ausencia, acuerdan el gran acontecimiento: no hay más un pensamiento único, si alguna vez lo hubo fuera de la distancia histórica que todo lo enturbia y oculta. En las celebraciones divididas no se revela un desacuerdo crítico, pues nadie dialoga, sino la imposición de una realidad hermenéutica, quizá algo impredecible al inicio del siglo de los presentes y que, hasta donde alcanza el hermeneuta, escapa a la comprensión media de los actores mismos. Esta última realidad aún tiene una dimensión metafísica, por lo que el compromiso del hombre se halla involucrado en ella, pero lo que en cada caso somos, la condición de cada cual, su condición, posicionamiento político, geografía, etc. de pronto se convierten en factores fundamentales para ese comprender; definir qué memoria debe uno albergar, qué es reprochable ignorar, cuál es el sentido de lo que se debe comprender. Y ese sentido que nos involucra sigue siendo metafísico.


En todas las circunstancias históricas hace sentido ver el pasado como en dirección hacia el que recuerda, que se encuentra siempre ante una totalidad. Resulta fructífero interpretar de este modo la reflexión de Martin Heidegger sobre el hombre y la realidad como un ser-ahí, un Dasein. En la rememoración pensada desde el Dasein la experiencia del pasado aparece significada en el presente, incorporada a él, y hace sentido porque tiene un efecto comprometedor con el hombre; aparece constituyendo su mundo, no como un mero recuerdo, sino como una tarea de mundo, como un mundo cuya esencia exige y demanda atención, una atención que debe ser realizada por quien ha comprendido lo que el recuerdo histórico significa; no comprender puede resultar así algo culposo y digno de reproche, lo que hace comprensible las compulsivas celebraciones de los alemanes y de las que son incapaces los rusos postsoviéticos o los perdedores en general en las guerras. Alemania parece querer demostrar que ha comprendido. Esto se expresa diciendo que el mundo que es propio en cada caso se relaciona con tener una condición allí, un posicionamiento político, una geografía, etc. y, de esa manera, comprender es también un realizar, cuyo olvido o ignorancia, como ya se ha insistido, son reprochables. 


Recapitulando, habría que decir que toda experiencia histórica aparece como un sentido, y que ese sentido es comprometedor con un mundo cuya esencia es reconocible en la rememoración. Pero está presupuesto que el sentido tiene unos límites de referencia; no es “el mundo” sin más, incluso. Decir “ése es mi compromiso (histórico)” es también comprender que “ése es mi mundo”, un mundo histórico con una circunscripción frente a otros mundos históricos que no son el mío, bajo cuyo horizonte el mío se instala. Está presupuesto que hay mundos anteriores y que los habrá posteriores. Es más decisivo a nivel metafísico reconocer que hay una geografía hermenéutica, un alcance que se relaciona de modo primero con tener una condición, un posicionamiento, etc. Y esta geografía no es necesariamente espacial, en el sentido de significar el alcance político institucional de la posesión de un territorio. Es una geografía de sentido, donde hay un adentro y un afuera. Como el sentido es geográfico, el compromiso tiene los límites del mundo histórico al que se pertenece. Los presentes, en el recuerdo, se reconocen en un horizonte de pertenencia cuyos bordes son imprescindibles e inevitables. Se debe notar que este esquema, que aquí se ha relacionado con el Dasein de Heidegger, elude la idea de una universalidad histórica. Es interesante y paradójico encontrarse con ella como un factum de sentido, pues da la impresión de que con ese factum adviene un mundo que carece de bordes. Y es justamente por esa razón que se pregunta aquí por la memoria, pues juega un rol fundamental para establecer límites hermenéuticos: indica y orienta sobre lo que compromete frente a lo que no lo hace. La memoria y los límites del sentido histórico vienen juntos.  



  


Tal vez la reflexión anterior puede ayudar a comprender por qué un mundo universal puede ser rememorado al menos de dos maneras diferentes, una el 8 de mayo y otra el 9, por potencias humanas diferentes. No importa aquí mucho si Alemania se halla contenta siempre y se celebra en todas las fechas y relieves. Es posible que esto sea así porque, desde 1945, Alemania carece esencialmente de bordes que le sean propios. Es por ello un país sin esencia. Le restan, sin embargo, los bordes de los demás. No es el único país cuya experiencia de sentido histórico político viene afirmada de esa manera. Una experiencia histórica puede siempre encontrar su sentido en la historia de su vencedor, o de un proyecto histórico cuya éxito da por suyo, y éste es el caso de los pueblos que se entregan al poder de un imperio que les ofrece protección, es el más rico o es muy activo bélicamente, es una amenaza social inevitable con la que se debe transar, etc. Puede pensarse en la historia social de la América Latina del siglo XX y su relación con los Estados Unidos. O de la izquierda latinoamericana burguesa en relación con la Unión Soviética, así como su pliegue súbito y masivo a los intereses políticos, económicos y metafísicos de los Estados Unidos cuando la Unión Soviética dejó de existir. Necesitaba ser mantenida. Pasó de un lustro al otro de la lucha de clases, la violencia como partera de la historia y la dictadura del proletariado a los derechos humanos, el diálogo como única instancia para resolver conflictos sociales y la lucha tenaz por lo más importante en la vida burguesa: el sexo. No podía y no puede por sí misma. Carece, pues, de esencia.

Hacia 1990, cuando la comprensión media de la universalidad histórica prestaba credulidad al lenguaje sobre “el fin de la historia” y el pensamiento único”, parecía que “mi mundo” podía ser interpretado por todos y cada uno como el mundo del hombre en una historia del hombre. Pero esto era al precio de opacar u omitir de la narrativa consecuente de esa historia las condiciones que hacen posible el pensamiento histórico social, que implican bordes y límites. Una narrativa, contar una historia, aunque sea la de la humanidad, involucra instituciones e intereses. Y aunque haya una narrativa universal, no todas las instituciones e intereses son iguales. Y en esto el pensamiento ontológico social de Joseph de Maistre, que él llamaba “metapolítica”, reviste de una insospechada actualidad. Aun cuando pueda haber una dimensión hermenéutica universal, no hay tal cosa como “el hombre”. Eso quiere decir: aun cuando sólo pueda pensarse en eventos de recuerdo como 1945 como eventos del hombre, el hombre que comprendemos es en cada caso siempre italiano, francés o ruso. Es un hombre con intereses de diverso tipo, económicos, pero también culturales, religiosos, étnicos, familiares, etc. que, al menos en principio, sólo hacen sentido cuando se ha mapeado el relieve y los bordes de su geografía hermenéutica. Su compromiso, a pesar del factum de la universalidad del horizonte de interpretación, es no disponible para el hombre en cuanto tal. El sentido como algo para realizar es impensable sin una geografía y unos límites

Nadie puede ser indiferente a 1945, y en ese sentido 1945 es evento, mensaje orientador y criterio de la compresión humana. Si un meteorito se estrellara contra la Tierra la conmoción sería universal en un sentido análogo. Pero la idea de “borde” no puede ser omitida. Hacerlo afrenta la misma memoria que conmemora 1945 como evento, esto es, como llamado a un compromiso. Aun cuando hay un horizonte del hombre, su traducción histórico social retorna desde la benévola distancia a la cercanía. Esto de dos maneras: en relación al pasado y en relación al presente.

De un lado, puede pensarse en la pluralidad de posibilidades que subsisten desde el pasado, que habla de lo que fue, pero también de lo que pudo haber sido, y de lo que no habría sido después, cuyo significado se enhebra con la condición de cada uno, su posicionamiento político, su geografía, etc. Y de lo que  aún de ese pasado puede ser o es. Los pasados nunca son completamente abolidos, y extienden sus límites de memoria más allá de su existencia fáctica. Siempre que esos pasados conservan una existencia institucional, constituyen aún un sentido; tienen límites y pueden extenderlos. Eso ocurre hoy con el Estado Islámico, sus creencias, prácticas e instituciones. Hacer de cuenta que un pasado cuyas instituciones existen, aunque sean reducidas, ha muerto, es una ficción hermenéutica; es apretar los ojos para ver mejor. La comprensión del sentido es ante todo comprensión de la facticidad, que no depende sólo del hombre, y no puede, una vez acontecida, ser considerada un “proyecto” del hombre. Abubakar Al-Bagdadi, el rey fundador del Estado Islámico, no pudo saber que sería proclamado Califa cuando recibió su primera partida económica de los Estados Unidos como cabecilla terrorista a su servicio. Curiosamente, el recuerdo que es generoso con la facticidad puede maniobrar mejor y no peor con sus propias posibilidades de éxito y de continuidad en tanto mundo humano. El que cierra los ojos a estos pasados remanentes se hace incapaz de elaborar su expansión o su transformación posteriores o su imponerse como evento. Por otro lado, nunca es más interesante la pluralidad de nosotros, los presentes, que cuando revaloramos la perspectiva por la que se canceló la diferencia en el recuerdo del pasado, como ha ocurrido con 1945. Rememorar esa historia como una solución de continuidad de las creencias e instituciones de los vencedores oblitera de peligrosa manera algo que siempre ha sido real: que el mundo humano tiene límites para que alguien pueda decir seriamente “es mi mundo”. Los soviéticos comunistas y sus socios liberales se hallaron en el mismo horizonte, del hombre de su futuro, pero ambos dieron lugar a presentes divergentes. Y eso siempre fue visible; bastaba con aproximar la mirada en lugar de alejarla.

  


Comprender el carácter metafísico de una rememoración histórica no debe ser demasiado arduo. Hay que asociar “metafísica” con una preocupación humana ineludible y, en un sentido muy claro, la Segunda Guerra Mundial es una realidad metafísica. Decimos por ello que hay allí un mensaje del Ser, que es una manera de expresar que una realidad metafísica ha acontecido para el hombre. Pero ésta no significa ni se traduce en un único compromiso, aunque sus consecuencias, y la geografía que éstas despliegan, son y deben ser de interés para todos y cada uno. Esta realidad puede ser y está revestida por una cierta fragilidad. Un acontecimiento histórico que es metafísico, a diferencia de lo que los divulgadores de “el fin de la historia” y “el pensamiento único” pensaban en la década de 1990, puede ser y es frágil. Se halla suspendido en el recuerdo, que en gran medida es un espacio para la intervención humana. Resulta notorio que el interés por el pasado, que constituye en este caso el espacio para comprender al hombre, es despertado por algo no humano. Justamente y en la medida en que es así es que reconocemos en ese interés una realidad metafísica, esto es, más allá de nuestro alcance, razón por la cual el pasado concebido de esta manera, no puede ser olvidado, y exige rememoración y cuidado. Pero la memoria de lo inolvidable es una tarea dejada a los hombres, que pueden ser descuidados o irresponsables. Algo no humano, pues, es dejado al cuidado del hombre. Ignoramos qué puede salir de un recuerdo, de una rememoración metafísica que, siendo ella misma acción, puede desembocar en lo más estupendo, como también en lo más espantoso, en cuyo caso, se dejará el cuidado humano más allá del hombre, a la atención de los dioses, o bien, de los demonios.

Tres nuevos libros de Gianni Vattimo


Para Vattimo, ¿Dios es comunista?

Esperando a los bárbaros. Buenos Aires: FEDUN, 2014
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Dios es comunista. Buenos Aires: Fedun, 2014



De la realidad a la verdad. Buenos Aires, Fedun, 2014



Para una reseña de los libros presionar los íconos

Imran Nazar Hosein : 2015 La guerre mondiale c'est pour bientôt

lunes, 18 de mayo de 2015

CALL FOR PAPERS: III CONGRESO SIEH, 2015 (Rio de Janeiro, Brasil)






La Sociedad Iberoamericana de Estudios Heideggerianos (SIEH) invita a los lectores de La Coalición y a toda la comunidad filosófica a su III Congreso en Río de Janeiro, 2015. Para mayor información presionar el ícono de la SIEH.

miércoles, 13 de mayo de 2015

La marchandisation de l'humain- Colloque international à la Sorbonne (Amphi Durkheim) - 5 & 6 juin 2015.


domingo, 10 de mayo de 2015

¿Para qué sirve la Filosofía? | Darío Sztajnszrajber

martes, 5 de mayo de 2015

Convocatoria Revista Evohé N" 4


jueves, 30 de abril de 2015

X Jornadas de Diálogo Filosófico (Salamanca, España)



Por encargo del Rectorado de la Pontificia Universidad de Salamanca La Coalición hace de conocimiento público las X Jornadas de Diálogo Filosófico: Pensar y conocer a Dios en el siglo xxi

         
Salamanca, del 24 al 26 de septiembre de 2015

A principios del siglo XXI miles de millones de personas siguen creyendo en Dios. Muchos son científicos, filósofos y artistas. Su fe en Dios no entra en conflicto con su ciencia, su filosofía o su arte. Pero otros muchos niegan que exista Dios  o que podamos conocerle.
En las X Jornadas de Diálogo Filosófico queremos dialogar sobre un tema que apunta a los fundamentos últimos de lo real existente y posible.  Su enfoque  ha poseído y aún posee implicaciones éticas y políticas. Nos interesa reflexionar sobre una cuestión clave de la historia de la filosofía occidental en toda la amplitud de su problemática.
 
Núcleos temáticos:
1. Límites y posibilidades del conocimiento de Dios.
2. ¿Existe Dios?
3. ¿Qué  es Dios y quién es Dios?

Ponentes
Hemos invitado, para participar como ponentes, a los profesores Juan José García Norro (Universidad Complutense, Madrid), Camino Cañón Loyes (Universidad Pontificia Comillas), Antonio Sánchez Orantos (Universidad Pontificia Comillas), Mauricio Beuchot (Universidad Nacional Autónoma de México), Gonzalo Tejerina (Universidad Pontificia de Salamanca), Julio Trebolle (Universidad Complutense, Madrid), Adela Cortina (Universidad de Valencia), Félix García Moriyón (Universidad Autónoma, Madrid), Luis Fernando Fernández Ochoa (Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia), Pablo López (Ateneo de Valladolid), Modesto Berciano (Universidad de Oviedo), Alejandro Llano (Universidad de Navarra), Jesús Conill (Universidad de Valencia), Ildefonso Murillo (Universidad Pontificia de Salamanca), Alfonso López Quintás (Universidad Complutense, Madrid), Ignacio Verdú (Universidad Pontificia Comillas), Andrés Torres Queiruga (Universidad de Santiago de Compostela), Francisco Javier Herrero (Universidad Pontificia de Salamanca), Sixto J. Castro (Universidad de Valladolid), D.  João J. Vila-Chã (Pontificia Universidad Gregoriana, Roma), Carlos Díaz  (Universidad Complutense, Madrid), Gabriel Amengual (Universidad de las Islas Baleares).

Discusión sobre "Comunismo hermenéutico" en Universidad La Sapienza de Roma





miércoles, 29 de abril de 2015

Nuevo blog: Portadas de libros peruanos






Portadas de libros peruanos


Nuevo blog de registro de historia 



Víctor Samuel Rivera


Me congratulo de la pronta aparición del nuevo blog Portadas de libros peruanos. En este blog se va a presentar la portada de libros peruanos de historia, filosofía, política y ciencias sociales, las cubiertas, cuando eso sea posible, y los autógrafos de los autores. Eventualmente, se incorporará también obras literarias de interés histórico.

Las fotografías de las portadas de los libros irá acompañada de una tasación estimativa del precio de los libros para efectos de su tráfico entre coleccionistas, que son el público inmediato del blog. Trataremos de ir generando así un archivo ilustrativo de interés histórico y científico y
contribuir, en lo posible, a la preservación de la memoria histórica peruana.







VII Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores en Filosofía: Los límites de lo humano (Universidad Complutense de Madrid)






La asociación Tales de estudiantes de Filosofía tiene el honor de invitarles al Congreso de Jóvenes Investigadores.
Para participar en el congreso, que tendrá lugar del 2 al 4 de noviembre en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, solicitamos un resumen de la proyectada comunicación con un límite máximo de 1500 palabras. Tal documento se enviará en formato word y llevará por título el nombre y apellidos del autor. Es obligatorio especificar la línea de investigación en la que se incluirá la comunicación.

Las comunicaciones se dirigirán a congresotales2015@gmail.com

El plazo para enviarlas termina el 31 de agosto de 2015.

Se informará de la aceptación de las comunicaciones antes del 30 de septiembre de 2015.

Líneas de investigación para el congreso:

    Historia de la filosofía
    Filosofía iberoamericana
    Estudios de género
    Epistemología
    Metafísica y Ontología
    Filosofía de la educación
    Ética
    Filosofía política
    Estética
    Lógica y filosofía del lenguaje

lunes, 20 de abril de 2015

Dios como posibilidad buena. La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (III parte)/ Carlos Pairetti





Homenaje a Vattimo por su 79 aniversario

 Dios como posibilidad buena. 
La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo 
(III parte y última)



Carlos Pairetti
Universidad del Rosario

La interpretación ético-política de la kénosis

En este segundo momento de la investigación procuraré explicitar el sentido que Vattimo le otorga a la caridad en el contexto de su particular lectura de la kénosis o, para decirlo filosóficamente, a partir del debilitamiento de las estructuras fuertes de la concepción de Dios, que culmina en una problemática aproximación, sin alcanzar una definitiva identificación, entre historia de la salvación e historia de la interpretación. Para dar curso a esta reflexión, asumiré nuevamente como telón de fondo, otras indicaciones de Candelero, como la siguiente, en la que destaca que el principio de caridad es algo así como un residuo que guía la interpretación secularizante del texto sagrado, una vez que hemos comprendido que al Dios de Vattimo no se le reza, sino que se lo interpreta. Y, como si ello fuera poco, la salvación, agrega con cierta aprensión Candelero, pasa a través de la interpretación. Pues bien, de cara a estas indicaciones la subsiguiente discusión estará abocada a elucidar el controversial modo que Vattimo tiene de pensar la kénosis en paralelo con una acepción débil de la filosofía. Lo subrayado se evidencia en las siguientes palabras del autor:

“De nuevo hay que referirse al paralelismo entre teología de la secularización y ontología del debilitamiento (…). La relación de la filosofía con la teología cristiana se reconoce en el marco de una secularización que, de algún modo, prevé precisamente una transcripción filosófica, de este tipo, del mensaje bíblico”.[1]


El estrecho parentesco entre filosofía débil y teología cristiana, encuentra su razón de ser en que los rasgos principales de la civilización occidental, se estructuran en referencia a aquel texto base que fue, para esta civilización, la Escritura hebraico-cristiana.[2] Para Giovanni Giorgio, lo destacado se enunciaría como sigue: “No sólo pues la secularización del cristianismo, sino también el cristianismo como secularización”.[3] Por tanto, de lo que se trata, entonces, es de reconocer y asumir nuestra innegable proveniencia de la tradición cristiana, que implica un proceso de secularización articulado en dos momentos, a saber: “la modernidad no sería pensable sin la presencia activa en ella de la herencia del dogma y de la ética cristiana”.[4] A su vez, la modernidad es sometida ella también a un proceso de secularización, que sin implicar una aniquilamiento total del pensamiento metafísico, se lo asume a través de una reapropiación verwindung (recuperación distorsionada).[5] El  vínculo subrayado recientemente entre filosofía débil y teología cristiana alcanza, cuando a la kénosis se refiere, tal punto de confluencia que, a juicio de Vattimo, “filosofía y teología dicen la misma cosa, en términos diversos”.[6] De allí que la filosofía occidental moderna y contemporánea no tendría sentido sin una debida atención prestada al contenido de la revelación. En efecto, es sobre esta base que la filosofía débil asume los rasgos de una hermenéutica, de una interpretación que no repara tanto en la necesidad de entender la Escritura evitando atribuirle una interpretación aberrante para lograr una correcta aplicación a nuestra condición y situación (sutilitas applicandi), sino que, ante todo, esta hermenéutica añade algo esencial al texto mismo. No resulta extraño a partir de lo dicho entonces, que, el hecho interpretativo sea al mismo tiempo salvador. La no accidentalidad, o instrumentalidad de la interpretación, es defendida por Vattimo de la siguiente manera:

“En la medida en que, como me parece, se ha verificado esto, el hecho de que la cultura europea de la modernidad tardía haya ‘descubierto’ la productividad de la interpretación (…), es un efecto de la interpretación que esta cultura ha hecho del mensaje cristiano y es, inseparablemente, un efecto también, y, por supuesto, el efecto salvífico del acontecimiento cristiano”.[7]



 La pregunta aquí es: ¿qué produce la interpretación productiva? Principalmente una continuidad con el texto bíblico que no pretende en absoluto ser objetiva, se reduce a una persuasión retórica, ad hominen. En efecto, la mencionada impronta ético-política en lo referente al modo de interpretar el mensaje contenido en el texto sagrado, queda rubricada en esta indicación. No obstante, es importante subrayar, como lo hace Vattimo, que “no toda interpretación es válida; es necesario que parezca válida a una comunidad de intérpretes”.[8]¿Existe un parámetro para determinar la validez de una interpretación? De hecho que si, y se trata de un límite asociado directamente con ─para decirlo con lenguaje espiritual─ el amor, la caridad. O sea que, entre la historia de la salvación e historia de la interpretación la caridad juega un papel de cabal importancia que, a su vez, despliega toda su potencia si se toma nota, de un lado, de la prototípica actitud de abajamiento de Dios motivada por el inmenso amor a sus criaturas, y, del otro, del debilitamiento constante al que el pensamiento está siendo sometido a partir del final de la metafísica. De lo que se desprende que, si es la caridad el motor central de la puesta en escena de la interpretación, no habría razones definitivas para sospechar de que lo interpretado esté por fuera del sentido salvífico del texto sagrado, justamente, porque de lo que se trata, no es de otra cosa que la de corresponder mejor al mensaje divino de salvación. Si quisiéramos reunir desde la perspectiva ético-política todos los elementos puestos en juego en este análisis, en conceptos de Giorgio sería:

“Hermenéuticamente ya no es posible establecer una diferencia entre hechos e interpretaciones, entre cosas en sí y cosa quoad nos, en función del debilitamiento del ser y del principio de realidad proveniente del Cristianismo y de su principio de la kénosis”.[9]

Retomando ahora el problema de la referencia a la comunidad como “criterio” de validez de la interpretación, hay que destacar que sólo resulta legítimo en el marco de la disolución de la metafísica de la presencia y, obviamente, no puede ser invocado por fuera del horizonte operado por tal disolución. Además, la metafísica de la presencia es sustituida por una ontología hermenéutica (término que Vattimo toma de Gadamer), con la cual el ser es concebido como lo disolutivo, que no se da de una vez por todas en la presencia, sino que, como afirma el autor, en virtud de su carácter de acontecimiento, de anuncio, crece en las interpretaciones que lo escuchan y corresponden, y por ende, también puede ser orientado a la espiritualización, al aligeramiento, o, lo que es lo mismo, a la kénosis.[10] En este orden de cosas, la caridad también es sometida ella misma a la mentada disolución, sobre todo, en el sentido de que como se podrá observar no existen razones positivas que la funden. Por tanto, a juicio de Vattimo, no se trata del reconocimiento de que somos esencialmente iguales, de que somos hijos de un mismo padre, etc. Dado que estas razones en la medida en que se enuncian muestran su insostenibilidad, y, peor aún, se tornan violentas, precisamente, porque son enunciadas, o así aspiran a serlo, de manera definitiva, por lo que cualquier cuestionamiento a tales proposiciones es interrumpido en nombre del respeto a valores definitivos. Por lo demás, la violencia, en opinión de Vattimo, se entiende como una interrupción del cuestionar.[11] Y como es sabido, la violencia de este tipo fue, o mejor, continúa siendo la tentación constante para quien todavía sostiene que el ser es algo que se encuentra fuera de la interpretación. Finalmente, regresando a la noción de caridad, el pensador italiano afirma que es un ejercicio, algo que no se demuestra, sino que se practica y se conquista con la acción. Y no es un principio metafísico ya que no tiene la evidencia de una proposición. Escuchemos como lo dice Vattimo:

“…más bien como la mirada de Jesús al joven rico: ‘Jesús mirándolo, lo amó’. Corresponder a la mirada del amor no es un imperativo ‘fundado’ sobre evidencias: es praxis, compromiso, elección de corresponder a una llamada que nos habla como una voz que no podemos callar sin renunciar a ser nosotros mismos”.[12]

A esta luz ─de la caridad entendida como una acción, como praxis─ se hace patente que la progresiva disolución obrada por la secularización es la esencia misma del cristianismo. Y tal experiencia de la caridad desemboca en una compleja relación circular entre herencia cristiana, ontología débil y ética de la no-violencia.[13] En efecto, en el horizonte impreciso e inestable de esa circularidad, desemboca todo aquello que ha sido sometido a la distorsión verwindung, principalmente, la metafísica concepción de Dios, pensado como el omnipotente, lo absoluto, lo trascendente ─en lenguaje medieval─ el ipsum ese subsistens, para dar como resultado lo siguiente: una más intensa relación de caridad entre Dios y la humanidad y, en consecuencia, de los hombres entre sí.

Teniendo en cuenta lo desarrollado, pienso que lo esencial, aquí, consiste en ver que para Vattimo, el punto de partida de toda reflexión acerca de Dios y de su relación con lo humano, que pretenda ser sincera, seria, no puede elaborarse allende del hecho incontestable ─aún a riesgo de encerrar esto en límites estrechos─ de nuestra pertenencia a una “civilización del libro”. Esta afirmación pone de manifiesto una identificación tal entre Occidente y cristianismo que lleva al autor a preguntarse con Benedetto Croce: ¿Por qué no podemos dejar de llamarnos cristianos? Si bien es cierto que esta asimilación entre Occidente y cristianismo es problemática, en el sentido en que no pueden señalarse fronteras precisas, delimitaciones claras entre ambas, no obstante, como lo sabemos, lo ético, lo político y muchas otras esferas de la realidad, en su intrínseca configuración, son el resultado de la apuntada influencia. Y, es precisamente por esa razón, que toda auténtica reflexión filosófico-teológica se cultiva en el marco de esta mutua interrelación. Pero, ante todo, lo que cuenta en este punto es ─para decirlo con Paul Ricoeur─ el juego de interpretaciones. A este respecto Candelero señala en sus consideraciones finales que: para los posmodernos sólo hay interpretaciones, que todas las afirmaciones lo son, y que no hay por qué violentarse y ser violento por ellas. A lo que agrega el autor: todo esto oculta otros modos-de-ser las cosas.[14] Pues bien, a mi juicio, es cierto que en el mundo no hay sólo cosas-interpretables, pero sucede que si tomamos en serio nuestra proveniencia de la cultura del libro, al texto sagrado me refiero, es la propia Iglesia la que ostenta no sólo la interpretación, sino también, la intención hegemónica. Pensemos, por ejemplo, en las implicancias del Concilio ecuménico de Trento (1545-1563) en el que, entre otras cosas de cabal importancia, se decidió acerca del carácter inspirado de los textos sagrados, en virtud de lo cual el canon de la Biblia quedo definitivamente cerrado. En efecto, si de ocultar los otros modos- de-ser-de las cosas se trata, sobre todo, cuanto a Dios y a su particular vínculo con lo humano se refiere, es la propia Iglesia la que debe comparecer ante esta imputación, en la medida en que se autodenomina así misma custodia de la auténtica y verdadera interpretación de la Escritura. De allí la no arbitrariedad del título de la Encíclica, por nombrar una, del papa Alejandro IX: Ecclesia Mater et Magistra. Es frente a todo esto que, el enfoque ético-político defendido por Vattimo, articulado en torno al evento kenótico y la caridad, adquiere su más pleno sentido. Reforzando lo que acabo de aseverar, una inversión que Vattimo realiza de un lema latino atribuido a Aristóteles, expresa con especial contundencia lo que venimos sosteniendo acerca de la disolución de la metafísica de la presencia como modo de interpretar el mensaje de salvación en la Iglesia, al tiempo que evidencia un tránsito de la veritas a la caritas operado por la secularización: amicus Plato sed magis amica veritas (amigo de Platón, pero más amigo de la verdad), cuyo sentido en perspectiva kenótica sería: “amigo de la verdad, pero más amigo de Platón…” ¿Será este el punto de confluencia más logrado entre historia de la salvación e historia de la interpretación, el que nos permita morigerar la violencia como silenciamiento del cuestionar, en el que, de una vez por todas, podamos acceder a una experiencia kenótica de Dios, más humana quizás, con lo paradojal que pueda sonar esta aspiración…?




[1] Vattimo, Gianni. Creer que se cree. Buenos Aires: Paidós, 2008, pp. 74-75.
[2] Véase Idem. p.44.
[3] Giorgio, Giovanni. Il pensiero di Gianni Vattimo. Milán: Franco Angeli, 2006, p. 24. La traducción es nuestra.
[4] Vattimo, Gianni. Nihilismo y emancipación. Barcelona: Paidós, 2004, p. 49.
[5] Véase Pairetti, Carlos. Introducción al pensamiento de Gianni Vattimo: nihilismo y hermenéutica. Córdoba: EDUCC, 2009, p.51.
[6] Ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología., p.77. La traducción es nuestra. Según Vattimo, cuando la teología y la filosofía dejan de comunicarse de manera continua se corre el riesgo  ─como sucede en Italia─ que los curas dedicados a la teología se encuentren de un lado, en un recinto puramente dogmático, y, el resto de ellos, en otro.
[7] Vattimo, Gianni. Después de la cristiandad: por un cristianismo no religioso. Buenos Aires: Paidós, 2004, p. 81.
[8] Idem, p. 86.
[9] Op. cit. Giorgio, Giovanni. Il pensiero di Gianni Vattimo. p.109. La traducción es nuestra.
[10] Op. cit. Vattimo, Gianni. Después de la cristiandad: por un cristianismo no religioso. p. 87.
[11] Op. cit. Vattimo, Gianni. Nihilismo y emancipación.  p. 66.
[12] Op. cit. Pairetti, Carlos. Introducción al pensamiento de Gianni Vattimo: nihilismo y hermenéutica.  p. 12.
[13] Op. cit. Vattimo, Gianni. Creer que se cree. p. 47.
[14] Véase Op.cit. Candelero, Neldo. Ciencia, Arte, Religión. Observaciones filosóficas 3. “Rorty-Vattimo. Acerca de lo religioso”. pp. 13-14.

Seminario Permanente de Pensamiento Político (UBA): "Un contrapunto entre vencidos" /Gramsci y Schmitt


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