lunes, 26 de enero de 2015

Hermeneutic Communism/ G. Vattimo y S. Zabala (comentario crítico)







Apostillas a Hermeneutic Communism de G. Vattimo y S. Zabala



Víctor Samuel Rivera
Universidad Nacional Federico Villarreal (Lima, Perú)

Un 11 de setiembre de 2001 advino al mundo un milagro. No un milagro de los que conmueven a los creyentes para invocar a lo santo, sino uno de los que conmueven a los no creyentes para invocar a la historia política, a su relación con la historia como un llamado a la atención de su propia procedencia. Era un “milagro” desde el punto de vista del Conde Joseph de Maistre; se trata de una expresión hermenéutica, creada para caracterizar la sorpresa, la admiración, el temor y la ansiedad que generó en los hombres nacidos en el Antiguo Régimen el surgimiento, virtualmente de la nada, del Gran Terror de 1793 y de la República Francesa[1]. El Conde de Maistre hablaba de estos milagros en términos de événement (evento, subrayado por él mismo) y sugería con esta expresión el equivalente de una ontología histórica; algo que no era de procedencia humana había clamado en el mundo histórico para que el hombre se hiciera cargo de él, y se había hecho un lugar para sí desde la nada. El milagro es imposición de algo imposible de comprender para el hombre, pero concita su interés y transforma sus instituciones. A partir de 1793, o del 11 de setiembre, nada podría volver a ser más lo mismo, pues la historia había cambiado o se había fundado una historia nueva. Événement es noción que va vinculada a una interpretación de las transformaciones histórico-sociales como acontecimientos o eventos ontológicos y, ya que sin explicación posible, de manera milagrosa, remite al lector familiarizado con la hermenéutica nihilista al vocabulario característico de la filosofía política de Gianni Vattimo que, desde 2011, en Hermeneutic Communism, libro conjunto con Santiago Zabala, se ha transformado en “ontología del evento”.

Quien quiera interpretar milagros maistrianos, está convocado por la ontología del evento y, por lo mismo, por el libro de Vattimo y Zabala. El 11 de setiembre de 2001 es una fecha dolorosa para el mundo Occidental y, a no dudarlo, para la entera sensibilidad humana, que no puede permanecer impasible ante su significado. Un gran terror emergió desde lo divino: las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, símbolos ambos del dominio metafísico, económico y político del liberalismo en el mundo, fueron atrozmente atacados y la historia posterior del mundo liberal no volvió a ser la misma. En filosofía política, ese acontecimiento puso en peligro un mundo que parecía hasta entonces definitivo, fundado sobre la narrativa del triunfo de la racionalidad científica y la libertad humana; Ignacio Ramonet llegó a calificar la ideología que esta filosofía política encarnaba “pensamiento único”. En la filosofía hegemónica liberal todo giraba en torno al “diálogo” y el “consenso”; se consideraba vedado al pensamiento que hubiera discontinuidades históricas (que pasara algo en el mundo)[2] o bien se creía que éstas eran imposibles[3]. Francis Fukuyama proclamaba en 1992 que la historia humana había terminado. De pronto, repentinamente, se instaló, en ese mundo único, un milagro que emergió de la nada.

Gianni Vattimo[4], el filósofo creador de la ontología del evento, llamada hasta hoy “hermenéutica nihilista”[5], ha reconocido recientemente en el episodio del 11 de setiembre un giro en la dirección general de la filosofía[6]. Es lo que ha llamado él mismo “la tentación del realismo”[7], cuyo origen –según el turinés- hay que buscar más que en el afán por el conocimiento de la verdad y la realidad, en el interés (cfr. pág. 27) por sostener el horizonte de mundo sobre cuyos escombros el 11 de setiembre se ha hecho posible. Por “tentación del realismo” Vattimo pretende referirse a un movimiento más bien reactivo en el orden del pensamiento filosófico liberal, parte significativa de cuya geografía hermenéutica es Nueva York, para acentuar la idea de “estabilidad”, que es tan cara a la filosofía política liberal en habla inglesa (cfr. pág. 138). Pero allí donde el punto de partida es la “estabilidad” social y política, el filósofo de Turín ve el entusiasmo de una “neurosis”; sólo una enfermedad del pensamiento hubiera podido resucitar del cementerio de ideas filosóficas una inexplicable obsesión por la epistemología, la objetividad, la ciencia y la “verdad” (científica, objetiva: moderna), una noción clave del positivismo que precedió y acompañó la inmensa violencia que la expansión de las ideas liberales han significado para el mundo humano desde el siglo XIX y que, finalmente, a riesgo de poner en riesgo “la supervivencia de la especie humana” (págs. 11, 178), desplazaron la sede metafísica de las decisiones de la antigua Europa cristiana de las monarquías a los Estados Unidos de América.

Hermemeutic Communism ha sido publicado en este contexto por Santiago Zabala y Gianni Vattimo, en el país del 11 de setiembre, en inglés, para un público anglosajón y norteamericano. Esto se debe a una evidente intención de los autores por ofrecer  una alternativa a una cultura filosófica que, aterrada por cambios histórico-sociales que sus libros no parecen comprender ni, mucho menos, evitar, se refugia en un mero no reactivo, que mantiene los ojos cerrados en medio de una desgracia, que la repudia a la vez que hace cuenta de su ausencia. Hermeneutic Communism propone a sus lectores liberales anglosajones ser el libro que encauce en un lenguaje filosófico “el pensamiento de los débiles”, en un sentido que (algo extraño para un libro de hermenéutica) se ha reconocido como “rigurosamente materialista” (págs. 141-142), lo que significa que los débiles son los marginados del liberalismo tomado como un sistema de reparto de beneficios, como ocurre en la tradición de pensamiento político anglosajón hasta John Rawls, inclusive. Si nos dejamos llevar por la letra del texto, este enfoque materialista y economicista, tan raro para un libro de hermenéutica, se plasmas porque el libro gira en torno, y consagra para ello un capítulo entero, a los acontecimientos histórico-sociales de la América Latina de las últimas décadas. Pero en un libro de envergadura no puede leerse sólo literalmente; también hay que leerlo entre líneas. Y es que quizá los débiles de los que la hermenéutica nihilista se presenta como su pensamiento, y que aparecen como los pobres y los marginados en un mundo cuyas manifestaciones son ante todo económicas y militares, sólo son “comunistas” en una medida conceptualmente débil; débiles en la debilidad del mundo metafísico mismo en que se sitúan.

Hermeneutic Communism es, quizá incluso antes que un libro de filosofía, un documento social; es una guía para filósofos y políticos ciegos a los acontecimientos históricos en un horizonte de mundo cuya metafísica es violenta y cuya esencia es el nihilismo, en el sentido de la presencia instalada de un mal esencial[8], que el libro reconoce al mencionar el peligro a la “supervivencia de la especie humana” que la persistencia del liberalismo significa[9].


Aunque para quien se halle atento al acontecer histórico-político, el 11 de setiembre y su secuela posterior de violencia mundial encabezada por los Estados Unidos es, en definitiva, el trasfondo histórico-filosófico de la composición y su significado, éstos han querido desplazar el interés del lector a otros milagros que, paralelamente a la insurgencia violenta de lo divino, han conmovido y cubierto de bullicio el orden metafísico liberal y con el que el hermeneuta, que lee desde el sentido, comprende que hacen conjunto en una totalidad[10]. Se trata de la “revolución bolivariana”, que especialmente en la última década, ha forjado un nuevo significado político que, a diferencia del 11 de setiembre y su carácter divino, que es exterior al liberalismo (y por eso es violencia), se sitúa más bien en lo que puede considerarse sus márgenes hermenéuticos (cfr. págs. 5, 8). Comparte con el liberalismo, por ejemplo, la idea de que un régimen es legítimo si surge y se sustenta en el sistema representativo, esto es, si es una democracia (cfr. págs. 5, 113). Los autores, desde un inicio, sorprenden dedicando la obra a los líderes de esta revolución (pág. VIII). Hermeneutic Communism, en tanto texto con pretensiones filosóficas, expresa también la intención de ser un renovado Manifiesto comunista, el manifiesto de la revolución bolivariana.

Hermeneutic Communism se halla dividido en dos partes, cada una de las cuales a su vez dividida en dos capítulos a los que se suma la introducción, un pequeño texto nada desdeñable filosóficamente hablando. La primera parte contiene los elementos filosóficos que hacen posible la construcción de la propuesta de la parte segunda, que es más bien política. Ambas partes, sin embargo, acogen cada una un capítulo filosófico (1 y 3), que encabeza la sección, donde se entabla la perspectiva a partir de la cual se interpreta ciertos acontecimientos histórico-sociales que se hallan expuestos en los capítulos complementarios (2 y 4). Esta construcción obedece a presupuestos de la hermenéutica nihilista sobre el vínculo entre filosofía y compromiso histórico-político que el turinés ha denominado antes “ontología de la actualidad”[11], aunque el texto emplea más bien “ontología del evento”[12] (pág. 89): esta ontología del evento corresponde a un cierto “sociologismo” en el que ha derivado la hermenéutica de Vattimo a lo largo de las últimas dos décadas[13]. Debe anotarse que la expresión “ontología del evento” surgió en las Gifford Lectures, dictadas por Vattimo en Glasgow en 2010[14] y que, aparentemente, reemplazará en el futuro las expresiones “hermenéutica nihilista” y “ontología de la actualidad”.

 
El “sociologismo” de la ontología del evento vierte una versión extrema del historicismo del autor, resultado de interpretar la ontología, esto es, la experiencia del Ser, en los parámetros de la narrativa de la historia de la filosofía occidental inaugurada por Martin Heidegger como “historia del Ser”. En este sentido, el Ser no es (no es algo “estable”), sino que acontece (es algo que tiene historia). El Ser así considerado es “evento” (cfr. págs. 89, 93-94); el reconocimiento de esto en el discurso filosófico no sería el resultado de una elaboración teórica, un “descubrimiento”, sino un “llamado” del evento del Ser mismo (cfr. pág. 94). En pocas palabras: el Ser antecede la comprensión humana. Hacer ontología del evento sería un acto de escucha de lo que el Ser muestra en mensajes que reconocemos en la instalación de los eventos mismos en la historia política y social. Cada capítulo “conceptual” se halla inserto de este modo en la historia social que narra su capítulo complementario, de la misma manera que cada capítulo político adquiere su sentido filosófico del que lo precede. Se trata de una clave determinante en la asignación de significado filosófico a un libro que de otro modo tendría más de “manifiesto” y panfleto que de “ontología”.

Por confesión de los autores mismos, Hermeneutic Communism es “un proyecto político de la hermenéutica” (págs. 76-79). En realidad se trata de un uso social de la hermenéutica nihilista que se emplea para articular y ofrecer un lenguaje para un fenómeno político ya-acontecido. En gran medida se trata de una transformación de un conjunto de acontecimientos políticos en un lenguaje dentro del cual instalarse, que es la ontología del evento; esto va bien con la idea de aceptar que Hermeneutic Communism es en el fondo un renovado Manifiesto comunista; una interpretación de realidades sociales que se caracterizan por algo que los autores no mencionan pero que es evidente: se trata de eventos que se instalan en el horizonte del “pensamiento único” y, por lo mismo, se incorporan a su lenguaje y carecen de uno que les sea propio; el “pensamiento único” sólo les ofrece a estos milagros perplejidad y violencia[15]. Para el liberalismo la revolución bolivariana o el 11 de setiembre y su secuela (págs. 9-11) representan más bien el enemigo instalado dentro del mundo del lenguaje liberal y, como ha notado Carl Schmitt, oblitera al otro y lo despoja de reconocimiento racional[16]. Por ello las interpretaciones vigentes de la revolución bolivariana, y más aún su interpretación mediática, dependen siempre de los criterios de la metafísica política del liberalismo mismo que, ante esta falta de reconocimiento, termina haciendo imposible la comprensión del interés histórico que los fenómenos como éstos demandan y concitan. Hermeneutic Communism, así, es una apuesta de su propio contenido como un lenguaje histórico-social requerido para entender qué está pasando en Sudamérica; su interpretación filosófica más profunda entiende entre líneas que, más allá del “comunismo” al que se le quiere dar soporte, esta obra ofrece la perspectiva desde la cual dar un lenguaje a donde sea que haya evento.

La introducción intenta dar cuenta de la relación (de por sí extremadamente difícil de entender) entre comunismo y hermenéutica. La propuesta general opone hermenéutica a “realismo”. Admite el fracaso histórico del “comunismo real”, lo que atribuye a su común dependencia con el liberalismo metafísico en su afán por la objetividad y la “ciencia”. Su vigencia requiere –según los autores- de un “debilitamiento” de la concepción “objetivista” del comunismo real para interpretar los acontecimientos históricos. “Debilitamiento” tiene sentido asociado a la tradición racionalista y cientificista en filosofía, que los autores denominan “metafísica”, aunque hubiera sido mejor llamarla “metafísica de la modernidad”, ya que el racionalismo y el cientificismo, pace la narrativa hermenéutica de la historia del Ser de Heidegger, son cosa del mundo moderno y su transformación del problema ontológico del mundo premoderno en epistemología[17].



Desde 2006, en que apareció Ecce comu de Vattimo[18], se ha ido operando un “giro kuhniano” en el pensamiento del turinés, esto a través de la incorporación, cada vez más acentuada, de las expresiones “lenguaje normal”, “revolución”, “cambio revolucionario”, “crisis”, “paradigma” o derivados, tomados de la filosofía de la historia de la ciencia de Thomas Samuel Kuhn. Se trata de la puesta en marcha de un giro radical de la hermenéutica nihilista a un énfasis en la violencia que en realidad implica un segundo Vattimo, un Vattimo del conflicto antes que uno del “debilitamiento de las estructuras estables del Ser”. Un verdadero escándalo para la tradición hermenéutica, cuyo núcleo es la idea de diálogo, en cuyo centro se ubica la experiencia del Ser. Por otra parte, el punto de partida para entender la necesidad de un “debilitamiento” se plantea como un conflicto de “concepciones rivales de la racionalidad” histórico-política, para utilizar un título de Alasdair MacIntyre[19]. El “debilitamiento” está mediado por la noción de conflicto e implica, por ello, la lucha contra un poder metafísico y no una invocación a intensificar el diálogo; esto expresa un alto nivel de conflictividad en la comunicación entre comunidades histórico-políticas[20], cuyo despliegue presupone la “revolución”, para usar la expresión de Kuhn, esto es, la violencia efectiva. El libro es explícito en tratar la situación del mundo actual como un conflicto de interpretaciones que no es resoluble en términos de diálogo: un conflicto de paradigmas que sugiere la experiencia de un cambio radical que los eventos del Ser expresarían, aunque Vattimo y Zabala, por cierto, no lo indiquen de esta manera, sino dando la impresión (que despista al lector) de que debilitamiento y conflicto pueden ir juntos, algo que no parece ni muy lógico ni tampoco muy interesante, si fuese la interpretación final del texto.

Para Vattimo y Zabala hay un conflicto de paradigmas; un conflicto extremo de concepciones de racionalidad política y social. La “racionalidad” (pág. 87) del realismo metafísico liberal se opone a la hermenéutica nihilista, rebautizada aquí como “comunismo hermenéutico” (cfr. págs. 6-7)[21]. Como es comprensible en una introducción, los autores simplifican el problema empleando una distinción de Walter Benjamin, innumerables veces citada por Vattimo a lo largo de su obra; la distinción entre “historia de los vencedores” versus “historia de los vencidos”, oposición tomada de su Tesis de filosofía de la historia. Aunque los autores no lo mencionen; se trata de un conflicto de versiones inconmensurables de racionalidad que, en un contexto revolucionario, llevan detrás una violencia anterior metafísicamente hablando, ya que estos conflictos implican, en clave kuhniana, la incapacidad (la imposibilidad) esencial para el diálogo de tradiciones (grupos humanos con intereses diversos) en conflicto. Es evidente que Zabala y Vattimo, luego de haberla propuesto (quizá involuntariamente) desean “debilitar” esta situación extrema; no en vano han preferido como evento inaugural la revolución bolivariana y no el 11 de setiembre. Habría que preguntarle a lo divino que aconteció esa última fecha si considera su violencia parte de un proceso de “debilitamiento”. No hay nada en la hermenéutica que sugiera que los eventos políticos deban ser débiles. Quizá podríamos apostar porque lo sean, pero sería al costo de entregarse a la metafísica que así los describe, y estaríamos de nuevo en el realismo que Zabala y Vattimo recusan por “metafísico”.


Una tradición hegemónica (se entiende que la del liberalismo) impone su lectura del mundo presente desde su versión de la realidad, la “historia de los vencedores” (cfr. págs. 37-43), a la que se opone por su parte la “tradición de los oprimidos” (pág. 7). El afán neurótico por la objetividad, la ciencia y la verdad de los “realistas” sería en realidad la expresión del interés de los vencedores por asegurarse para sí el sentido de la historia y controlar a los “oprimidos” (cfr. págs. 14, 37 y ss.); éstos, por su parte, requieren de una ontología débil, que sea conceptualmente abierta a interpretar la novedad que ellos pueden significar para darle legitimidad o hacerla razonable a sus opresores. La hermenéutica nihilista debilitaría el discurso hegemónico, convirtiéndose así en el lenguaje en que los vencidos podrían ver volcada su tradición. De este modo los autores se sitúan como pensadores de los débiles (pág. 107); “comunistas hermenéuticos”, “los que piensan que la política no puede estar fundada en fundamentos científicos y racionales, sino sólo en la interpretación, la historia y el evento” (pág. 2). Este “comunismo débil” –escriben los autores- no llama, en su debilidad, tanto a la “revolución” (pág. 5) como a la “interpretación” (pág. 8), a la interpretación de los eventos que sublevan al orden liberal y que comparten el interés de los débiles (cfr. págs. 6-7); una extensa y fascinante cita de Eric Hobsbawm concluye que, aunque el comunismo “como programa” “ha fallecido” “como motivación continúa vigente” (pág. 6). Tal vez una agenda oculta mira con interés (aunque no necesariamente con aprobación) los otros eventos para nada “comunistas” que lo divino parece reservarse y que, si se dan, involucran “proyectos” del hombre (y del Ser que llama en la historia) que tampoco habrían fallecido.

Dentro de la clave que hemos introducido de hablar de “concepciones rivales de racionalidad”, tomada en la década de 1990 por MacIntyre para darle significado ético y político al lenguaje con el que Kuhn caracterizaba las “revoluciones” en el conocimiento científico, es que situamos la más fascinante y rica filosóficamente de las partes del libro de Vattimo y Zabala, que se titula Framed Democracy. En castellano Miguel Salazar ha traducido esta expresión, ya en inglés algo rara, de manera cuasi mística, por “democracia emplazada”[22]. En consonancia con el sentido del libro, vamos a preferir llamarla (como incidentalmente lo hacen los autores) “democracia metafísica” (pág. 37), una expresión con la que se significa el liberalismo, tanto económico como político, en calidad de lenguaje impuesto violentamente en el mundo, sea por la fuerza bélica, sea por instituciones mundiales tuteladas por Estados Unidos, sea por el lenguaje del realismo objetivista de los filósofos del “pensamiento único” (cfr. págs. 27-28, 37-38). El capítulo 1 de esta primera parte se divide en cuatro secciones: 1. Descripciones que se imponen, 2. La violencia de la verdad, 3. La naturaleza conservadora del realismo y 4, La historia de los vencedores. Pasaremos ahora a describir el contenido de cada una de estas secciones.

La sección 1 de la primera parte (págs. 11-16) se inicia con una anécdota retórica, un recurso lícito para argumentar en hermenéutica. El filósofo realista John Searle recibe una condecoración en 2004 de Georges Bush, el Presidente de Estados Unidos cuyo recuerdo se asociará siempre a la crisis económica global del sistema liberal que se inicia en 2008, así como a las sangrientas y fracasadas invasiones militares norteamericanas al Reino de Afganistán y la indefensa República de Irak, tan rica en petróleo, sin embargo. Bush premia el afán del realista Searle por su adhesión “al pensamiento moderno” y por “defender la razón y la objetividad” (pág. 11). Los autores subrayan, no sin motivo, las razones de Bush para premiar una filosofía cuyo interés es el mismo de su política, que se denomina aquí “política de las descripciones” (pág. 12); ésta representa un “paradigma” (en el sentido de Kuhn) cuyo origen se halla en la Ilustración (págs. 12-13) y cuyo núcleo es vincular el conocimiento de “la verdad objetiva” con un supuesto interés de la “humanidad”; aunque ya denunciaba el absurdo de esto Joseph de Maistre en 1796[23], aquí la fuente es Richard Rorty (pág. 13)[24]. Los autores, siguiendo a Derrida, Nietzsche y Heidegger, sostienen el carácter manifiestamente interesado de la comprensión humana, lejos de la presunta neutralidad u objetividad que la democracia metafísica premia. “La filosofía –aclaran los autores- no es recepción desinteresada, contemplativa o neutral de objetos sino más bien la práctica de una posibilidad interesada, proyectada y activa” (pág. 14). Dirigido el texto al auditorio del 11 de setiembre se cita a Sir Karl Popper y Hannah Arendt (pág. 15), un liberal y una demócrata.

La sección 2 parte de haber desagregado la “política de las descripciones”, cuya traducción filosófica es el paradigma ilustrado del cientificismo y la verdad social en tres aspectos de ese paradigma, “la violencia de la verdad, el carácter conservador del realismo y la historia de los vencidos” (pág. 17). Entonces se presenta una polémica entre Richard Rorty y Pascal Engel, un filósofo francés de tradición analítica, que gira en torno de la idea de verdad (págs. 17-18). “El origen de esta disputa descansa en la esencia de la verdad”, escriben los autores, pues ésta, cuyo origen radica en la ambición de la epistemología moderna, desemboca en una eliminación de las diferencias y el silenciamiento del disenso o la pluralidad; así –concluyen- “La violencia es el significado político de la verdad” (pág. 18), lo cual explica por qué Bush, un gobernante caracterizado por su política internacional intervencionista y violenta fue capaz de premiar a Searle. Allí donde se habla de “verdad” en política en el mundo liberal es de esperarse un silenciamiento y una violencia contra los que disienten, sean éstos filósofos o comunes. Sigue un extenso debate con la filosofía del lenguaje de Alfred Tarski a través de Heidegger, como un conflicto de paradigmas que sabemos son epistémicos, pero conllevan un significado político (págs. 19-23). Una larga reflexión en torno del Menón de Platón extiende la crítica del carácter violento de la idea de verdad a la noción, tan cara al liberalismo de los últimos años, de la verdad como un acontecimiento dentro del diálogo (págs. 23-25)[25]. El texto no podría ser más demoledor: el diálogo tal y como Platón lo presenta presupone un horizonte previo de consenso, esto es, una verdad que ya se halla fuera de cuestión y que sirve para someter a quien, en el Menón, no podría estar mejor representado que por un esclavo que aprende del diálogo sometido al amparo de su propietario[26]. Hay que anotar que la hermenéutica bien entendida, aunque tradicionalmente relacionada con el diálogo, concibe éste en realidad  de manera no liberal, esto es, para decirlo brevemente a nuestro modo, de manera desfondada (cfr. pág. 26); por este motivo, podemos agregar, la concepción hermenéutica de la racionalidad no desemboca políticamente en conservar (la verdad del dominador) sino en cambiar a través de interpretaciones que pueden o no ser conflictivas.

Con la salvedad anterior, pasemos a la sección tercera, que subraya la consecuencia esencialmente conservadora de todo orden institucional humano basado en el diálogo con lo que –paradójicamente- no podríamos estar más de acuerdo. En las democracias metafísicas el diálogo sepulta, ocluye, desaparece la idea de lo nuevo y despoja a los portadores del cambio de toda oportunidad. “El diálogo excluye la posibilidad misma del cambio –escriben Zabala y Vattimo- porque imponen la verdad sobre toda forma de disenso del orden hegemónico de la ciencia, es decir, el fundamento metafísico de la democracia” (págs. 27-28).  El resultado metafísico de esta imposición deviene, en opinión de los autores, en la “falta de urgencia” (pág. 28), una expresión de Heidegger con la que se intenta explicar una incapacidad, tanto histórica como conceptual, de aceptar que se den eventos o milagros. El texto desarrolla esto en una polémica entre Searle y Derrida que podemos dejar encargada al lector (cfr. págs. 29-36). La sección siguiente y final del capítulo 1 desemboca en la identificación de la política de las descripciones, el realismo y la violencia de la verdad con la expresión de Walter Benjamin “historia de los vencedores” (cfr. págs. 37-41). El texto se desarrolla como un delicioso comentario del libro de Robert Kagan The Return of History and the End of Dreams (2008), una aparente respuesta al penoso panfleto de propaganda liberal que es The End of History and the Last Man (1992) de Francis Fukuyama.

Con el recordatorio de que, a través de eventos como los ya citados, se “abre un espacio”, en que es posible “emanciparse de la democracia metafísica” y que “hay una salida al realismo impuesto, es decir, a la historia de los vencedores” (pág. 43), el lector pasa al capítulo 2 de la parte primera, “El capitalismo armado” (págs. 45-71). La primera referencia, para el lector entre líneas, no es la revolución bolivariana, sino el 11 de setiembre, es decir, un evento extremo donde la incomprensión entre paradigmas significa una violencia. El libro fue compuesto al inicio del régimen de Barack Obama, sucesor de Bush en el gobierno de Estados Unidos, la Framed Democracy por definición. La primera indicación es un dato empírico: Obama, Premio Nobel de la Paz, habría incrementado la presencia militar en Medio Oriente e intensificado su política de intervención armada respecto de su predecesor (págs. 45-46). Zabala y Vattimo acotan, no tan tímidamente, que “el 11 de setiembre fue una respuesta a décadas de presión militar occidental en el Medio Oriente” (pág. 46). Aunque la apuesta del libro es a “debilitar” el pensamiento –y tal vez la práctica- de la democracia metafísica a favor de los “débiles” (esto es, los marginados del liberalismo, cfr. págs. 6-7, 16), ostensiblemente, los mismos autores terminan reconociendo que el grado de conflicto entre versiones rivales de racionalidad en el mundo histórico descansa en un horizonte revolucionario en el sentido de Kuhn, esto es, de grado máximo de incomprensión o “inconmensurabilidad” (cfr. pág. 85) y, por lo mismo, de violencia. Esto es ratificado con una cita de Derrida en respuesta al optimismo liberal del Fukuyama de 1992; nada podría ser peor para los marginados en el mundo social cuya “descripción” es el realismo metafísico (págs. 48-49)[27].

Es curioso que Joseph de Maistre, que nunca sería un “comunista hermenéutico”, aunque innegablemente es un autor aborrecido por la tradición liberal[28], pueda estar tan cercano a la argumentación de Hermeneutic Communism. De Maistre creía en el carácter intrínsecamente expansivo y violento del republicanismo metafísico o “liberalismo”. Esto se debe a una incapacidad consubstancial a su concepción metafísico-política de aceptar formas alternativas de régimen, no importa si es éste islámico, monárquico o bolivariano. En el mismo sentido, la segunda sección del capítulo 2 se ocupa de “La imposición del Estado liberal” (págs. 51-58). El tema central es el carácter expansivo de lo que –citando a Carl Schmitt y luego a Heidegger[29]- se llama la “esencia del liberalismo” (págs. 52-53). Los “Estados liberales son también Estados liberadores” (pág. 52) –acotan los autores-.

La presunta objetividad del dominio de la verdad se traslada al ámbito de la libertad, que se hace obligatoria de manera universal, “liberadora”, como consecuencia de lo cual los países liberales se transforman en intrínsecamente belicosos con el resto; “una manera peculiar de entender la libertad”, escriben los autores en cálida ironía (pág. 53); se trata de una tesis de Heidegger que no debe desestimarse[30]. Las páginas que siguen están consagradas a explicar con ejemplos tomados de la interminable guerra por expandir su régimen en todo el mundo cómo “La autoseguridad del liberalismo, esto es, su decisión de quiénes somos nosotros, llega a ser la medida de los Estados liberales” (pág. 58). La tercera sección del capítulo 2 “Recesiones financieras que se conservan” (págs. 58-71) muestra, grosso modo, cómo la racionalidad encarnada en el sistema económico liberal viene soldada con el horizonte de la democracia metafísica y es tan “ciega” a las anomalías –para escribirlo en kuhniano- como los Estados Unidos en admitir humanidad en sus enemigos (cfr. pág. 60). Algo especialmente lamentable luego de la crisis de la economía global liberal de 2008, un evento al que se hace reiterada referencia (cfr. págs. 58-64).

La parte segunda de Hermeneutic Communism se titula “Comunismo hermenéutico” (págs. 75-140). Su primer capítulo, el capítulo 3 del libro, hace una propuesta complementaria a la Framed Democracy como versión de racionalidad histórico-política. Se trata de la versión rival que se halla en conflicto con el realismo cientificista, que es la racionalidad de la democracia metafísica. A la “política de las descripciones” se va a oponer ahora la “política de la interpretación” (págs. 76, 78-79), y a la epistemología del realismo metafísico de los liberales se opondrá ahora la hermenéutica. “Una filosofía que reposa en una pluralidad de interpretaciones debe rechazar no sólo toda exigencia metafísica por valores universales, sino también la naturaleza pasiva y conservadora que caracteriza la filosofía descriptiva a favor de la acción” (pág. 77). El desarrollo del capítulo va a sustentar este paradigma rival del realismo explorando “el trabajo de los maestros de la hermenéutica (Dilthey, Nietzsche, Heidegger y Gadamer), los orígenes de la hermenéutica (Lutero, Freud y Kuhn) y sus desarrollos políticos radicales (Schürmann, Lyotard y Rorty)” (pág. 79).

Especial interés reviste para nosotros el abordaje de Kuhn en la sección anotada (págs. 84-87), en particular porque explicita conceptos y oposiciones que se hallan en su The Structure of Scientific Revolutions (1962); como se ha intentado mostrar, hay allí presupuestos que moldean buena parte de la composición de Hermeneutic Communism y, más aún, su planteamiento que, tras la retórica de la revolución bolivariana, tiene su centro medular en el 11 de setiembre y su secuela de violencia. Hay “paradigmas que cambian” en momentos “revolucionarios” o “extraordinarios” llevados por la “inconmensurabilidad”, esto es –dicen los autores- por la “interpretación” (pág. 85). El concepto de “revolución” que procede de Kuhn, como puede sospechar el lector entre líneas, toma su sentido social de la “revolución” política, que implica una incomprensión a la que subyace una violencia esencial[31]. Así, la hermenéutica, el paradigma rival a la metafísica realista y el liberalismo es definida, no tan implícitamente, como una filosofía de la revolución y el cambio, una suerte de metapolítica[32]. Tenemos el “giro kuhniano” en la hermenéutica nihilista u ontología del evento en su más clara evidencia.

La hermenéutica, aunque no lo confiesen así los autores, sería una suerte de metapolítica cuya ventaja frente al realismo metafísico rival sería su capacidad conceptual de dar un lenguaje a los cambios institucionales e históricos y, más aún, a los cambios violentos. El desarrollo del resto del capítulo, aunque una interesante aproximación tanto a los “maestros de la hermenéutica” (págs. 87-95) como a sus fuentes presuntamente políticas (págs. 95-107) no aporta mucho a lo que se ha comentado ya.

El capítulo 4, sección segunda de la segunda parte de Hermeneutic Communism, como lo hiciera a su turno el capítulo 2 de la parte primera, remite el desarrollo conceptual del capítulo precedente a una realidad histórico-social, a la que sirve de interpretación. Es la sección más propiamente “comunista” del texto y tiene su centro en la interpretación como evento del Ser de la revolución bolivariana, a la que defiende con datos estadísticos de reducción de la pobreza, mejora de los servicios sociales y resistencia política a la democracia metafísica (cfr. págs. 121-131). A través de este fenómeno político “el comunismo ha devenido en una presencia espectral” cuyo “potencial” “puede ser renovado por la hermenéutica” (pág. 109), es decir, se le puede conferir un lenguaje alternativo al liberal, una experiencia histórica que se puede transformar en un lenguaje social para el cambio frente a la democracia metafísica, que lo niega en nombre del realismo. En ese sentido “El comunismo sudamericano es una alternativa al capitalismo” (págs. 120-121). Los autores enfatizan que “la hermenéutica es como ese comunismo del que hablaba el Manifiesto comunista, una espectro que nos persigue, una voz que nos llama desde los eventos que vivimos” (pág. 110); es un “llamado imprevisto” que nos que concita el interés del hombre y muestra, desde su propio ser como evento, el “fin del Eurocentrismo y la pretensión de la racionalidad occidental a la universalidad” (págs. 110-111).

La intención expresa de Hermeneutic Communism es subrayar la dimensión hermenéutica de la revolución bolivariana. Pero un libro cuya reflexión inaugural versa sobre el evento del 11 de setiembre y su secuela de violencia de parte de los “Estados liberales” y la “esencia del liberalismo”, en lo que manifiestamente es una interpretación global de la historia de la metafísica y la introducción filosófica del evento como conflicto (o violencia, bélica inclusive, y por qué no, también terrorista) siempre sugiere al lector entre líneas algo que es caro en el pensamiento político del Vattimo de la última década, a saber, la idea de que el mundo liberal es infranqueable en un sentido tal que cabe esperar lo que recientemente ha llamado una “parusía”[33], un evento salvífico que es como un shock, que necesariamente –insiste Vattimo en particular en su libro de 2006- ha de venir de fuera[34]. Vattimo espera milagros o se halla atento a su aparecer.

¿Qué es esto de esperar la parusía de fuera? Aunque los autores parezcan sostener lo contrario, esto no se explica porque la democracia metafísica se sostenga como una fuerza conservadora por el interés de sus dirigentes o del capital o de sus filósofos bien instalados allí, ni porque sostenga una versión rival de racionalidad histórico-social (lo cual ya es más interesante), sino porque constituye un horizonte de mundo metafísico, a través de cuya epistemología y cuya racionalidad objetivista adquiere un carácter perentorio y violento en función del cual los eventos del Ser acontecen. Pero este mundo, aunque pretende ser el mundo sin más –debemos agregar- es un horizonte histórico finito: acaece por tanto como una geografía hermenéutica; es un mundo con un centro y una periferia, como los autores mismos, sin proponérselo, admiten (cfr. págs. 68 y ss.). Una geografía hermenéutica implica márgenes, esto es, no sólo territorialidades, sino situaciones limítrofes desde el punto de vista de la interpretación, cual es el caso sin duda de los débiles, para quienes Hermeneutic Communism se presenta como lenguaje y proyecto. Pero el horizonte que el liberalismo es presupone también exterioridades, esto es, dimensiones hermenéuticas de “fuera” que deben interpretarse de manera no territorial, como es el caso de los atentados terroristas. Esto último implica y llama (cuando se puede decir que “acontece”) por una violencia; no porque ésta sea deseada por quienes viven dentro, y ni siquiera fuera de esa geografía (págs. 136-137, 139-140) sino, y a despecho de lo que legítimamente pretenden hacer los autores, porque, como ellos mismos admiten, “desafortunadamente el comunismo hermenéutico (agregamos nosotros, la ontología del evento) no puede asegurar una existencia pacífica, el diálogo o una vida tranquila puesto que el dominio de lo “normal” ya pertenece a los vencedores de las democracias metafísicas” (pág. 138). No es una filosofía que pueda recomendar o fomentar la paz del diálogo, pues el evento o, para decirlo con el término milagro, implica la idea de una exterioridad radical, que aquí se entiende como ese lugar desde el cual el Ser remite sus llamados al hombre.

Joseph de Maistre, o tal vez Vattimo, podría decir a los realistas y liberales norteamericanos de la ciudad de Nueva York, si la hubiera visto balancearse ante la conmoción del mundo un 11 de setiembre: “No hay más que violencia en el universo; pero estamos mimados por la filosofía moderna, que ha dicho que todo está bien, mientras el mal ha manchado todo, y que, en un sentido muy verdadero, todo está mal”; “todos los seres gimen y tienden, con esfuerzo y dolor, hacia otro orden de cosas”[35]. En el mundo del pensamiento único, “con estas reflexiones retorna el sueño de los bárbaros”, “que vendrán desde fuera y nos obligarán”[36]. ¿Qué evento es más “externo” a la democracia metafísica? ¿El 11 de setiembre, asomo aterrador de lo divino en el mundo, o la revolución bolivariana? Tal vez, antes que un Manifiesto comunista, Hermeneutic Communism sea una advertencia a su lector angloamericano de que el mundo acontece como un conflicto radical de interpretaciones y que, tal vez, nos hallamos ante una revolución kuhniana, una violencia que, antes de combatir o silenciar, debemos primero aceptar.

Caetera desiderantur…



[1] Cfr. J. de Maistre, Considérations sur la France [1796], Paris, Potey, 1821, págs. 3-4.
[2] Cfr. R. Rorty, “La prioridad de la democracia sobre la filosofía”, en G. Vattimo, compilador, La secularización de la filosofía. Hermenéutica y posmodernidad, Barcelona, Gedisa, 2001, págs. 31-61.
[3] Cfr. Ch. Mouffe, En torno a  lo político [2004], México, FCE, 2007, págs. 89-96.
[4] Sobre Vattimo, cfr. S. Zabala, “Gianni Vattimo y la filosofía débil”, en S. Zabala, editor, Debilitando la filosofía. Ensayos en honor de Gianni Vattimo [2007], Barcelona, Anthropos, 2009, págs. 11-50.
[5] Cfr. F. Volpi, “El nihilismo en Italia”, en. F. Volpi, El nihilismo [1996], Buenos Aires, Biblos, 2004, págs. 155-167; C. Pairetti, Introducción al pensamiento de Gianni Vattimo: Nihilismo y hermenéutica, Córdoba, Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, 2009, cap. I.
[6] G. Vattimo, De la realidad. Fines de la filosofía [2012], Barcelona, Herder, 2013, pág. 12.
[7] G. Vattimo, De la realidad, págs. 118-119.
[8] Cfr. V.S. Rivera, “Discurso”, en T. Oñate y otros, editores, El compromiso del espíritu actual. Con Gianni Vattimo en Turín, Cuenca, Aldebarán, 2010, págs. 223-226.
[9] Vattimo y Zabala, Hermeneutic Communism, pág. 111; cfr. págs. 121.
[10] Cfr. S. Zabala, compilador, Gianni Vattimo. Nihilismo y emancipación [2003], Barcelona, Paidós, 2004, pág. 103.
[11] G. Vattimo, “Ontologia de l’attualità” en G. Vattimo, compilador, Filosofia, 1987, Bari, Laterza, 1988, págs. 201-223.
[12] De ahora en adelante, todas las traducciones del texto en inglés son de nuestra responsabilidad.
[13] G. Giorgio, “Nihilismo hermenéutico y política”, en C. Muñoz Gutiérrez, D. M. Leiro y V.S. Rivera, coordinadores. Ontología del declinar. Diálogos con la hermenéutica nihilista de Gianni Vattimo. Buenos Aires: Biblos, 2009,  págs. 241 y ss.
[14] Incorporadas después en G. Vattimo, Della realtà. Fini della filosofia, Milano, Garzanti, 2012, págs. 99-140.
[15] Cfr. G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto” [2009]. T. Oñate y otros, editores, El compromiso del espíritu actual. Con Gianni Vattimo en Turín, Cuenca, Aldebarán, 2010, págs. 27-28.
[16] Cfr. V.S. Rivera, “Hermenéutica del enemigo. Gadamer y Schmitt”, en Endoxa, N° 20, 2005, págs. 449-478.
[17] Cfr. H. Meyer, La tecnificación del mundo. Origen, esencia, peligros [1961], Madrid, Gredos, 1966, 408 págs.
[18] G. Vattimo, Ecce comu, La Habana, Ciencias Sociales, 2006, 154 págs.
[19] A. MacIntyre, Tres versiones rivales de la ética [1990], Madrid, Rialp, 1992, 294 págs.
[20] Cfr. A. MacIntyre, Justicia y racionalidad. Conceptos y contextos [1988], Barcelona, Eiunsa, 1994, caps. I, XVIII; A. Mason, “McIntyre on Liberalism and its Critics: Tradition, Incommensurability and Disagreement”, in J. Norton and S. Mendus, After MacIntyre. Critical Perspectives on the Work of Alasdair MacIntyre, Cambridge, Polity Press, 1994, págs. 205-224.
[21] Sobre la “racionalidad” en la hermenéutica de Vattimo, cfr. G. Vattimo, “La reconstrucción de la racionalidad” [1992], en G. Vattimo, compilador, Hermenéutica y racionalidad Santa Fe de Bogotá, Norma, 1994, págs. 141-161.
[22] G. Vattimo y S. Zabala,  Comunismo hermenéutico. De Heidegger a Marx, traducción de Miguel Salazar, Barcelona, Herder, 2012, págs. 25-29.
[23] Cfr. J. de Maistre, Considérations sur la France, págs. 102-103.
[24] R. Rorty, Objectivity, Relativism, and Truth, Cambridge, Cambridge University Press, 1991, pág. 22.
[25] Cfr. G. Vattimo, “Del diálogo al conflicto”, págs. 30-31.
[26] Interesante antecedente de la crítica al diálogo liberal cfr. R. Rorty, “¿Solidaridad u objetividad?”, en Objetividad, relativismo y verdad. Estudios filosóficos I [1991], Buenos Aires, Paidós, 1996, págs. 40, 46 y ss.
[27] J. Derrida, Specters of Marx, New York, Routledge, 1994, pág. 85.
[28] Cfr. por ejemplo I. Berlin, “Joseph de Maistre y los orígenes del fascismo”, en Vuelta, N° 177, 1991, págs. 10-17; S. Holmes, Anatomía del antiliberalismo, Madrid, Alianza Editorial, 1999, págs. 33-60.
[29] M. Heidegger, Aportes a la filosofía. Acerca del evento [1983], Buenos Aires, Biblos, 2003, pág. 58.
[30] M. Heidegger, “La época de la imagen del mundo” [1938], en Sendas perdidas [Holzwege], Buenos Aires, Losada, 1960, págs. 68-99. Cfr. V.S. Rivera, “El evento de Pedro III. Liberalismo-koiné y ontología hermenéutica”, en Verba Hominis [Lima], Vol. II, N° 2, 2012, págs. 72-77.
[31] Cfr. T.S. Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas [1962], México, FCE, 1985, págs.150 y ss.
[32] J. de Maistre, Essai sur le principe générateur des Constitutions politiques, et des autres Institutions humaines, Paris, Société Tipographyque, 1814, págs. iii. Cfr. V.S. Rivera, “Evento, novum y violencia fundante. Bagua (Perú), 2009” en Estudios Filosóficos, Vol. LXIII, N° 183, págs. 323-342.
[33] G. Vattimo, De la realidad, pág. 20.
[34] Cfr. G. Vattimo, Ecce comu, págs. 117, 121-122.
[35] J. de Maistre, Considérations sur la France, págs. 54-55. Hemos tomado la traducción de esta versión española: J. de Maistre, Consideraciones sobre Francia. Presentación de Antonio Truyol y Serra. Traducción y notas de Joaquín Poch Elio, Madrid, Tecnos, 1990, pág. 36.
[36] G. Vattimo, Ecce Comu, págs. 122.


PD: El texto original fue publicado por Araucaria digital. Para acceder haga click sobre el título de esta nota.

martes, 6 de enero de 2015

RECUEILLEMENT DE SOCRATE Sur l'âme, source et principe d'existence/ Gilles Guigues




RECUEILLEMENT DE SOCRATE Sur l'âme, source et principe d'existence 

Gilles Guigues

Paris, Éditions L’Harmattan 
Collection « Ouverture philosophique » 

http://www.editions-harmattan.fr/index.asp?navig=catalogue&obj=livre&no=45147 

http://www.librairieharmattan.com/listeliv.php?RECHERCHE=simple&LIVREANCIEN=2&MOTS=guigues%20gilles 


PHILOSOPHIE : ISBN : 978-2-343-04651-8 • 1 décembre 2014 • 208 pages 
Prix éditeur : 21 € 19,95 € 


Dans sa prison, condamné à mort, Socrate se coupe de toute préoccupation terrestre pour se concentrer sur la vie de l’esprit. Sans faiblir devant la venue de la mort ni se défaire de son exigence morale, il révèle, dans le dialogue avec ses fidèles, sa force d’âme. Une vie, il s’est préparé à l’issue fatale, s’appliquant à purifier l’idée de la mort par la pensée en elle-même, cherchant une forme de sérénité dans ce compagnonnage. Aussi la conçoit-il comme une nécessité inévitable qu’il faut aborder par la raison, sans la redouter ni même s’élever contre son injustice. Mais il est également porté par un élan spirituel qui repose sur la croyance dans l’éternité de l’âme, une belle espérance : mener une existence future auprès des dieux, ces maîtres sages et bons. Lorsqu’il livre ainsi son cœur, Socrate veut rassurer les siens, les consoler de sa disparition. Surtout, en révélant ce qui guide son esprit de la façon la plus digne qui soit, il solidifie ses principes. S’il se montre plein de piété, il reste ce maître à penser, soucieux avant tout de connaître la nature de la vertu pour mieux en parler et la donner en exemple jusqu’à la fin. 


Arriba: Año Nuevo 2015 en Londres, capital del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Dios como posibilidad buena: La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)



Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 aniversario

 Dios como posibilidad buena
 La experiencia humana de Dios en Gianni Vattimo (I parte)

Carlos Pairetti
Universidad del Rosario


Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal



Este trabajo de investigación intenta ensayar ciertas respuestas a la crítica que Neldo Candelero efectúa al contenido esencial del pensamiento filosófico-religioso de dos autores posmodernos como lo son: Gianni Vattimo y Richard Rorty, respectivamente. Por razones de índole metodológica, circunscribiré mi análisis a aquellos conceptos pertenecientes al pensamiento de Vattimo sobre los que recae parte de la crítica de Candelero, como por ejemplo: la noción de Dios como cosa en-si, el problema de lo religioso, la cuestión vinculada a la aproximación entre historia de la salvación e historia de la interpretación, y, finalmente, la interpretación ético-política de la kénosis y de la caridad.

El desarrollo de la investigación constará de dos momentos, a saber: en primer lugar, bajo el título Dios la posibilidad buena: el problema de la trascendencia horizontal, intentaré mostrar que, si bien para Vattimo, Dios no es algo reductible a formulaciones teológicas-dogmáticas de ascendencia metafísica como las construidas por la doctrina de la Iglesia católica, sin embargo, todavía es posible continuar hablando de Dios y de su trascendencia, pero en un sentido negativo, como aquello que se muestra de espaldas mientras que se sustrae. A partir de esta concepción de Dios como trascendencia horizontal, discutiré las objeciones de Candelero dirigidas al problema de la posibilidad de la experiencia mística, dado que, según el autor, con el Dios de Vattimo es posible tener una experiencia de lo religioso, pero no mística.  

En segundo lugar, en función del título La interpretación ético-política de la kénosis, avanzaré un paso adelante respecto del primer momento de la reflexión, subrayaré la incidencia incuestionable que tiene la Escritura en lo concerniente a la configuración de la cultura occidental, ante lo que cabe interrogarse: ¿por qué no podemos dejar de llamarnos cristianos? Tomando nota de esta influencia, abordaré la compleja relación que existe entre historia de la salvación e historia de la interpretación, mostrando que, deslindar una de otra, se torna una empresa verdaderamente problemática. Y, como consecuencia de lo anterior, en este contexto, procuraré esclarecer lo que señala Vattimo sobre la caridad entendida como límite de la interpretación, una vez que, hermenéuticamente hablando, se hace difícil ─por no decir imposible ─ establecer la diferencia entre cosas en-sí  y cosas para nosotros, o, lo que es igual, distinguir hechos de interpretaciones, en virtud del debilitamiento del cristianismo obrado en la kénosis.

Mi intención en esta primera parte de la investigación es enfrentarme a las principales afirmaciones de Neldo Candelero sobre la concepción de Dios, la esencia de lo religioso y lo místico, efectuadas a lo largo de su crítica a la concepción del cristianismo débil-hermenéutico propuesta por Gianni Vattimo. Para tal fin, intentaré elucidar en oposición a la postura de Candelero, el sentido y alcance de la defensa que hace Vattimo de la noción Dios como “Posibilidad buena”. Esta manera de concebir a Dios se engarza de modo directo con los resultados de la puesta en juego de la enunciación nietzscheana: “No existen hechos, sólo interpretaciones”, que, prima face, no pareciera dejar subsistir la realidad de Dios como algo ahí fuera ─para decirlo con una expresión acuñada por Rorty. No obstante, y como lo intentaré demostrar, se puede continuar hablando de Dios a condición de que éste sea despojado de los caracteres fuertes que le asigna la teología metafísica.



Candelero parte, apoyándose en Von Balthasar y otros, de una aseveración que es algo así como una conditio sine qua non para la concepción de todo fenómeno que se precie de religioso, a saber: es explícito y definitorio en la tradición cristiana que un Dios habló primero, que la divinidad en el cristianismo no es un constructo del hombre, que Dios habla, llama primero, elige y convoca, habla a Moisés, a María, a Saulo.[1]Luego, centrándose en las indicaciones de Vattimo acerca de Dios, señala que éste es en-palabra, es decir, conocido y cognoscible únicamente a través de la Biblia y, a este respecto, nuestro autor objeta, haciendo uso de la atinada observación de Tersteegen, que: “un Dios que concebimos no es dios”. Finalmente, destaca que el dios de Vattimo es toda una alteridad, pero en formato de obra, en-palabra, un dios para ser leído, pero no un dios parlante. Diríamos, siguiendo la línea de interpretación de Candelero, que con el dios de Vattimo se puede tener una experiencia de lo religioso ─sustentada, fundamentalmente, en la palabra humana, en la interpretación humana─, algo que dista mucho, claro está, de una experiencia mística al modo en que la tuvo Santa Teresa y otros tantos místicos.

En atención a las indicaciones críticas de Candelero, intentaré a modo de ensayo realizar ciertas aclaraciones acerca de la concepción que Vattimo tiene de Dios, de tal manera que ─hablando metafóricamente─ se evite arrojar el agua de la bañera con el niño dentro. Con arreglo a lo apuntado es oportuno elucidar lo siguiente: el hecho de que Vattimo no adscriba a tomar nota de las afirmaciones teológicas-descriptivas de ascendencia metafísica acerca de la naturaleza íntima de Dios, de ello no se sigue que la trascendente realidad divina sea puesta en juego, sea anulada por completo. Veamos lo que dice el autor al respecto:

“Resisto a la idea de hacer una teología si sólo pienso que la teología sea un discurso descriptivo riguroso. (…) Aquello que al fin me lleva a resistir es la idea de una teología descriptiva que diga: Dios es así y así”.[2]

Por tanto, en este orden de cosas, si cabe hablar de Dios, sólo pareciera posible a través de una teología negativa, y ello, porque como señala el filósofo italiano: “Lo característico de la divinidad es aquello de no permanecer, aquello de mostrarse sólo de espaldas mientras se sustrae, aquello de ser constitutivamente algo que se deshace, que se abaja”.[3] Ahora bien, si se presta atención a esta afirmación, se pueden diferenciar dos niveles en la concepción de Dios, propuesta por Vattimo: de un lado, es toda una alteridad, pero, del otro, es un Dios kenótico, aquel al cual hace referencia la epístola paulina a los Filipenses en Flp. 2, 6-7. De lo que se trata entonces, no es tanto del hecho de pensar la trascendencia de Dios en sentido vertical, porque de ese modo, a juicio de Vattimo, todavía estaríamos tomándolo demasiado descriptivamente, sino, antes bien, pensarla en sentido horizontal.[4] La cuestión viene a ser la siguiente: si Dios es aquello que nosotros mismos no somos, pero que no obstante tiene una relación con nosotros por medio de una llamada: ¿cómo puede relacionarse con lo humano si habita otro plano de la realidad? A esta pregunta Vattimo responde afirmando que Dios no está en ninguna parte y agrega que Jesús es el Reino de Dios en medio de nosotros haciendo referencia a la cita de Mt. 18, 20: “Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. El autor reconoce que esta posición es peligrosamente panteística e inmanentística, pero advierte que sólo como contrapunto de una trascendencia de tipo objetivante, dado que jamás se podría equiparar ─salvo a través de posiciones objetivantes metafísicas─ la inmanentización de Dios con el mundo.[5]De lo anterior se desprende que la trascendencia de Dios no es negada, antes bien, Vattimo la somete a una torsión o distorsión (verwindung), es decir, se reapropia de ella para redefinirla con pretensiones antimetafísicas, con la finalidad de sortear las dificultades que acarrea la proposición de dos órdenes diferentes de realidad, con vistas a la comunicación entre lo divino y lo humano, entendiéndola como plano de salvación que se contrapone a los puros eventos, o que le concede a éstos un punto de vista diverso. “Pero ‘diverso’ no quiere decir que sea colocado ‘en alto’ o en otro lugar”[6]. En todo caso la trascendencia se asocia con la posibilidad futura, con una posibilidad positiva, buena. En esta línea de interpretación, Dios es, a juicio de Vattimo, la posibilidad buena del hombre. Escuchemos como lo expresa el autor, reconociendo, también en este caso, que su propuesta no es muy sofisticada, pero una vez más, su intención es mantener una línea de coherencia con lo que viene sosteniendo acerca de Dios, aún a riesgo de reducirlo a una mera prolongación de lo humano:

“Dios es la posibilidad buena del hombre. ¿Pero, de otra parte, esta posibilidad buena, que me debe parecer suficientemente diversa del orden existente para ser una posibilidad alternativa, de dónde la extraigo? (…) En ciertos aspectos de mi pasado (del cual forma parte la Escritura) que se distinguen de otros, los que no representan una posibilidad buena, como por ejemplo, los campos de exterminio. (…) En suma, existe un componente escatológico en la dimensión ontológica de nuestra existencia, una proyectualidad, la cual viene de afuera en la medida en que no se identifica con el dato existente, no obstante, debe ser excavada dentro de lo transmitido”[7].

Tal vez esta manera de hablar de Dios como “posibilidad buena” suene escandalosa, fundamentalmente, cuando se la asocia con el acto de excavar en una experiencia pasada, en lo transmitido. Pero ¿qué es el la tradición judeo-cristiana sino un rememorar constante la intervención de Dios en la historia de la humanidad? El hecho es que, todo lo que la historia pasada nos cuenta acerca del accionar de Dios se identifica con un evento en torno al cual cabe decidir, siempre a posteriori, sobre qué base se ha de aceptar o rechazar lo acaecido, teniendo en cuenta que aquello nos alcanza como un mensaje transmitido que nos interpela y ante el cual hemos de dar una respuesta responsable, dado que, a su vez, también interpelará la existencia de aquellos que nos sucederán en el tiempo y la de nuestros contemporáneos.

Como puede notarse, entonces, en función de lo señalado hasta el momento, la pretensión de Vattimo no pareciera reducir la realidad divina a un puro resultado de la inteligencia humana, sino que, antes bien, consiste en permitirle a esa alteridad que nos trascienda, al tiempo que nos permita trascendernos como humanidad en la dirección de una posibilidad buena. Pero una posibilidad buena, si quiere ser tal, tiene que ser susceptible de ser descifrada a partir de una responsable interpretación vivida al interior de la comunidad cristiana, y no algo que ha de verse, exclusivamente, bajo la luz de los tratados de teología dogmática y de la enseñanza doctrinal de la Iglesia, en virtud de las cuales todo aquello que cae por fuera de las rígidas fronteras del discurso teológico descriptivo sea discriminado por aberrante.



[1] Candelero, Neldo. Ciencia, Arte, Religión. Observaciones filosóficas 3. “Rorty-Vattimo. Acerca de lo religioso”. Rosario: Ciudad Gótica, 2012, pp.5-6.
[2] Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teologia. A cura de Giorgio, Giovanni. Catanzaro: Rubbettino Editore, 2009. p.5. La traducción es nuestra.
[3] Idem.. p.4. La traducción es nuestra.
[4] Trascendencia horizontal como contrapuesta a vertical es un término utilizado por Vattimo a lo largo del coloquio que estamos citando para nuestra reflexión.
[5] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. Pp.18-19. La traducción es nuestra.
[6] Véase ob. cit. Vattimo, Gianni-Dotolo, Carmelo. Dio: la posibilità buona. Un colloquio sulla soglia tra filosofia e teología. p.17. La traducción es nuestra.
[7] Idem. p.20. La traducción es nuestra.


Arriba: Celebraciones por el Año Nuevo 2015 en Corea del Norte, cuyo Líder del Cielo es Su Excelencia el altísimo Kim III, por largos años sea su mandato!

Anuncio: Homenaje a Vattimo por su 79 cumpleaños en La Coalición



 Homenaje a Gianni Vattimo por su 79 cumpleaños
 en La Coalición


Por motivo de su 79 cumpleaños, producido en día 04 de enero de 2015, La Coalición anuncia que va a publicar el texto "Dios, la opción buena" dividido en tres partes, del profesor Carlos Pairetti, experto en Gianni Vattimo y hermenéutica filosófica de la Universidad del Rosario (República Argentina) y autor de la primera introducción al pensamiento del hermeneuta de Turín escrita en idioma castellano, publicada en Córdoba, Argentina, en 2009, con prólogo del propio Vattimo.



Arriba: Año Nuevo 2015 con fuegos artificiales en el Emirato de Dubai

viernes, 2 de enero de 2015

Significado de la tradición humanística para las ciencias del espíritu en Gadamer



Significado de la tradición humanística 
para las ciencias del espíritu en Gadamer

José Luis Herrera
Universidad Nacional Federico Villarreal

Los nuevos descubrimientos de los Ciencias de los siglos XVI y XVII impactaron profundamente y produjeron una reflexión y reconsideración profunda, la ciencia conmovió a los hombres más cultos de la época allí donde se había buscado la sabiduría por siglos, en la biblia, Platón y Aristóteles parecían tambalear y se agitaban ante los vientos de los nuevos descubrimientos; debemos recordar que en el renacimiento el hombre busco la sabiduría retornando a los griegos, el humanismo había afectado toda la cultura y sin embargo las nuevas posiciones de Galileo, Kepler y Newton se consiguieron utilizando métodos muy diferentes a los que habían podido vislumbrar los griegos, todo esto no podía sino causar un profundo impacto y en hombres de elevado espíritu reflexivo como Descartes y Bacon produjeron discursos que trataban de explicar o vislumbrar los nuevos caminos que podrían llevarnos a la verdad. Tanto Descartes como Bacon se preocuparon por el método, es decir, establecer un conjunto de pasos ordenados que nos permita acceder de una manera rigurosa a la verdad científica. El triunfo que significo la física Newtoniana fue tan grande que se convirtió en modelo para investigaciones en otros campos y el S. XVIII se declaró heredera de Newton, tanto en matemáticas como en física y astronomía se siguió sus pasos y en las nuevas áreas como química, electricidad, etc. se busco emular su método esto pronto produciría nuevas reflexiones en las mentes profundas de los pensadores de la siguiente generación.
Kant, el gran filosofo de la ilustración, en un gesto genial transformo a la filosofía de su tiempo al desarrollar una crítica de la razón es decir al poner su acento ya no en como es el mundo sino en cómo y hasta donde podemos comprenderlo. Kant asumía que la humanidad había llegado ya a la época de la razón y pensaba que la física newtoniana representaba la verdad cuyo conocimiento trabajosamente el hombre había arrancado a la naturaleza; por ello su análisis del conocimiento, en cierta forma se restringe al conocimiento científico y no considera otras formas de conocimiento humano como son el conocimiento vulgar. Esto posteriormente abría de derivar en teoría de la ciencia.


Las ciencias del espíritu, tales como la historia, la sociología, etc. tuvieron también un gran desarrollo al cual también correspondió una mayor reflexión filosófica sobre sus fundamentos. La autoreflexión lógica de las ciencias del espíritu, que en el siglo XIX acompaña a su configuración y desarrollo está dominada enteramente por el modelo de las ciencias naturales. Hume había desarrollado un análisis de la inducción y su importancia en el desarrollo de la ciencia y J.S. Mill pensó en aplicarlo a las ciencias morales como él lo llamaba. El mismo Hume en Treatise, había establecido que en cuanto a las ciencias humanas se pueden descubrir ciertas regularidades a través de la inducción que permitan hacer predicciones independientemente de si hay o no causalidad entre los eventos estudiados. Esto ha dado ciertos resultados, por ejemplo en la sicología de masas, pero la experiencia del mundo sociohistórico no se eleva a ciencia por el procedimiento inductivo de las ciencias naturales, pues por mucho que opere en esto la experiencia general, el objetivo no es confirmar las experiencias generales para alcanzar el conocimiento de una ley del tipo de cómo se desarrollan los hombres, los pueblos, los estados, sino comprender como es tal hombre, tal pueblo, tal estado, que se ha hecho de él, o formulado muy generalmente, cómo ha podido ocurrir que sea así.

Por otro lado: Helmholtz distinguía dos tipos de inducción: inducción lógica e inducción artística instintiva. En su famoso discurso de 1862, no se trataba de que se distinguieran lógicamente sino sicológicamente, ambas aplicaban la inducción, pero la inducción artística instintiva, que serviría a las ciencias del espíritu seria en cierta forma una conclusión llevada a cabo de una forma inconsciente basada en el conjunto de casos de la experiencia social, el científico social extrapolaría que situaciones similares habríanse dado en las otras épocas, este es un proceso inductivo; puesto que de casos particulares se concluye para el nuevo caso que se está investigando, y es inconsciente en cuanto que la inducción se realiza sin saber que se hace, esto requería un cierto tacto, además otras capacidades intelectuales, como riqueza de memoria y reconocimiento de autoridades. El concepto de inducción le era familiar por la lógica de Mill.

Dilthey, a pesar de su profunda reflexión sobre el método histórico, también se dejo influir por el método natural científico y del empirismo de la lógica de Mill, aunque paradójicamente critica el método de Mill, para las ciencias del espíritu y al mismo tiempo no se libera del método de las ciencias naturales. Queda sin embargo por explicar en que consiste la inducción artística inductiva de la que hablaba Helmholtz, él había destacado  las capacidades de la  memoria, el tacto sicológico y la autoridad que aparecen para lograr las conclusiones en el caso de las ciencias del espíritu, pero ¿en que se basa este tacto?, ¿Cómo se llega a él? ¿Están los científicos de la ciencia del espíritu, a fin de cuentas, mas basadas en él que en el método? 

Helmholtz y su siglo siguen a Kant en cuanto que orientan el concepto de la ciencia y del conocimiento según el modelo de las ciencias naturales pero agregando la particularidad de la ciencia del espíritu, es decir, el sentido artístico, la inducción artística sin embargo este razonamiento es poco convincente. Ni responde a la intención de Kant fundamentar una investigación inductiva del mundo de la libertad humana en su distinción de naturaleza y libertad, ni ello es enteramente acorde con las ideas propias de la lógica de la inducción. En la práctica; sin embargo, las ciencias del espíritu no se sentían inferiores a las ciencias naturales, por el contrario se sentían verdaderos herederos y administradores del humanismo, ¿pero cuáles son los conceptos básicos del humanismo que fundamenta está orgullosa conciencia?

 CONCEPTOS BASICOS DEL HUMANISMO

A) FORMACION.- El hombre se caracteriza por la ruptura con lo inmediato y natural que le es propia en virtud del lado espiritual y racional de su esencia “por este lado él no es por naturaleza lo que debe ser”; por eso necesita de la formación. El hombre se caracteriza por su ruptura de lo natural e inmediato dada su espiritualidad y racionalidad, en efecto, lo que nos caracteriza no es que sigamos los instintos naturales sino que a pesar de tenerlos podemos tener posesión sobre ellos gracias a la razón. El hombre no es por naturaleza lo que debe ser (padre, amigo, ciudadano, etc.) sino que precisa para ello de formación. El que se abandona a la particularidad (a su instinto) es inculto, no ve lo general (la sociedad, comunidad, etc.) y no puede evaluar bien su situación. La formación permite acceder a la generalidad, su comunidad,  sociedad, cultura, etc.

El trabajo es deseo inhibido controlamos nuestro deseo para dedicar nuestra atención y esfuerzo al trabajo, gracias a esto la conciencia escapa a la inmediatez (al deseo, temor del momento) y por esto al auto ignorarse generaliza, puesto que ya no es él el foco de atención y esto permite que sea “el nosotros” el foco de atención, de esta forma el trabajo permite percatarnos de un poder que tenemos de nosotros mismo, el poder del auto dominio, se gana asi un sentido de sí mismo; por ello el trabajo forma. La conciencia que trabaja se eleva por encima de la inmediatez de su estar ahí a la generalidad; o como dice Hegel, formando a la cosa se forma a sí misma. También en la formación teórica, donde uno se separa de si mismo hacia lo abstracto, se da el mismo fenómeno. Toda formación precisa de conocimientos teóricos de reconocer en lo extraño lo propio y hacerlo familiar, es un retorno a si mismo desde lo otro. La elección de la profesión también tiene mucho de esto pues cada profesión es en cierto modo un destino…implica entregarse a tareas que uno no asumiría para sus fines privados. El tacto es una “percepción” de una situación para la cual no poseemos reglas generales y como toda percepción nos puede servir de guía en el medio, por ello falta de tacto es expresar lo que puede evitar, porque no se tiene la guía del tacto, decir algo con tacto es “dejar algo sin decir”, dar un rodeo. El tacto artístico que menciona Helmholtz implica entender que la memoria es formada, no se memoriza todo; sino que se selecciona, a su vez el olvido también es selectivo, de tal forma que gracias a ello es posible ver con ojos nuevos y el espíritu se renueva.


El tacto en el arte o en la historia precisa formación, en la historia para saber lo que pudo haber sido y lo que no, el tacto nos permite guiarnos  hacia lo otro pues nos permite percibir las situaciones del pasado. La formación nos permite una generalización, es decir nos da la posibilidad de abrirnos hacia lo otro pero no del concepto o la razón sino de la percepción. Lo característico de los conceptos es que tenemos pleno manejo de ellos en el sentido de que los podemos simbolizar, precisar y por ello comunicar con cierta seguridad; por otro lado lo característico de la percepción es su subjetividad, no percibimos todos igual, por ejemplo no todos tenemos la misma medida de visión, al hablar de una generalización no del concepto sino perceptiva lo que se quiere decir es que se tiene un fenómeno del espíritu que no manejamos a nuestro antojo pero que generaliza, por ejemplo entendemos cuando “debemos” dar un beso y cuando es mejor no darlo porque “percibimos” que es el momento, pero no podemos comunicar con exactitud a otro cuando será el momento, sino que este otro, tendrá que aprenderlo por su propia experiencia. La conciencia formada es como un sentido de la vista, que generaliza pues es en todas direcciones (a diferencia de la verdadera visión).

B). EL SENSUS COMMUNIS.-
Es el sentido de lo justo y del bien común que viven todos los hombres y se adquiere en comunidad (Vico). El gran filósofo italiano Vico, en su obra De nostri Temporis Studiorum ratione, explica que el hablar bien ha sido desde siempre una fórmula de dos caras, no es solamente un ideal retórico sino que significa también decir lo correcto, esto es lo verdadero, pero ¿en qué sentido es lo verdadero? Vico nos habla sobre el sentido común de lo verdadero y lo justo, que no es un saber por causas pero que permite hallar lo evidente, lo verosímil, de esta forma enfrenta lo verdadero (las verdades científicas) con lo verosímil como otra forma necesaria para la educación e implícita en los sensus communis. A la ciencia moderna no le discute sus ventajas sino que señala sus límites. El saber práctico, la phrónesis, es una forma de saber distinta. Es una manera de estar determinado el ser ético, que no es posible sin el conjunto de virtudes éticas, como a la inversa estas tampoco pueden ser sin aquellas, asi, la phrónesis es una virtud dianoética. Vico no tuvo gran influencia en el S. XVIII ni tampoco en Shaftesbury, con la única excepción del Pietismo en Oetinger, quien lo aplica en la hermeutica, Shaftesbury, se refiere a la virtud intelectual y social del sympaty, sobre la cual se basa tanto la moral como toda una metafísica estética. Hume desarrolla sus sugerencias para una teoría del moral sense que más tarde serviría a la ética kantiana.

El Sensus communis designa incluso ahora una cualidad general del ciudadano en los países de habla inglesa, pero en Alemania se perdió este sentido rápidamente, se despolitizo el termino debido a la influencia de la ilustración alemana, salvo la excepción de Shaftesbury, Y EL Pietista Suavo Oetinger que realiza una extensa y erudito análisis del concepto y concluyendo que el verdadero fundamento del sentido común es el concepto de vida. 

C)  LA CAPACIDAD DE JUICIO
Consiste subsumir algo particular bajo una generalidad, en reconocer algo de una regla, no posee un principio que pudiera presidir su aplicación. La capacidad de juicio no se puede enseñar pues para seguir dicho principio se necesita nuevamente de él, por ello solo se puede practicar, es más bien una actitud al modo de los sentidos. 

Es congruente con la filosofía ilustrada alemana el no incluir el juicio entre las capacidades superiores. Para Kant el sensus communis queda excluido, su teoría se piensa como opuesta a la inglesa del “sentimiento moral”, en La Critica del Juicio

, Kant define el gusto como: “un enjuiciamiento sensible de la perfección, esta no es en él una capacidad superior puesto que lo que el juicio juzga es lo particular, lo individual, su perfección o imperfección no mediante un concepto previo; sino mediante la convergencia de muchas cosas en una, por ejemplo al juzgar un rostro, no basta con que nos guste los ojos negros o la nariz perfilada sino que deben converger muchos elementos y coordinar entre ellos; pero como hemos visto el sensus communis no consiste en juzgar lo particular, sino que es sobre todo decidir sobre lo justo y lo injusto, este sentido último si lo retuvieron Vico y Shaftesbury. En Kant el sentimiento moral de la comunidad no interviene en el juicio moral, para él, el verdadero sentido común es el gusto.

D) EL GUSTO
El gusto es una forma de conocer, el buen gusto busca distanciarse de uno mismo y sus preferencias privadas, no es pues un fenómeno privativo sino social. El ideal que plantea Baltazar Gracián considera el gusto sensorial el cual ya poseería el germen para realizar el enjuiciamiento de las cosas. El gusto sensorial se encuentra a medio camino entre el instinto sensorial y la libertad espiritual, la cultura no se debe solo al ingenio sino al buen gusto. Por ello su ideal de hombre es el que tiene buen gusto y puede y tienen la libertad de la distancia, es el hombre culto. El busca un ideal de sociedad culta. El gusto es como un sentido, no dispone de un razonamiento previo y lo que juzga el gusto es sobre todo lo que repugna al gusto propiamente, su opuesto no es el mal gusto sino el no tener gusto; por ello el buen gusto es una sensibilidad que evita lo chocante, resulta incomprensible para el que carece de gusto. La moda regula las cosas que igual podrían ser de otro modo y crea una dependencia social
El buen gusto adapta la exigencia de la moda al propio buen gusto. Uno mantiene su estilo al referir la moda al punto de vista al propio gusto. El buen gusto no solo reconoce lo bello sino que lo ubica dentro de todo lo que debe ser bello, asi el gusto al no regirse por la moda muestra que conoce algo aunque solo se muestre esto en lo concreto del gusto de algo. El gusto abarca todo el ámbito de costumbres y convivencias. La capacidad de juicio precisa también de ejemplos individuales de discernimiento de corte estético, de modo que la distinción tajante entre uno y otro no es incondicional, el gusto contribuye a la capacidad de juicio pues se necesita para ello de tacto, para hallar la ley general. El gusto no es el fundamento de la ley moral; pero si su realización más acabada. La ética griega de Platón y Aristóteles es una ética del buen gusto.


Kant limpió a la ética de todos sus momentos estéticos y vinculados al sentimiento, por ello cuando pensamos el concepto de gusto no solemos reconocer su elemento normativo, esto representa una ruptura con la tradición que restringe el concepto de gusto al ámbito en el que se puede afirmar a una validez autónoma e independiente y restringe a la inversa el concepto de reconocimiento al uso teórico y practico de la razón. Desacreditando cualquier otro conocimiento teórico que no sea el de la ciencia natural, obligo a la auto reflexión de la ciencia del espíritu a apoyase en la teoría del método de las ciencias naturales. Para mostrar la insuficiencia de esta interpretación de las ciencias del espíritu será necesario analizar los problemas de la estética.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Padre Miguel d'Escoto, enemigo de Estados Unidos, recupera el ministerio sacerdotal/ "Estados Unidos es la Bestia del Apocalipsis"





Padre Miguel d'Escoto califica a Estados Unidos de ser la Bestia del Apocalipsis




Miguel D'Escoto Brockmann. Veterano estadista, político, dirigente comunitario y sacerdote. Fue por diez años canciller de Nicaragua después del triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Desde entonces ha sido un crítico del sistema de dominación imperialista y ha abogado por el multilateralismo. Por sus méritos fue elegido para presidir el 63er Período de Sesiones de las Naciones Unidas.
El Padre D'Escoto ha viajado mucho y ha visitado la mayor parte de las capitales del mundo, así como muchas de las regiones remotas y menos accesibles de la Tierra, y ha dedicado gran parte de su vida a ayudar a los más necesitados.
El día 19 de diciembre calificó en Telesur a Estados Unidos como la "Bestia del Apocalipsis" y llamó a la unidad del mundo contra el Anticristo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Oeuvres complètes / Louis Gabriel Ambroise, Vicomte de Bonald







Obras completas del Vizconde Louis Ambroise de Bonald 
Disponibes en pdf (edición de 1838) desde 2014 en Gallica





Titre : Oeuvres complètes / Louis Gabriel Ambroise, vicomte de Bonald ; 8-9. Recherches philosophiques. 8, 1 / Louis Gabriel Ambroise, vicomte de Bonald
Auteur : Bonald, Louis de (1754-1840)
Éditeur : Slatkine (Genève)
Date d'édition : 1838
Type : monographie imprimée
Langue : Français
Format : 2 t. en 1 vol. (421-439 p.) ; 22 cm.

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