jueves, 31 de diciembre de 2009

Presentación de "Progreso y Bienestar", de Hugo Salinas

La Coalición recomienda a sus lectores:

La ceremonia es el 9 de enero de 2010.

Leer el afiche:

lunes, 21 de diciembre de 2009

Intelectuales, monarquía y democracia



Monarquía y democracia (I)

Nureddin David Cueva García


Bismillahi Rahmani Rahim – En el Nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo.


Tras la publicación del post ‘El mito maligno de la democracia’, o por qué una Democracia nos condena al gobierno de los menos deseables, proseguimos el análisis ‘heterodoxo’ de los males intrínsecos a la Democracia.
Proseguimos, como en aquella ocasión, con nuestra selección enteramente autónoma de aquellas ideas del autor citado, que a su vez el autor de estas líneas introductorias juzga como dignas de algún valor de reflexión serio. La responsabilidad ‘política’, digamos así, de la elaboración del texto integrado que se ofrece, por tanto, es enteramente propia. Al igual que la responsabilidad por aquello que del autor original se deja de citar de modo exprofeso. El anarquismo libertarista de nuestro autor de turno, en efecto, muestra que hay algunas vallas, realmente difíciles de sobrepasar sin un Furqan (Discernimiento) Impecable (*), en el reinado del anti-Logos instaurado por doquier hoy en día.
En medio de una escasez tan terrible de pensamiento no-conforme y auténticamente valioso, y anegados por ‘alternativas’ de crítica o de solución en el horizonte del pensamiento político que, por diversas que fueren, parten por igual del dogma sagrado de la Democracia, esperamos que el lector se anime a ponderar con cuidado ambos textos y, de una vez, se pierda en las aulas el miedo a condenar la democracia, como forma política, in toto.




¿Pensamiento reaccionario? ¿Y qué si acaso? Lo dañino es dañino y sería culpable de deshonestidad intelectual quien, percibiendo el mal, independientemente de los tiempos políticos y del establishment universitario, no diga: “¡El Emperador está desnudo!”

Esta vez, citamos nuevamente de aquella manera no académica, del economista Hans Hermann Hope, autor de ‘Democracy — the god that failed: the economics and politics of monarchy’ (2001), palabras recogidas de su texto “Élites Naturales, los Intelectuales y el Estado”. Los énfasis y resaltados son de propia hechura.


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(*) El Discernimiento, tópico meta-político que debería ser un tópico por excelencia, es, a su vez, uno de los nombres que en la tradición islámica recibe el Sagrado Corán.
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El texto ofrecido:
… Bertrand de Jouvenel. Según su punto de vista, los Estados son la consecuencia del desarrollo de élites naturales: el resultado de transacciones voluntarias entre dueños de la Propiedad Privada es no-igualitario, jerárquico, y elitista.
En cada sociedad, unos pocos individuos adquieren la posición de una élite por su talento. Debido a logros superiores de riqueza, de sabiduría, y de valentía, estos individuos vienen a poseer una autoridad natural, y sus opiniones y juicios gozan del respeto general. Además, a causa del apareamiento selectivo, el casamiento, y las leyes de herencias civil y de la genética, es probable que las posiciones de autoridad natural fueran traspasadas dentro de unas pocas familias nobles. Es hacia estas cabezas de familia con antecedentes de logros superiores largamente establecidos, de visión de futuro, y de conducta personal ejemplar, a quienes las gentes llegaban con sus conflictos y quejas del uno contra el otro …
Una vez que el origen del Estado es visto como el crecimiento de un ordenamiento anterior, jerárquicamente estructurado, de élites naturales, se aclara por qué la humanidad, en la medida en que fue susceptible en absoluto de gobierno (1) ha estado bajo la férula monárquica (más bien que democrática) durante la mayor parte de su historia. Por supuesto, hay excepciones … Pero éstos [casos] fueron ocurrencias raras, y ninguno de ellos se pareció ni remotamente al sistema democrático moderno de un voto por persona.
Además [esos casos de excepción] también fueron sumamente elitistas. En Atenas, por ejemplo, no más del 5 por ciento de la población votaba y tenía derecho a posiciones de gobierno. No fue hasta después de fin de la primera Guerra Mundial que la humanidad dejó verdaderamente la era monárquica.


El ascenso de la democracia



Como la teoría económica elemental podría predecir, con la transición del gobierno monárquico al democrático, una persona por un voto, y la substitución del rey por el pueblo, las cosas se hicieron peores. El precio de la justicia se elevó astronómicamente mientras la calidad de la ley se deterioraba cada vez más. Ya que la transición se redujo a la conversión de un sistema de gobierno de la Propiedad Privada – un monopolio privado -, a un sistema de gobierno de propiedad pública – un monopolio de propiedad pública -.

“Una tragedia de la gente común” fue creada. Todos tuvieron derecho ahora, no sólo el rey, de tratar de echar mano a la propiedad privada de los demás. Las consecuencias fueron más explotación por parte del gobierno (impuestos); el deterioro de la ley hasta el punto de que la idea de un conjunto de principios universales e inmutables de justicia desapareció (2) y fue sustituida por la idea de ley como legislación (ley hecha a la medida, más bien que encontrada o ley eternamente “dada”); y un aumento de la tasa social de preferencia del tiempo (aumento en la orientación hacia el presente).
Un rey que poseía el territorio y podría transmitirlo a su hijo, trataba de conversar su valor.
Un gobernante democrático es una autoridad temporal y trata de maximizar los ingresos corrientes del gobierno a costa de su capital, y como consecuencia malgasta.
Éstos son algunos resultados: durante la época de las monarquías, antes de la Primera guerra mundial, el gasto del gobierno como porcentaje del PNB era raramente superior al 5 por ciento. Antes de la Primera guerra mundial, el empleo en el gobierno era menor al 3 por ciento del empleo total. Desde entonces ha aumentado a entre un 15 y 20 por ciento. La época de la monarquía se caracterizaba por el dinero-materia prima (oro) y cuyo poder adquisitivo aumentaba gradualmente. En contraste, la época democrática es la época de papel moneda cuyo poder adquisitivo disminuye permanentemente.
Los reyes se endeudaban cada vez más profundamente, pero al menos durante los tiempos de paz característicamente reducían su carga de deudas. Durante la época democrática la deuda pública ha aumentado, en guerra o en paz, a alturas increíbles. Las verdaderas tasas de interés durante la edad monárquica habían caído gradualmente a cerca del 2.5 por cciento. Desde entonces, las verdaderas tasas de interés (tasas nominales ajustadas contra la inflación) se han elevado a cerca del 5 por ciento, iguales a las tasas del siglo quince.
Legislación prácticamente no existió hasta finales del siglo diecinueve. Hoy pasan, en un solo año, decenas de millares de leyes y regulaciones. Las tasas de ahorro disminuyen en vez de aumentar con los ingresos crecientes, y los indicadores de desintegración de la familia, y de criminalidad, aumentan constantemente.

El destino de las élites naturales
Mientras al Estado le ha ido mucho mejor con el gobierno democrático, y mientras al “pueblo” le ha ido mucho peor desde que empezaron a gobernarse a sí mismos, ¿qué ha pasado con las élites naturales y con los intelectuales? En cuanto a las primeras, la democratización ha tenido éxito donde comenzaron modestamente los reyes: la destrucción final de la élite natural y de la nobleza. Las fortunas de las grandes familias se han ido disipando por impuestos confiscatorios, en vida y al momento de la muerte. La tradición de estas familias de independencia económica, visión de futuro intelectual, y mando moral y espiritual se ha perdido y olvidado.
Ricos existen hoy pero, con más frecuencia que no, deben sus fortunas directamente o indirectamente al Estado. De ahí que a menudo son más dependientes de los favores continuados del Estado que muchas personas de riqueza bastante menor. No son ya las típicas cabezas principales de familia establecidas durante mucho tiempo, sino que son “les nouveaux riches”. Su conducta no se caracteriza por la virtud, la sabiduría, la dignidad, o el buen gusto, sino que es un reflejo de la orientación actual de la misma masiva cultura proletaria, del oportunismo, y de hedonismo que los ricos y famosos comparten ahora con todos los demás. Por consiguiente -y gracias a Dios- sus opiniones no tienen más peso en la opinión pública que el de la mayoría de la gente.

martes, 15 de diciembre de 2009

Primer encuentro de Investigación y Prospectiva Tecnológica de la Universidad Nacional Tecnológica del Cono Sur de Lima (UNTECS)



La Coalición informa a sus lectores:

Que el Instituto de Investigación y Prospectiva Tecnológica de la Universidad Nacional Tecnológica del Cono Sur de Lima (UNTECS), realizará el próximo 17 de diciembre el “Primer Encuentro de Investigadores que publican en revistas indexadas”.



Encuentro de investigadores que publican en revistas indexadas
Areas: Formación y Especialización

Fecha: el 17/12/2009
Lugar: Campus de la Universidad (Cruce de la Av.Central y Bolívar en Villa El Salvador)


Participarán como expositores los investigadores los filósofos Rubén Quiroz, Alan Pisconte, Víctor Samuel Rivera, entre otros.

Los interesados pueden informarse e inscribirse gratuitamente ingresando a la página web de la UNTECS, www.untecs.edu.pe ó llamando a los teléfonos 7195693 y 7196694 anexo 113

Para más informen en linea haga click aquí.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Apuntes sobre el Parménides platónico



Dirigir el alma hacia la verdad
Apuntes sobre el Parménides platónico



Ricardo Milla
Pontificia Universidad Católica del Perú


Principium. Durante el desarrollo de la época moderna se privilegió la argumentación discursiva como forma más elevada para el conocimiento. La lógica y la matemática eran las mejores (¿únicas?) herramientas para representarse el mundo y sus leyes. La razón discursiva tomó el puesto central en el podio del conocimiento y éste se hizo discurso. El método, inaugurado por Descartes, era el aval por el cual se gozaba de un camino seguro, por medio de reglas que nos dirigen, hacia la verdad total de la realidad objetiva. Es conocida la crítica de los románticos al racionalismo de los modernos. Los románticos trataron de colocar los sentimientos como lo contrario y alternativo a la razón moderna. Empero su crítica no fue más allá de ser una crítica, sin poder salir de la modernidad de la cual ellos también, quizá para su desgracia, eran hijos. No es de extrañar, pues, que en nuestro mundo actual se privilegie a las ciencias y su método relegando, consciente o inconscientemente, otras formas de conocimiento. Es cierto que hemos pasado la página del cientificismo y muchos lo dan por superado. Pero, más allá de ello, mi intención en el siguiente ensayo es proponer una solución alternativa a la perentoria verdad de la ciencia moderna y la absolutización del modo discursivo de la razón, es decir, que el conocimiento no es sólo lo que la razón discursiva puede captar sino que existe un halo para obtener conocimiento de lo real que es más amplio. Para tal propósito me valdré tanto de las palabras dichas por el Parménides platónico cuando se refiere a la dialéctica y su ejercicio, que permite que la verdad no se nos escape (Cf. Parménides 130d), como de algunas reflexiones sobre la filosofías del último Wittgenstein y de Heidegger.

Entre Elea y Jonia. Clazómenas y Mileto fueron las patrias de grandes filósofos como Anaxágoras y Tales. Elea, en la Magna Grecia, albergó a Heráclito y Pitágoras. Dos grandes escuelas. Dos posturas enfrentadas. El diálogo Parménides de Platón comienza con la llegada a Atenas de Céfalo, proveniente de Clazómenas, para oír de boca de Antifonte, hijo de Pirilampo, quien sabía de memoria, gracias a su trato frecuente con Pitodoro, la conversación que hubo acaecido cuando en ocasión de las Grandes Panateneas se reunieron Sócrates, Zenón y Parménides. Hombres de la Jonia quieren oír la conversación sostenida entre dos filósofos de Elea y un joven que vive en Atenas. Se retrata en las primeras páginas del Parménides un viaje que realizan tanto los jonios como los eléatas a Atenas. Unos para escuchar, los otros para dialogar. Céfalo conducido por Adimanto y Glaucón donde Antifonte se dispone a escuchar el diálogo entre Parménides, Zenón y Sócrates.

Antifonte empieza su narración con una descripción de cada uno de los tres filósofos y de las circunstancias de su encuentro. Parménides y Zenón se alojaron en casa de Pitodoro ubicada en los Cerámicos, barrio muy elegante al norte de la ciudad y fuera de la muralla. En ese sitio es que acude Sócrates con otros para oír a Zenón y ver a Parménides. Como es característico de los “diálogos platónicos”, cada detalle lleva consigo un simbolismo, el cual no tiene siempre una interpretación única. En este caso, el detalle del lugar donde se llevará a cabo el diálogo, ese lugar elegante y fuera de la ciudad, da muestras del “lugar” donde se desarrolla el pensar filosófico. La filosofía se hace en medio de la belleza y fuera del bullicio citadino. No se realiza con el vulgo sino “entre nosotros” los filósofos (137a).

En esas circunstancias, Sócrates escucha a Zenón y replica. Zenón propone que si se acepta la existencia de múltiples entes, entonces todas las cosas deben ser semejantes y desemejantes a la vez (129d). Se levanta una paradoja. Sócrates responde: Hay una distinción entres las Ideas consideradas en sí y las cosas en tanto que participan de las Ideas. El joven Sócrates cree haber respondido a la paradoja propuesta por Zenón. El joven Sócrates ha desligado las Ideas de las cosas. Parménides, admirado de la vehemencia que pone en los argumentos el joven filósofo, le hace ver, por medio de unas objeciones, la terrible consecuencia que se sigue al no haber relación alguna entre el ámbito de las Ideas y el ámbito de las cosas: “Las Ideas no existen o bien que, caso de existir, son necesariamente incognoscibles por la naturaleza humana” (135a). Así las cosas, el joven Sócrates es desarmado por un verdadero filósofo: el anciano Parménides .

Luego de las objeciones de Parménides al joven Sócrates, aquel le enseñará un ejercicio y un método para dirigir su alma hacia la verdad (Cf. 137e). Parménides le daría una enseñanza que marcaría al joven Sócrates.

El ejercicio dialéctico. Proceso y método. Parménides sabe bien que el joven Sócrates aún no ha sido “poseído por la filosofía” porque actúa “demasiado pronto” y trata sobre las Ideas sin “haber[se] ejercitado antes” en la dialéctica (Cf. 130e, 135d). El joven está tan envuelto por el ímpetu del conocimiento que ardientemente se impulsa a los razonamientos. Pero esto no es suficiente. Debe haber un ejercicio del alma. Para ello hay que tener en cuenta que la investigación apunta hacia todas aquellas cosas que “sólo pueden captarse por la razón (lógoς) y que podemos llamar Ideas (i)de¿a)” (130e). Mas no alcanza aún con esto, se debe tener en cuenta algo más. No es suficiente “suponer que algo es y examinar las consecuencias que se siguen de esa hipótesis, sino que también hay que suponer que eso mismo no es, si quieres ejercitarte realmente”, dijo Parménides al joven Sócrates (136a). La invitación a Sócrates es a replantear su acercamiento y trato de las Ideas. Las Ideas no serían sólo tratadas en y por sí, como unidades aisladas unas con otras sin ningún tipo de conexión o relación, sino en tanto una con otra se relacionan y se definen mutuamente. El ejercicio dialéctico es arduo y largo.

Habíamos visto que Antifonte comenzaba la narración del diálogo haciendo una breve descripción de los tres filósofos reunidos en Atenas. En dicha descripción se retrataría, a mi modo de ver, tres fases del ejercicio dialéctico en el hombre: Sócrates aún muy joven pero “digno de admiración”; Zenón de cuarenta años, un hombre maduro, de cuerpo bello y “agradable figura”; y Parménides, anciano y con los cabellos blancos como signo de sabiduría, “con aspecto noble y hermoso” (127b-c). El joven representaría a aquel que aún no ha sido “poseído por la filosofía” pero que lo “poseerá algún día” (130e), esto es, aquel que estaría en un primer estadio del proceso dialéctico y que recién se ha iniciado en el ejercicio de la dialéctica, “en esos ejercicios que parecen no servir para nada y que la gente llama palabrería sutil” (135d) pero que en realidad permiten alcanzar la verdad (Cf. Ibíd.). El hombre maduro es aquel que siendo ya un hombre logrado, en cuerpo y mente, aún no es capaz de hacer filosofía por su propia cuenta, sino que logra con gran maestría exponer el pensamiento filosófico. Por último, está el anciano. Sabemos que desde tiempos inmemoriales los ancianos han sido considerados como símbolos de conocimiento de la comunidad y la tradición, son los portadores de los saberes; saberes que en algunos casos se remontan a una época divina. Aquí, el anciano es el sabio que no ha menospreciado “ninguna de estas cosas” (130e), es decir, que ha tomado todo lo existente en consideración, porque ya ha sido poseído por la filosofía (Cf. Ibíd.) y ha realizado una tarea de toda la vida.

Basta con recordar el tiempo que tomaba a los estudiantes de la Academia para ser filósofos. La Academia era un gimnasio para el alma. La mente es como un músculo: se entrena, se cuida, se perfecciona y puede alcanzar gran belleza. El ejercicio propio de esta “gimnasia” neumática y lógica es el ejercicio dialéctico, que es arduo y largo. Por lo mismo, el joven Sócrates al escuchar cómo sería el tratamiento de un solo tema, a saber: “si el ser es múltiple”, exclama: “Es una tarea interminable, Parménides, y no sé si la entiendo bien” (136c). Pero… ¿cuál es esa “tarea interminable”?

"En una palabra, sobre cuanto se suponga que es o que no es, o que está afectado por cualquier otra determinación, habrá que examinar las consecuencias que se siguen con respecto a sí mismo y con respecto a cada una de las otras cosas que haya elegido, luego con respecto a muchas y finalmente a todas; y también a los otros respecto a sí mismos y con respecto a otro que ocasionalmente hayas elegido, tanto en el caso de que, puestos a suponer, se suponga que es, como que no es, si realmente tienes intención de ejercitarte a fondo para llegar a conocer lo verdadero" (136c).

¡He ahí el proceso dialéctico! No se puede realizar en medio de las distracciones mundanas pero toma en consideración incluso las cosas más “indignas y despreciables”.

Ahora bien. Sócrates pide a Parménides que ponga en marcha con un ejemplo el proceso dialéctico. Le requiere que trate de una hipótesis. Ésta sería examinada según este modelo a seguir. Parménides trata de negarse porque es “un pesado trabajo” y “no es de poca monta” (135d). A pesar de ello, con la insistencia de Zenón, Parménides acepta. Así, por dicho pedido es que se desarrolla todo el diálogo del Parménides, en el que se exponen todas las posibilidades y afecciones y estados respecto de lo Uno, y que al final de todo el proceso se llega a una conclusión. Hagamos un alto aquí. Si es una tarea que no es de poca monta, si toma toda una vida alcanzar la verdad, lograr el conocimiento del Bien, el Ser, la Belleza y demás Ideas grandiosas, si se requiere tanto esfuerzo en el ejercicio del alma… ¿cómo es posible que en una conversación se llegue a la conclusión y conocimiento de lo Uno? Podríamos pensar que al fin y al cabo esa “tarea interminable” no lo es tanto así. Que el proceso dialéctico de todas formas es algo que no toma toda la vida sino sólo la lectura de unos cuantos libros. Quizá Descartes no estaba tan equivocado al plantear la clarividencia y perfección de su método y de sus Regulae ad directionem ingenii. Cabría pensar que Kant y los ilustrados eran perfectos platónicos pues creían en esa razón iluminadora que se haya en las letras, en el discurso oral y escrito, en la gran Enciclopedia. Si el método dialéctico tiene pasos a seguir y al final de un diálogo podemos llegar a una verdad segura, entonces las semillas de nuestra modernidad estaban ya en la filosofía de Platón. Pensar que esto es así no es una demencia. Varios autores han acusado de universalismo a Platón y su escuela, de dividir en dos el mundo, de inventar un mundo ideal que sería mejor que este sensible, y de llevarnos inexorablemente a la rigidez de la ciencia y la lógica arrancándonos de nuestro suelo que es la tierra y la naturaleza .

En efecto. Platón ha sido interpretado de esta manera y tomado a la ligera muchas veces. Quizá no se tiene en cuenta lo que la filosofía platónica nos ofrece. Quizá no se ha leído bien a Platón, pues quien lo hubiera hecho se daría cuenta que la verdad ni está en el método como algo de lo cual dispongo ni en la razón discursiva que se traduce en el lenguaje oral y escrito. Hagamos un repaso del modelo subyacente de nuestro tiempo y lo que éste nos ha dado.



To be continued...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Posmodernidad a la Foucault

jueves, 3 de diciembre de 2009

Entrevista a Vittorio Messori

Entrevista a Vittorio Messori

Nicolás de Cárdenas

En su último libro publicado en España, el apologeta de la razón Vittorio Messori, es el cazador cazado. Quien entrevistara a los dos últimos Papas para sendos libros, es ahora interrogado por el vaticanista Andrea Tornielli en un volumen titulado "Por qué creo" (LibrosLibres).
Messori (Sassuolo, 1941) periodista y escritor italiano, es considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo. Sus obras más influyentes han sido "Hipótesis sobre Jesús" (1977) e "Informe sobre la fe" (1987) (entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger). Fue el primer periodista en publicar un libro entrevista con Juan Pablo II, que se publicó en un libro titulado "Cruzando el umbral de la esperanza" (1994).
--Al comienzo del libro, se le ve muy reticente a abrir su alma en canal, aunque ya está aceptado el reto de enfrentarse a las preguntas de Tornielli. ¿Ha sido tan duro como parece para usted enfrentarse a la sistematización de su vivencia de conversión?

--Vittorio Messori: He esperado muchos años antes de responder. Primero porque he escrito 23 libros, todos de investigación religiosa, pero siempre había rechazado contar mi conversión. Mis lectores saben que en mi vida hay un antes y un después. Saben que no he nacido católico y que he tenido una educación muy anticlerical y muy antirreligiosa. Y saben que ahora soy un católico "papista", ortodoxo, y tienen mucha curiosidad por saber cómo pasó. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en su vida? Cómo de anticlerical he pasado a ser un católico riguroso en el pensamiento, no tanto en la vida. Porque yo no me presento como un beato. Soy como todos, un pecador que hace muchas cosas incoherentes.

He sido muy celoso de mi vida íntima, no me he animado a contarla. Pero en efecto, la conversión es un misterio y es muy difícil contar un misterio. Mi trabajo está en las palabras, soy periodista y escritor, trabajo con ellas. Pero me resultaba muy difícil encontrar las necesarias para contar este misterio.
Finalmente me decidí a responder no sólo a la petición de los lectores, sino a la de este periodista, este colega, Andrea Tornielli, que para mí es el mejor vaticanista italiano, además de un gran periodista y escritor. Ahora me he decidido por primera vez a contarlo porque mi vida está dividida en dos, al pasar de la increencia a la fe.

--La edición española del libro "Por qué creo" (Libros Libres) tiene más de 350 páginas y, pese al impresionante recorrido por la experiencia, sigue quedando una duda. ¿Se puede abarcar la experiencia mística de una persona en letra impresa? ¿Es posible verbalizar todo el cambio intelectual y moral que experimenta un converso?

--Vittorio Messori: Este es uno de los motivos por los que siempre había dicho que no. Repito que el misterio es difícil de contar. No soy un místico, no soy un visionario. Siempre he sido una persona muy pragmática, muy concreta, muy racional. Pero, no sé por qué, hubo un periodo en mi vida, de unos dos meses en un verano, donde encontré una nueva dimensión en la que la verdad, que pensaba que no existía en mayúsculas, se me hizo evidente. Está en el Evangelio.
Yo era un buen estudiante, me encantaba estudiar y me preparaba no sólo para ser periodista, sino también profesor universitario y había leído muchísimos libros, pero ese pequeño libro que es el Evangelio no lo había leído. No sospechaba que en él estuviera la Verdad.
Ahora he continuado usando la razón como antes, pero abierto al misterio. Mis maestros me enseñaron a usar la razón pura, pero he descubierto que usándola, al final de la razón siempre se llega al misterio. En todos mis libros he buscado razonar. No he trabajado la predicación, la espiritualidad, la homilía. Trato de ayudar al lector a razonar sobre la fe y al final, apostar por la veracidad de la fe.

--Aunque su conversión parece ligada también a un "hecho extraordinario", usted no lo alega como argumento, buscando razones objetivas y fundamentos históricos objetivos para la credibilidad de la Iglesia. ¿Qué opina de la apologética basada no tanto en la racionalidad de la fe como en las experiencias y vivencias individuales?

--Vittorio Messori: No hay contradicción entre las dos. La verdad de la fe se comprende razonando y viviendo. Hace cuarenta años de mi "fractura" y en este tiempo he razonado y estudiado mucho, pero sobre todo he vivido y he encontrado que el fruto de mi razonamiento encontraba sentido en la vida completa. El Evangelio cuenta que los discípulos preguntaron a Jesús quién era. Él no les da sermones, no les ofrece razonamientos, les decía: "Ven y sígueme". Ven conmigo, vive conmigo y verás que soy el Mesías. El cristianismo no es una filosofía, no es una ideología. Es un encuentro de dos personas.

--En el libro se desprende cierto pesar por el abandono de sus antiguos maestros, los que le introdujeron en el camino del agnosticismo. ¿Se sintió traicionado por quienes defendían la razón como única base posible, cuando esa misma racionalidad es el eje de su llegada a la fe?
--Vittorio Messori: Para mí la fe fue una sorpresa. No la buscaba, estaba bien. No tenía ninguna preocupación religiosa. Me bastaba la cultura laicista y racionalista de mis maestros. No deseaba ser católico. La fe no me ha resuelto los problemas de la vida. Al revés, me la complicó. Porque yo venía de una familia no creyente. Estudié en una escuela más que laica, laicista. Me preparé para ser periodista, siempre tuve una gran vocación. Pero periodista de asuntos políticos, sociales y económicos. En mi último año de universidad tenía la vida programada y tuve que cambiar por completo el programa. A mis padres les pareció que me había vuelto loco y mis profesores se mostraron atribulados y decepcionados. Pensaban que "lo mío" tendría que ver con una depresión nerviosa. ¡Cómo un discípulo de nuestro laicismo se puede hacer católico! Fue muy duro, porque uno puede pensar que la fe resuelve todos los problemas.
Por supuesto que estoy muy contento y feliz de tener problemas, pero efectivamente fue una ruptura grande. En todo caso, he tenido la fortuna de trabajar para grandes periódicos como La Stampa, el diario de la FIAT y también con Il Corriere de la Sera. Pero siempre hablando de asuntos religiosos, que es lo contrario que yo pensaba en un principio. Al final encontré mi sitio, pero fue duro cambiar por completo mis planes.

--Vayamos pues con una cuestión de actualidad. ¿Cómo valora que el Tribunal de Derechos humanos de Estrasburgo acabe de sentenciar que las escuelas italianas deben eliminar los crucifijos de las paredes de sus aulas porque su presencia puede perturbar a los niños que no son cristianos?

--Vittorio Messori: El concordato entre el Estado Italiano y la Iglesia dice que en las escuelas y tribunales debe estar presente la cruz y está en perfecta sintonía con la Constitución italiana. La decisión me entristece pero no me escandaliza.

Me entristece porque estos funcionarios [los jueces] no se han enterado de nada porque la cruz desde hace mucho tiempo es más que un símbolo religioso, es un símbolo humano, de la injusticia, del sufrimiento y de la esperanza. La posición laicista sobre el cruicifijo es absurda, porque la negación de las raíces cristianas de Europa no es un pecado contra la religión sino contra la historia. Sin san Benito o los papas del medievo no existiría Europa. Es un pecado contra la historia. No me escandaliza, porque creo que la cristiandad de masas está terminada. Jesús dice que sus discípulos serán siempre un pequeño grupo. No soy un nostálgico de la cristiandad de masas, de la España de la Inquisición, de que el 90 por ciento de la gente vaya el domingo a misa. Creo que, como dice Benedicto XVI, los cristianos debemos descubrir nuestra propia vocación.

--Multitud de sus respuestas concluyen haciendo una defensa del "et-et" (esto y aquello), frente al "aut-aut" (o esto o aquello), como característica esencial del catolicismo: es la idea de que "todo cabe" en la Iglesia, como explicación de su insondable riqueza. Pero ¿dónde está el límite entre lo que cabe dentro de la Iglesia en alguna interpretación, y lo que no cabe por ser contrario a ella?

--Vittorio Messori: El principio fundamental del catolicismo, por decirlo en latín, es el "et-et", frente al principio de la herejía "aut-aut". Pensemos en el protestantismo, que es un "aut-aut": O la Biblia, o la tradición. O Jesucristo o la Virgen y los santos. O la gracia o el libre arbitrio. O Cristo o el Papa. La herejía del protestantismo elige o esto o aquello. Mientras que el lema del católico es "lo quiero todo": el Papa y la Biblia; Jesús y la Madre; la gracia divina y la libertad del hombre: el Evangelio y la Iglesia. Ahora, creo que el católico debe descubrir esta síntesis de acoger todo lo que es bueno. Esto es muy importante porque hoy hay mucho catolicismo abonado al "aut-aut". El título de mi próximo libro será "Queremos todo".

--Es usted un defensor de la racionalidad de la Fe, de la existencia de motivos sólidos y casi científicos para la credibilidad de la Iglesia, y al mismo tiempo un defensor de los milagros, un propagandista de las apariciones de la Virgen... Esto un católico lo entiende bien, pero ¿cómo se lo explica a un ateo?

--Vittorio Messori: No existe contradicción entre la fe y la razón. No hay una batalla. La fe es el punto de llegada de la razón usada hasta el final. Estoy muy agradecido de lo que me enseñaron mis maestros universitarios, aunque luego renegaron de mí. Yo no he renegado de ellos, porque me habituaron a usar la razón y ser creyente no significa renunciar a la razón, sino usarla al máximo. A estos maestros, a los que estimo, les achaco el haber convertido la razón en una ideología, el racionalismo, donde no hay nada más allá de la razón. Han de comprender que hay cosas más allá de la razón, que no están contra ella. Y les anima usarla hasta el final.
Yo he escrito mucho sobre las apariciones de Lourdes y ahora estoy terminando otro volumen sobre el asunto. Pero no es un libro de explicaciones sobrenaturales, sino que indago sobre el plano histórico las apariciones. Al final, me debo rendir ante el hecho de que la historia investigada a fondo lleva al misterio.

La mitad de mis lectores en Italia son creyentes, y la otra mitad no. La mayoría de estos últimos no están de acuerdo con mis conclusiones, pero siguen con agrado el razonamiento. Lo que trato de demostrar es que el cristiano no es un cretino, no es alguien que renuncia a usar la razón. El cristiano es quien usando la razón, rompe los muros del racionalismo para llegar a una realidad cierta que es más grande que nuestra propia razón.

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